Este libro es la rareza de un lunático, el afiebrado trance de un soñador, el penúltimo guiño de un seductor perdido. Éste no es un libro convencional de poesía. Es el diario íntimo de un prisionero de sus propias dudas y tormentos, la crónica de una guerra sibilina entre el autor y sus enemigos reales e imaginarios, el cuaderno de bitácora de un viajero perezoso, la radiografía que un hombre confundido hace de sí mismo.
Aquí no hay poesía conmueve por su impudicia y su ternura, por la curiosísima manera en que el autor desnuda sus propias miserias, por lo que se atreve a contar y lo que no puede callar y lo que no consigue perdonar. Los poemas de Jaime Bayly poseen una rara cualidad: son una solapada escaramuza del autor contra sí mismo, un ajuste de cuentas entre quien vivió y recuerda con perplejidad, una minuciosa destrucción de la memoria privada.
Con gracia y elegancia singularísimas, Bayly cuenta sus pequeñas miserias impresentables, hace escarnio de sí mismo, confiesa todos sus pecados -incluso los que no cometió pero le hubiera encantado- y derriba sin piedad lo poco que quedaba en pie de su imagen de niño terrible de las letras.
Jaime Bayly no es un poeta ni trata de serlo. No pretende mostrarse como un virtuoso o un iluminado; prescinde de las metáforas y las florituras; renuncia a la frase grandilocuente. Con un lenguaje sencillísimo, construye un universo personal tan rico como impredecible, y lo hace con palabras recogidas de sus propios escombros, de sus miedos y agonías, de sus fracasos y mentiras, de las grotescas imperfecciones que encuentra en sí mismo, en su vida atormentada.
Tras sus celebradas novelas La noche es virgen (Premio Herralde de Novela), Yo amo a mi mami y Los amigos que perdí, Jaime Bayly ahora nos brinda Aquí no hay poesía, que no es en rigor, desde luego, un libro de poesía, pero todo en él -su estética y aliento, su osadía y languidez- lo hace atrevidamente moderno y poético.
Jaime Bayly Letts es un escritor, presentador y periodista peruano nacionalizado estadounidense y radicado en Miami. Se destaca por su humor ácido y su escritura ágil, dinámica y entretenida.
Después de seis novelas --alguna bastante admirable, como la reveladora No se lo digas a nadie--, Jaime Bayly se estrenó en la que es hasta la fecha su única incursión en el género lírico. No sin antes decir que esperamos sea también la última, debemos admitir que Aquí no hay poesía se salva del desastre absoluto gracias a ciertos ramalazos de genuina emoción humana muy bien, aunque así mismo demasiado fugazmente, transmitida. "A pesar de todo" y "Currículum vitae" son los dos "poemas" clave del libro, en medio de tanto relleno iluminado por algún que otro chispazo de malgastada inventiva.
Conforme iba leyendo los poemas, más ganas me daban de dejarlo, pero al final lo terminé presurosa y sin ningún desvarío en mi vida.
Creo que se puede ver y andar en la personalidad del autor con este poemario. Mientras lo leía pensé "este tipo puede ser narcisista o escribió cada poema en etapas diferentes de su vida creando un sistema de ambivalencia para el lector"
Bayly conoce sus limitaciones. Sabe hasta dónde puede llegar con la poesía. Y ese ya es un mérito en sí mismo (considerando todo lo que la gente de su generación publicó a principios de siglo, especialmente en el Perú).
Los cimcuenta y dos poemas reunidos en este libro dan cuenta de ello. No pretenden alcanzar la perfección sublime ni demostrar el favor de las musas. Son más modestos en su objetivo y su autor es más realista con el posible alcance semántico de sus palabras. Aquí no hay la urgencia por atrapar la imagen perfecta ni la desesperación por artiicular una cadena de metáforas o alegorías.
Son poemas que recogen, en versos largos o cortos, la ironía de la vida cotidiana, los pequeños dramas que con el tiempo se vuelven cómicos y las historias que nos unen con gente anónima que apenas vemos dos o tres veces, o también con aquellas personas que siempre está con nosotros, amigos, novias o hijos, madres, parientes, o jardineros, asistentes y criadas, gente que recordamos por lo que nos enseñaron (a través del amor o los gritos o el silencio) o por los chascos que nos llevamos junto a ellos.
Bayly conoce el género, o al menos está familiarizado con sus reglas básicas. Sabe que la poesía funciona, principalmente, por el efecto rítmico y la disposición de las palabras, su ordenamiento visual y la música que generan. A ratos se atisba cierta influencia de Eguren y Benedetti, en especial cuando usa el verso corto para hablar de las muñecas de su hija o de sus primeras palabras. Para la ironía de la cotidianeidad reproduce, según veo, los recursos y los golpes de efecto de la antipoesía de Nicanor Parra (es más, obviando la ternura egureniana de algunos, casi todo el libro está claramente bajo la estrella de Nicanor Parra, y su peculiar estilo al hablar de los reveses de la vida desde el humor y la confianza).
No obstante, hay también mucha paja y mucho ripio. Es un poemario irregular. Por lo menos hay quince poemas que no merecen salir del cajón del escritorio, o que no deberían acompañar a los otros. Probablemente son interesantes como piezas irreverentes o truquitos curiosos, pero no calzan aquí. Manchan lo logrado y estorban. Incluso, hay de los que son repetitivos o huecos, completamente innecesarios.
Los demás, en una primera leída, o son regulares o son buenos. Para muestra, un fragmento de «Currículum vitae», el más largo y uno de los más logrados:
/ Detesté ir a la playa recé de rodillas antes de dormir me disgustó ducharme con papá nunca supe por qué él vivía enojado recé muchos rosarios con mamá nunca entendí por qué ella lloraba tanto [...] /
Por último, los poemas que más me gustaron cuando los leí fueron «Sandra», «Mario», «A quien concierna», «fotos», «mis abuelos», «polito» y «Currículum vitae».
- Léanlo con agua mineral 🧊, de preferencia en la mañana, con ganas y con calma, y escuchando, antes o después, «El salmón» de Andrés Calamaro 🎶
Es un libro malo por la forma como fue escrito y medio aburrido (sobre todo si se desconoce la vida del autor). Pero para quien siga al personaje público —el autor— y haya leído algunas de sus novelas, puede resultar interesante descubrir ciertos detalles que corresponden a los libros: lugares, tiempos y personas (que se convierten de carne y hueso y dejan de ser ficción).