En "No sobre ruiseñores" Tennessee Williams trae una representación fiel, impactante y humana de la realidad interna de la mini-sociedad que representa una cárcel, que es, en esta obra, un mundo con sus propias reglas que mucho difieren de las de afuera.
"Drao", de donde viene "drama", es "acción"; y "agón", vinculada íntimamente al teatro, es "lucha". Varias luchas se concretan dentro de la cárcel, simbólicamente ubicada en una isla: el agón entre la humanidad que aún reside fuera y la deshumanización que reina dentro, el agón entre el Jefe de la prisión, y el líder de los presos, su contrincante análogo, el agón entre este último y el soplón, y otras contiendas menores.
Hay reclusos temidos, reclusos locos, reclusos queridos, porque la cárcel es refracción del mundo, es una imagen sí desviada de él (porque allí el hambre, el dolor, la violencia, la hipocresía, el cinismo y el soborno no son la excepción sino la regla), pero que nace de él al fin; el "upside down", diríamos ahora, con el recuerdo reciente de ST.
Tennessee aprovecha este espacio carcelario ideal (es una prisión cualquiera, ninguna concretamente) para colocar bajo la luz una realidad que tiene muchas aristas, y es por esto que diversas subtramas apenas sugeridas a veces van colándose como filtraciones de cañerías rotas, y a través de sus leves gotas herrumbradas, jamás pródigas, el lector o espectador prueba un poco de aquello que solo lo deja con sed. El pasado de la Reina, un hombre "delicado" que así se hace llamar en la cárcel de hombres y de quien ningún recluso se burla, el marinero, que después de recorrer el mundo acabó enloquecido por la tortura, el negro, que destacaba por su bondad y que tenía más hijos hambrientos que ninguno, Jim, el "canario" cantor de chismes, el fiel soplón del director que durante diez años aguantó el odio hacia este hombre y el desprecio de sus compañeros, lo que derivó en problemas nerviosos, o Eva, la muchacha que casi se prostituye por el hambre a que la había empujado la Gran Depresión antes de que consiguiera el empleo de administrativa de la cárcel.
Tennessee muestra algo de la humanidad de estos humanos, pero poco. Lo que prima allí es la supervivencia. Y de ella nace la resistencia, donde el jefe de los presos liderará una rebelión, él que siempre gustó de compararse con fascistas de la época: así como España [sic] tenía su Mussolini, las celdas lo tenían a él.
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Es, en fin, una obra de lectura ágil, de sentimientos fuertes, que presenta la superficie de humanidades complejas, y que muestra, si queremos, la "suciedad" de la realidad de las sociedades que hemos construido. La tensión y el empuje en extremo de distintos aspectos de la condición humana solo podrá llevar a la ruptura, la explosión y la muerte.