Agazapado en los pliegues de lo real, en los momentos menos previstos -o tal vez todo el tiempo si se presta la debida atención-, algo acecha el orden de lo cotidiano. Y en los relatos reunidos en este libro de eso se de poner en foco lo que se filtra bajo las acomodadas capas de la apariencia; de leer señales, de traducir, como un arqueólogo fascinado por los restos, lo que la superficie, la costumbre o los estereotipos se empeñan en ocultar. revoltoso Aníbal Ford, provocador de las estructuras narrativas, se empecina en ese trabajo apelando en algunos cuentos al desparpajo del surrealismo, a la irreverencia del humor y del absurdo, a las constelaciones de fragmentos, pero también a los procedimientos propios del realismo más objetivista. A través de ese repertorio estético que expresa además las diversas etapas del pensamiento del autor, se leen algunas de sus preocupaciones constantes como la metáfora del viaje, la soledad como condición esencial del hombre, el mundo del trabajo y las máquinas, para finalmente empeñarse, una y otra vez, en poner en cuestión eso que se denomina realidad y los sentidos que la experiencia le atribuye; en fijar o trascender los límites del lenguaje o en denunciar la trampas de la memoria y de la historia, para que todas esas instancias fulguren, tal vez, en otra instancia. Del orden de las coníferas es también un acontecimiento a este volumen reúne, seleccionados por el autor, buena parte de sus relatos publicados a lo largo de cuarenta años, a los que se agregan ahora algunas narraciones inéditas. Un conjunto de excelentes e inquietantes cuentos que invitan a ver en toda su dimensión la obra narrativa de uno de nuestros mayores intelectuales.