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416 pages, Paperback
First published January 1, 2013
Me apetecía ponerme con la integral de Sherlock Holmes (=1/2· (Sherlock Holmes)^2+C). He leído unos cuantos relatos y una de las novelas (el sabueso de los Baskerville), pero el otro día vi esta edición de todas las novelas a un precio estupendo y me compré los dos tomos. Y ya tengo los 56 relatos en un solo tomo, 1000 páginas de nada, que pienso disfrutar como un enano. ¡Viva el verano!
En la primera novela (estudio en escarlata) conocemos al doctor Watson, alter ego del propio autor. Watson es médico (Como Conan Doyle) y tras un mal tiro que le atravesó la pierna en Afganistán retorna a Inglaterra con una magra pensión. No tiene dinero para una casa, así que le pregunta a un amigo si conoce a alguien que quiera compartir piso. Y el amigo, Stamford, le habla de un tal Sherlock Holmes, un tipo un poco peculiar que vive en el 221B de Baker street. Conocemos así al ínclito detective, su drogadicción, su íntimo interés por resolver los casos más difíciles, su vanidad “al descuido”, como si decir que él es el mejor del mundo fuera tan obvio como decir que el cielo es azul. Las primeras frases de Sherlock ya nos dan una idea del personaje:
[...]–¡Ya lo tengo, ya lo tengo! –gritó a mi acompañante mientras corría hacia nosotros con un tubo de ensayo en la mano–. He hallado un reactivo que precipita con la hemoglobina y solamente con ella.
El descubrimiento de una mina de oro no habría encendido placer más intenso en ese rostro.
–Doctor Watson, el señor Sherlock Holmes– anunció Stamford a modo de presentación.
–Encantado– dijo cordialmente mientras me estrechaba la mano con una fuerza que su aspecto casi desmentía–. Por lo que veo ha estado usted en tierras afganas.
–¿Cómo demonios ha podido adivinarlo?– pregunté lleno de asombro. [...]
El personaje de Sherlock está inspirado en en un profesor que tuvo Doyle, Joseph Bell. Tras unas pocas frases con un paciente, anunció a sus estudiantes que muy probablemente el paciente era un sargento de la Marina recientemente retirado que había estado destinado con su regimiento de Highlanders (escoceses) en Barbados. Cuando todos se quedaron con la boca abierta, Doyle el primero, Bell se explicó: El acento del paciente era claramente escocés. Era un hombre respetuoso, pero no se había quitado el sombrero, tal y somo se hace en la Armada. Por tanto, no podía llevar mucho tiempo retirado cuando aún no se había hecho a las costumbres civiles. Su enfermedad era elefantiasis, muy propia de las Indias Orientales, de las cuales Barbados era el centro inglés. Joseph Bell se sintió muy orgulloso de ser la fuente de inspiración de Sherlock Holmes, e incluso prologó uno de los libros.
Las novelas de Sherlock son un clásico. En las dos de este volumen (Estudio en escarlata y El valle del terror) se introduce una mini-novela del oeste en cada una, curiosamente. En la segunda novela (la cuarta cronológicamente) aparece la figura malévola y omnipotente del Doctor Moriarty, físico
, galardonado autor del libro Dinámica de un asteroide y muy respetado por todos. Sólo Sherlock Holmes intuye que Moriarty es en realidad un genio del mal.
Sherlock es un clásico. En la Wikipedia hay un artículo muy interesante sobre él (Sherlock Holmes), que contiene, además de todas las obras, un montón de datos CPI, como la consabida inexistencia de la frase “Elemental, querido Watson”.
Holmes se hizo tan famoso que su autor se sintió secuestrado por él. Decidió matarlo y lo tiró por una cascada en el relato nº 23. La reacción popular fue tan desmedida (la gente se paseaba con crespones negros por delante de casa de Doyle) que lo tuvo que resucitar, y bien resucitado, pues duró otros 33 relatos más.
Sherlock Holmes es un Imprescindible de la literatura.