La madre ha muerto en un país lejano y este horror se traduce en una melancolía que marca el tono del relato, un relato inasible. La narradora guarda en su cartera, dentro de su libreta, otra libreta más pequeña con anotaciones de su madre, como si la palabra fuera la única reliquia posible. En este libro la palabra no describe, sino que construye mundos, y por eso se venera y requiere una lectura devota. La voz exquisita de Alicia Migdal evoca en esta novela un tiempo anterior, un verano que ya ha pasado para las muchachas, las muchachas solas, a veces desesperadas, siempre esperando. Muchachas de verano en días de marzo se vuelve una experiencia literaria sobre el desgarro ineludible de lo que ya no es. «Es casi invierno afuera. Pero hay sol de veranos año tras año en los cuerpos de esas mujeres, muchachas. Qué van a hacer en invierno sin ese sol de enero, qué hacen cuando empieza marzo, su aire mezcladamente claro, una punzada de viento y lana, el aire de marzo perfecto, transitivo, un aire tan fugaz por eso perfecto y destinado a transformarse en viento y lana sobre la piel caliente y quemada.»
Alicia Migdal was born in Montevideo in 1947. She is a literature professor and an established literary critic. She has worked as a cultural journalist and arts` critic for some of the most important newspapers and periodicals in Montevideo. A recipient of the Bartolomé Hidalgo literary prize, she also obtained the First Prize in the Uruguayan Ministry of Culture´s annual literary contest (2010), awarded for her latest book ”In a Foreign Tongue;” a collection of works of fiction. Her novel Historia quieta (A Still Story) has been translated into French.
“Es casi invierno afuera. Pero hay sol de veranos año tras año en los cuerpos de esas mujeres, muchachas. Qué van a hacer en invierno sin ese sol de enero”.
“Estaba convencida de que a las ciudades hay que retenerlas de otra manera, como a un amor cuando se cierran los ojos para traerlo, o como a una situación intolerable cuando aparece sin ser llamada por la memoria, que la dejó suelta y apartada”.
“Pero contaba también que él decía que no hay medida, no hay vigilancia, que cuando él vio de cerca y pudo tocar la hendidura que formaban el pulgar y el índice de la mujer mientras ella colocaba la mano así, se dio cuenta de que todo es absurdo, de que no hay medida ni vigilancia que aseguren que no vaya a haber amor por esa hendidura, y que el hombre decía eso con rabia y resignación”.
“(Cada vestido tiene que tener un destino de felicidad autónoma, qué culpa tienen los vestidos de estar puestos sobre los cuerpos en los momentos en que se anuncia la desdicha o los gestos se van despegando de su embeleso)”.
A wonderful melancholic book about life, death and love. In the words of a daughter missing her dead mother, dead in a foreign country. A little masterpiece.