A pesar de su pequeño tamaño, es un libro tremendamente denso. Cada página, párrafo y frase tienen tanto significado que debes detenerte a pensar en lo que lees para acabar comprendiendo el mensaje adecuado.
El lenguaje que utiliza, en ocasiones, resulta enrevesado, pero en otras es incluso necesario que sean esas las palabras usadas para poder expresar la belleza y profundidad de la reflexión.
La ilusión como la conocemos en español es un regalo de nuestra lengua para poder hallar en la vida algo más de plenitud. Ni siquiera se puede definir como estado ni como emoción, sino que se le puede atribuir la sensación que ella provoca en relación con el resto de cosas tan características de lo que es el ser humano: amor, deseo, vocación, imaginación.
La vida no es cuestión de supervivencia. Hay que elegir vivirla, sin embargo, para que la experiencia resulte satisfactoria. Así, la limitación llamada tiempo que define la longitud de nuestro paso por el mundo se convierte en el motor que nos levanta cada día y le da significado a través de esta ilusión, cargada de belleza, miedo e incertidumbre, a nuestras decisiones y acciones.
Existe ilusión por lo vivido con tal de volver a hacerlo; ilusión por lo futuro con ideas y objetivos; y también ilusión por el presente cuando vivimos en aquello que tanto habíamos esperado. ¿Y cómo es vivir ilusionado? Desvivirse por la vida. Desvivirse por aquello, todo aquello, que nos convierte en lo que hemos elegido convertirnos.
La ilusión deja de ser un engaño, una mentira, para convertirse en un conjunto de letras que acoge el significado de nuestra vida. Solamente la vida pasa a ser nuestra cuando la llenamos de nuestras ilusiones.