Leer a Roberto Bianchi, es ante todo, leer a un gran poeta; aun cuando como en este caso puntual, se trate de contar una historia (o varias) en un formato de nouvelle. Y precisamente, este es el tema de el mundillo de los escritores, poetas o narradores, consagrados o ilustres desconocidos, que tanto se ayudan y promocionan, cómo se celan y envidian unos a otros. ¡Humanos, al fin de cuentas!Dividido en dos partes, el relato cuenta un encuentro en Platea, ciudad literaria de Ricardo, autor y organizador (alter ego del autor) y una pléyade de escritores de distintos países de Latinoamérica y España, que comparten presentaciones de libros, charlas, paseos turísticos, comidas y hoteles… En la segunda parte, hay otro evento, esta vez en La Habana, Cuba. El tema elegido por Bianchi es sumamente original (no recuerdo otra novela así, al menos en el Uruguay). Los escritores no solemos hablar demasiado de nosotros mismos.En estas páginas hay lugar para la mezquindad o la generosidad profesionales, la amistad y el amor, en sus el sexo, el romance puro o el affaire clandestino…Y la literatura, que cuando es buena, como en este caso, no la imita ni la refleja, sino que la recrea, la reinventa. Y eso Bianchi, con su riquísima experiencia vital y artística a cuestas, lo sabe y lo ha plasmado para quienes queramos sentarnos en su platea para admirar el espectáculo. Pues como dijera Virginia «Nada ocurre hasta que no lo escribes».