En un lugar llamado Oreja de Perro, un hombre intenta escribir una carta. Atrás queda su historia familiar, la temprana muerte de su hijo Paulo, la ruptura de su matrimonio. Por delante, una intrincada ciudad andina, que fue destruida durante el terrorismo peruano en los años 80, será usada como símbolo de la pacificación con el lanzamiento de un programa de asistencia social. El país exige recuperar la verdad y guardar memoria de los hechos trágicos para buscar una reconciliación.
Pero la memoria personal a veces es demasiado dolorosa y uno preferiría olvidar. Sin embargo, van apareciendo durante su estadía en Oreja de Perro una serie de personajes espectrales: un amnésico que estudia chino; un fotógrafo viejo y cínico; una muchacha embarazada y con una trágica historia personal; un muchacho de aspecto hosco que lo persigue; una hermosa y joven antropóloga que fantasea con corresponsales de guerra. Incapaz de escribir aquella carta o de tomar cualquier decisión, el protagonista vagabundea por un mundo del que se siente cada vez más distanciado, con la sensación de que debe resolver un enigma y sin saber por dónde comenzar. Aunque, a cambio de no intervenir en los trágicos sucesos de los que va siendo testigo involuntario, se le permite advertir algo cierto sobre sí mismo, los límites de su mirada y su verdadera condición.
En esta esperada última novela, el escritor peruano lván Thays confirma plenamente las esperanzas en él depositadas: « lván Thays es uno de los más interesantes escritores que han aparecido en América Latina en años recientes. Es cuentista, novelista, profesor universitario y conductor de un programa de televisión sobre libros; ha dedicado su vida a la literatura, una vocación que en su caso es una pasión y una misión», en palabras de Mario Vargas Llosa.
Cru e delicado, um belo pedaço de história, que me faz ter pena - muita pena - que projectos como a eucleia não perdurem. Muito pouco provável voltar a encontrar Ivan Thays em português. Tempo de valorizar ter me cruzado com este, numa banca qualquer, de uma feira perdida, em 2011.
Un periodista tiene que ir a un lugar llamado "Oreja de perro" a cubrir un evento político en mitad de una crisis existencial personal, ya que tiene que escribir una carta como respuesta a otra que recibió él antes del viaje. Llega al lugar, se divierte, pasa el tiempo, cubre la noticia y regresa. Ahora la crisis existencial es peor.
No he entendido nada. No ha escrito la carta (que parece ser era el tema principal; así nos lo dicen en la sinopsis). Creo que el escritor no ha cerrado nada de esta historia, y le deja al lector que lo decida por él.
Habiendo y teniendo tantos libros para leer escogí este de Iván Thays, autor peruano, porque fue finalista del premio Herralde de novela. Tengo que confiar de algún modo en los criterios de un jurado para animarme a escoger un libro para leer. Me pareció interesante, siempre el personaje principal una especie de antihéroe honesto y autocrítico. Un periodista que va en comisión a un pueblo serrano peruano llamado curiosamente Oreja de perro. El personaje anda un poco deprimido y perdido existencialmente por sucesos tristes de su vida. Conoce un par de mujeres en su viaje y se ve comprometido de un modo indirecto en un asesinato reivindicativo. Contrasta su vida capitalina con la de Jasmín, una mujer andina liberal. Representa bien la realidad del medio social en que se desenvuelve el periodista limeño de clase favorecida. No sé cómo explicar lo que siento al leer esta novela, es un poco anémica. Siento que no lo dice todo, que le falta soltarse, contar más, o es que no hay más para contar. Son personajes muy comunes, no pasa nada de extraordinario y por lo mismo uno se fija más en el modo en cómo se cuenta la historia. Esto no es propio de esta novela, porque también lo sentí con Abril Rojo, de Santiago Roncagliolo, otra novela premiada. Por ejemplo en contraste con este modo de escribir está Sada (Casi nunca) el vencedor del premio Herralde último, cuando él escribe parece que remece todo el idioma, uno siente que arranca todas las palabras, escribe de un modo intraducible, es el lenguaje propio de la literatura y no del cine ni del teatro. Con todo, leí con mucho placer de un sólo tirón Un lugar llamado Oreja de perro. Lo felicito por haber quedado finalista, pero también espero poder leer otra novela en la que este autor pueda demostrar que su experiencia y realidad vivida y leída puede generar un novelón (no es erudición, es manejo del idioma).
Aunque el nombre suene inverosímil, Oreja de Perro sí existe. Es un poblado ubicado en la sierra del Perú, en la región de Ayacucho. “El distrito de Chungui, al extremo este de la provincia de La Mar en Ayacucho, colinda con los departamentos de Apurímac y Cusco; en él, podemos identificar dos zonas que se diferenciaron por sus distintas dinámicas históricas. Por ello, distinguimos dentro del espacio dos zonas: Chungui al oeste, Oreja de Perro, al este” (Informe Final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, Tomo V).
Oreja de Perro, como muchos lugares de la sierra peruana en la década de 1980, fue escenario de la actividad terrorista del Partido Comunista del Perú – Sendero Luminoso (PCP-SL) y su enfrentamiento con el Ejército Peruano (EP), Policía Nacional, Guardia Republicana, Los Sinchis, Ronderos y campesinos; como consecuencia de ello, muchas personas perdieron la vida.
En el 2008, la editorial Anagrama publicó la novela Un lugar llamado Oreja de Perro, finalista del Premio Herralde de Novela. Cuenta con 224 hojas en su versión física. El narrador está en primera persona y utiliza la técnica del diálogo libre (sin guiones, sin comillas).
La novela Oreja de Perro, se contextualiza en el año 2006, años después de aquella época sangrienta.
El protagonista de la historia, quien también es el narrador en primera persona, es un periodista que tuvo un programa de entrevistas en la televisión pero que ahora se dedica a la prensa, es elegido para hacer un reportaje en el remoto lugar ayacuchano Oreja de Perro.
“…mientras espero el bus que me llevará hasta Oreja de Perro. La zona más deprimida del país, sembrada de fosas comunes, de intrincado acceso…la más golpeada por el terrorismo, la más miserable, fría, yerta…” (Thays)
El protagonista llega a este lugar desolador, y lo primero que nota es el silencio “Lo peor de Oreja de Perro es el silencio. Un silencio cargado de moscas” (Thays). El silencio de la muerte, el silencio del dolor, de la soledad, del abandono, de la resignación, de la pobreza…
Es un lugar de difícil acceso y cuya altitud produce “mal de altura” o “soroche” en el protagonista “Náuseas. Náuseas todo el tiempo”. (Thays)
La zona cobró protagonismo debido a su mención en el Informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación “la zona abunda de fosas clandestinas. Y que los Ronderos del pueblo son los únicos que lograron vencer al terrorismo sin ayuda de la policía” (Thays). Sin embargo, “Nunca ha llegado una autoridad hasta acá… Ahora el presidente Toledo ha escogido la zona para iniciar un programa de reparto de dinero para campesinos (Thays)
“Cuando se hicieron públicos los informes preliminares de la Comisión pude leer que, en realidad, se culpaba a los terroristas de Sendero Luminoso y MRTA del mayor porcentaje de crímenes. Acusaban a los terroristas de una cifra alta de crímenes, una cifra inaudita para quienes estábamos convencidos de que la responsabilidad iba a ser, por lo menos compartida al cincuenta por ciento con el ejército”. (Thays)
El narrador, quien no sabemos de su nombre, es un personaje meditabundo, pesimista, que piensa mucho, introvertido, que le gusta la literatura, las películas y está obsesionado con las transmisiones de los testimonios de las víctimas del terrorismo en el marco de la Comisión de la Verdad y Reconciliación:
“En las declaraciones a los diarios resultaba obvio que, al presidente de la Comisión, un filósofo y rector universitario, le preocupaba el tema de la Verdad. A mi el tema que me atraía era el del Mal. Es decir: ¿es esto el ser humano? (Thays)
“Uno decía: “Fui voltear cadáveres a Infiernillo, había miles de cadáveres ahí, de todo tipo, de toda clase, había campesinos con su poncho, había gente con pantalones, señoritas de toda clase, volteando, volteando, pero nunca la encontré a mi mama” (Thays)
Además, vive un momento personal muy difícil. No hace mucho tiempo perdió a su hijo Paulo de cuatro años, murió de una trombosis mientras dormía y al parecer su esposa Mónica ha tomado la decisión de separarse de él en el momento en que él le comunicó que va a viajar por tres días a hacer un reportaje en Oreja de Perro. Mónica le dejó una extensa carta de veinte páginas sobre su equipaje y le dijo que se iría por un mes a San Jerónimo a visitar a su familia.
Con ese peso de sufrimiento llega a Oreja de Perro. Pero no llega solo, lo acompaña el fotógrafo Scamarone, un tipo muy distinto del protagonista “Es soltero, es alcohólico, no es claustrofóbico, se considera un cínico” (Thays) “Sufre de incontinencia verbal, pero finge ignorarlo. Tiene de sí mismo una imagen de lacónico, observador, sagaz, como si fuese un fotógrafo lince en constante estado de alerta” (Thays). Es el personaje que cuando hace su aparición, aunque por breves momentos, le cambia el tono a la narración, de melancólica a sarcástica.
“Se nota que eres virgen en política, compadre, no sé por qué te mandan a estas comisiones. Es fácil la vaina: en cinco años hasta el más basura se convierte en santo, dice. El cholo se lanza para presidente en el 2010. ¿Y sabes quién le hará la pelea? Fujimori, claro. Todo empieza de cero” (Thays)
También hay sátira contra Toledo: “Ahorita escuchamos las hélices del helicóptero de nuestro Cholo Sano y Sagrado, más borracho que el ingeniero y yo juntos. Y con etiqueta azul. (Thays)
Para el narrador, aquel viaje a ese lugar completamente distinto de su ciudad (Lima) será una manera de encontrarse con sus pensamientos, reflexiones y problemas personales y explorar qué resolución puede tomar. El doloroso recuerdo de su hijo siempre está presente, la carta que tiene que responder a Mónica es algo que lo tiene pendiente, pero también debe cumplir con su labor y la compañía de Scamarone de alguna manera le mantiene en balance con la realidad exterior.
En la novela siempre hay una tensión que te impulsa a seguir avanzando página a página, el ritmo también es bueno, poco a poco uno va profundizando en la historia de cada personaje y vemos esas heridas internas.
Por ejemplo el caso de Mónica, su padre y el auto Mercedes Benz rojo. El tema de la pérdida está presente, y el auto como símbolo del recuerdo y vinculación de lo perdido. “No quería que nadie lo mencionara, ni su hija. Para ella estaba muerto. Pero no estaba muerto. Su auto estaba ahí. El Mercedes Benz rojo.” (Thays)
La aparición de los personajes Jazmín y Maru en la historia le da un toque erótico a la novela, pero también la representación de dos estereotipos muy distintos de mujeres peruanas. Jazmín, es de la sierra con una historia muy triste, su madre fue secuestrada por la policía para violarla, ella misma está embarazada aparentemente producto de una violación por un militar, es una víctima de la barbaridad, mientras que Maru es una antropóloga limeña, profesional y rubia, ajena al sufrimiento de aquel lejano pueblo quien va a Oreja de Perro a hacer su trabajo.
Jazmín es solitaria, quien estando embarazada es capaz de entregarse a un desconocido y hacerlo sin protección. Es ingenua, pero también escéptica del gobierno de turno ante la noticia de que Toledo está inaugurando en Huamanga un colegio o una obra de sanitad: “Un colegio que en un mes se caerá hecho mierda. Un centro de asistencia que dejará morir podridos a los campesinos que hace cola por días enteros para obtener una cita”. (Thays)
Curiosamente, es con Jazmín con quien el protagonista tendrá una mayor cercanía, producto de esa empatía con su sufrimiento, con la pérdida y la nostalgia; no obstante, el narrador muestra sus prejuicios y su desprecio en silencio a Jazmín por su condición andina, marcando un abismo cultural entre ambos. “Tiene los dientes parecidos a los de mi ex empleada. Es chola. Está en otro mundo, obvio, un mundo completamente distinto al mío”. (Thays) Además, físicamente resalta a Maru sobre Jazmín “Proyectado contra esa luz, el perfil de Maru se ve hermoso mientras abre y cierra los labios” (Thays) y más adelante “El perfil de Jazmín se recortaba sobre lo negro…Es un feo perfil, distinto al de Maru…Un perfil que no puedo admirar” (Thays). No obstante, es capaz de dormir con ella.
La novela, es una historia triste, nos recuerda una historia trágica del país. Explora la psicología ante la pérdida de un ser querido, cómo afecta, cómo lo abordas y cómo eso repercute en tu día a día, en tu ser. También lo onírico está presente en la historia, los sueños como manifestación del sufrimiento. “Mónica, Paulo, yo, ahora equidistantes, ausentes uno del otro, proyectándonos sobre nuestras historias individuales pero incapaces de estar juntos como una familia” (Thays).
Otras notas:
Rescato también los títulos de libros y/o autores que el protagonista ha mencionado (algunos títulos los he deducido en relación al autor citado), son varios y será una buena oportunidad para leerlos.
- Una cuestión personal (Kenzaburo Oé)
- Ferdydurke (Witold Gombrowitz)
- El hombre que confundió a su mujer con un sombrero (Oliver Sacks)
- Cosecha roja (Dashiell Hammett)
- Diderot
- Graham Greene
- Leonardo Sciascia
- John Le Carré
- Manuel Gonzáles Prada
Otro dato:
En la novela se mencionan las palabras quechuas “llaqta maqta” pero que no se llega a explicar su significado:
“Voy a despertar a unos compadres que tengo, que seguro están borrachos a esta hora porque esos chupan duro, pero yo igual los encuentro para que escuchen lo que son nuestro llaqta maqta”. (Thays)
“¿Qué es llaqta maqta?, le pregunto.
Después te explico, me dice e intenta ponerse de pie.” (Thays)
Por lo que aquí dejo una explicación al respecto.
“El Llaqta Maqta es una costumbre tradicional del distrito de Chungui, en la provincia de La Mar, Ayacucho. Actualmente es básicamente un sub-género del huayno que se canta en ciertas ocasiones acompañado con mandolinas, donde los varones tocan la mandolina y las mujeres cantan las canciones que tienen una especial tonalidad y se refieren a diversos temas, especialmente amorosos, la vivencia de los pobladores, los sufrimientos del pueblo, etc.
Etimológicamente la palabra Llaqta Maqta proviene de dos vocablos quechuas, “llaqta” que significa “pueblo” y “maqta” que significa “joven” o “mozo”, por lo que se traduce como “joven del pueblo”. Según la tradición oral, el término llaqta maqta tiene su origen en las expresiones de personas mayores o jóvenes muchachas, que al escuchar la bulla que producía la música con la que los jóvenes se divertían por las noches en las estancias o en actividades como la elaboración del chuño, solían decir “Llaqta maqtakunan hamurusqaña” (Ya llegaron los jóvenes del pueblo), por lo que fue quedando con ese nombre.”
Un pasado que pudo ser pero no fue, un futuro aún sin dibujar. Se trata de una vida que parece una especie de boceto, una vida que aún está por descubrirse. Cuenta la historia de un hombre que sin voluntad escapa de su pasado y se encuentra en la llanura misma de la cotidianidad; trata de volver a su vida pero sabe que es imposible y que el tiempo ha pasado y no ha perdonado nada.
El telón de fondo es un pueblo de piedra y polvoriento que parece suspendido en el tiempo, un pueblo con cicatrices de un pasado sangriento. El terrorismo de los 80 golpeó fuertemente sobre todo a Ayacucho en Perú. Violencia, muerte y tristeza ha quedada impregnada en la vida de los que sobrevivieron a aquel espantoso suceso. Parece que los perros son una constante a lo largo del libro, como si fuesen protagonistas en una historia que no le pertenece a nadie y a la vez pertenece a todos.
Vaya forma de crear personajes, el autor es tan bueno que parece más bien un libro de mera historia. Los personajes poseen recuerdos, anhelos, miedos, sentimientos y contradicciones que son propias de los seres humanos. Acá se cuenta una realidad con literatura.
Un buen libro con el que me aventuré sin muchas expectativas, y que terminé devorando en un santiamén casi sin percatarme. Una historia donde lo íntimo cobra protagonismo a través del narrador, un sujeto destruido por las tragedias que le tocó vivir y que encontrará refugio en un pueblo del Ande donde el sufrimiento es un modo de vivir. Personajes enigmáticos como el de Jazmin, humorísticos como el periodista, brillan tambien con luz propia. Efectiva novela de Thays.
Es el primer libro que leo de Iván Thays y gusto mucho la forma como narra, las situaciones son muy bien descritas, pero la historia aveces es poco creíble, para volver al relato tipo crónica, y terminar en un final algo raro. Igual si es recomendable.
Creo que mi primera reacción al saber que la novela se desarrollaba en un pequeño pueblo Ayacuchano en el 2006 fue esperar que esta lidiara con el legado de la lucha contra Sendero Luminoso. Quizá estaba esperando algo como “Abril rojo” de Santiago Roncagliolo. El hecho que la trama se centrara casi exclusivamente en la vida personal de un periodista y que todo aspecto de la historia del terrorismo quede en segundo plano me decepciono más que un poco. Lamentablemente, aunque la novela no estaba mal escrita, este enfoque me fue mucho menos interesante y más bien causo que yo estuviera a la espera de cualquier lazo con una exploración del legado del terrorismo. Para ser honesto, esos lazos si fueron explorados, aunque a un nivel mínimo que solo consiguió antagonizarme más contra la trama personal que veía como tan superflua. Quizá estoy siendo muy severo con el autor, pero no puedo decir que haiga disfrutado de la novela.
Se trata de un híbrido entre Una cuestión personal de Kenzaburo Oé e Insensatez de Horacio Castellanos Moya, rebajado en intensidad dramática y existencialismo. Fue finalista del Premio Herralde 2008 aunque para la crítica supuso un claro empate con Casi nunca del mexicano Daniel Sada. En total competían doscientas cuarenta y cuatro novelas. Así que estamos ante la más afilada literatura latinoamericana contemporánea de autores vivos.
Hay cosas que me gustaron de este libro, cosas interesantes. Un relato de otro pueblo, otro país diferente al mío en el cuál veo similitudes, una voz, narrativa que me gusto, me atrajo. Pero me faltó algo, lo que más me interesó me faltó.
Muy entretenido. Es una buena trama, sin embargo deja muchos cabos sueltos que se espera se resuelvan al final y eso no pasa, eso deja una sensacion de que leiste algo incompleto.
Pensamos que las fotografías, los recortes de periódico, las cartas, los videos, los testimonios, los recuerdos, sostienen la memoria. Pero no la sostienen, la reemplazan.
Esencialmente, este libro trata de la memoria. En cierto momento, el protagonista, un reportero cuyo hijo se murió y quien está en el proceso de ser dejado por su esposa, llega a la conclusión que a veces es mejor construir una ficción en vez de mantener un recuerdo veraz de un episodio doloroso. Y es allí donde entra la trama paralela de su comisión en un pueblito de los Andes peruanos que recién se está recuperando de la guerra civil de los años 80 y 90. Al parecer, la implicación es que el Perú como pais entero ha construido una ficción sobre lo que pasó en esos años para poder sobrellevar el trauma en vez de enfrentar las raices del problema. Sí bien eso podría ser cierto, el metáfora me parece forzado, ya que el elemento que supuestamente agrega profundidad a la novela me parece un análisis más bien superficial. Tenemos los personajes requisitos de la mayoría de los intentos para plasmar la división de clases en el Perú: la "chola" de la sierra, los universitarios "pituquitos" de Lima, y el narrador que se imagina atrapado entre los dos lados opuestos, aunque su incapacidad para comprender los hábitos de los lugareños lo posicionaría mucho más cerca de lo que evidentemente cree al segundo grupo. Estos personajes, algunos de ellos a las justas pasando de bosquejos, encajaron demasiado fácilmente en sus prototipos, sufriendo de una falta de credibilidad... No sé en que momento el protagonista tuvo tiempo para reflexionar sobre la naturaleza de la memoria cuando parece parar compadeciéndose a cada rato. Si consideramos que varios de los momentos decisivos de la trama, los catalizadores del resto de los eventos en la novela, parecen insertados solamente para conducir la historia en el sentido que el autor ya tiene imaginado (o sea, que se nota demasiado la estructura, "el esqueleto" de la novela), incluyendo un escena en el cual la "cholita" practicamente ataca a nuestro reportero apenas lo conoce para iniciar una sesión de sexo sin uso de "protección", la trama ya empieza a deshacerse en medio camino, y para cuando ya llega al final apenas me interesaba.