« Parmi la cinquantaine de traités consacrés au bonheur durant le XVIIIe siècle, celui de la marquise du Châtelet (1706-1749) est à coup sûr l’un des plus intéressants à relire aujourd’hui. »Élisabeth Badinter Madame du Châtelet répond à la question qui hante son époque : comment être heureux sur cette terre, et plus particulièrement comment l’être lorsqu’on est une femme, qui, même exceptionnelle, se voit interdire la plupart des ambitions et des gloires permises aux hommes ? Comment l’être lorsqu’on est une amoureuse passionnée, exclusive et tyrannique ? De réflexions générales sur le bonheur, elle passe à son cas personnel et aux confidences les plus intimes. Ce sont ces confessions pudiques et déchirantes qui donnent à ses propos une authenticité et une actualité qui transcendent les particularismes d’une époque. Mme du Châtelet prêche toutes les sensations et sentiments agréables, et avant tout l’amour qui est « la seule passion qui puisse nous faire désirer de vivre ».
Gabrielle Émilie Le Tonnelier de Breteuil, Marquise du Châtelet was a French natural philosopher, mathematician, physicist, and author. Her most recognized achievement is her translation of and commentary on Isaac Newton's book Principia containing basic laws of physics. She is also known for having a long liaison avec Voltaire.
Gabrielle Émilie Le Tonnelier de Breteuil, marquise du Châtelet (également écrit du Chastelet, ou du Chastellet) est une femme de lettres, mathématicienne et physicienne française du Siècle des Lumières. Elle est renommée pour sa traduction en français des Principia Mathematica de Newton, qui fait encore autorité aujourd'hui et pour sa longue liaison avec Voltaire.
Très intéressant, bien écrit et assez facile à lire. J'ai beaucoup aimé les idées que développe l'autrice et j'ai trouvé que la préface éclairait bien le texte
[janvier 2024] « La première de toutes est d'être bien décidé à ce qu'on veut être et à ce qu'on veut faire, et c'est ce qui manque à presque tous les hommes; c'est pourtant la condition sans laquelle il n'y a point de bonheur. Sans elle, on nage perpétuellement dans une mer d'incertitudes ; on détruit le matin ce qu'on a fait le soir; on passe la vie à faire des sottises, à les réparer, à s'en repentir. »
je connaissais pas la figure de madame du châtelet et c’était super intéressant ! c’est vraiment un court (trèèèès court) texte mais il fonctionne encore pour nos sociétés modernes je trouve (dans une certaine mesure). évidemment c’est un texte qui vise surtout les bourgeois dans certains arguments (et elle le dit elle-même d’ailleurs) mais pour l’époque ça semble quand même assez avant-gardiste
I knew Émilie de Châtelet as one of the first female mathematicians who, after taking an interest in the work of Leibniz, published the first French translation of Newton's Principia Mathematica with commentaries and analyses that aroused the admiration of her male colleagues. But this little book, borrowed from the municipal library, introduced me to an admirable philosopher who, after her separation from Voltaire and the experience of her 40th birthday, offers a reflection on happiness and how to achieve it, particularly for the half of humanity that are women, who did not have access to the means of men. With incredible lucidity, she wrote a very modern text that must have been revolutionary in its day. In fact, it was published after her death. Elizabeth Badinter's preface is a very, very interesting addition to this volume. Definitely worth a read.
Dans ce petit livre, Madame de Châtelet explore le concept du bonheur et son accessibilité. Tout au long du livre (qui est facile à lire), Madame du Châtelet développe de manière cohérente ses idées en puisant de ses expériences personnelles. Elle aborde également le thème du bonheur en tant que femme dans une société misogyne ; j'ai trouvé son discours frais et réfléchit. Une belle découverte que je recommande à tous !
Après la visite du château de Breteuil et ses jardins, j'explorais la boutique et j'ai vu ce livre. Étant plutôt court, je me suis dit qu'il accompagnerait bien une partie de mon voyage. J'en suis très satisfaite. La préface était très intéressante, autant pour un avant-goût que pour en savoir plus sur la femme qui a écrit ces mots. J'ai trouvé le texte très intéressant, très juste, très vrai. Écrit au XVIIIème siècle mais toujours raccord avec notre époque.
Un discours très actuel et très philosophique. Je ne mets que 3 étoiles car la fin ne me parait pas forcément en adéquation avec ce que Mme du Châtelet prône au début de son oeuvre.
C'était peut-être du génie à l'époque, mais j'avais juste l'impression de lire un livre de développement personnel basique (je ne suis peut-être pas la bonne cible).
En unas cincuenta páginas, Madame du Châtelet (Gabrielle Émilie de Breteuil) habla de la felicidad. Creo que es importante dar un poco de contexto histórico en la reseña, así que sin extenderme mucho daré unas breves pinceladas. Nos situamos en la Ilustración Francesa (Siglo de las Luces).
Nació en 1706 en Francia, perteneciente a la alta aristocracia (hija de un barón). Su padre la educa "como un varón". Se casó a los diecinueve años con el marqués de Châtelet-Lamon con el que tuvo tres hijos (de los cuales sobreviven dos). En 1733 conoce a Voltaire y en 1735 decide irse a vivir con él.
Émilie es matemática y física. Conocida no solo por estudiar, traducir y anotar obras científicas (la más relevante fue 'Philosophiae Naturalis Principia Mathematica' de Newton; traducida del latín al francés) sino también por sus ensayos y estudios. Ella es la que da a conocer la obra de Newton, no es solo una traducción, acompaña a la traducción con comentarios.
«Discurso sobre la felicidad» es el único escrito no científico que ha sido publicado (se escribió en 1747 cuando tenía 41 años y se publica en 1779, cuando ella ya había fallecido).
Algo que me fascina de leer textos antiguos es que podamos sentirnos identificados con lo que han escrito autores de siglos pasados. En este caso, Émilie habla en este pequeña obra de preocupaciones actuales como por ejemplo la salud, recomendando la sobriedad y reconociendo que su problema es la gula (el mío también) y ante esto, decide ponerse a dieta. Para ella la "dieta" es no salir de casa.
Sigue ahondando en la búsqueda de la felicidad, no en una felicidad desbordante y feroz, sino una comedida. Un equilibrio entre tener ilusión y pasión pero con una justa medida. Tener metas en la vida es importante pero sin llegar a generar una obsesión, disfrutando del camino sea largo o corto. Hace una ligera mención a la religión concluyendo que la religión para ella es un obstáculo a la felicidad.
Este texto no estaba pensado para ser publicado, está plagado de referencias personales, en este momento la autora no estaba en su mejor momento amoroso. Entonces la visión que da sobre el amor no es negativa pero sí cómoda y conformista.
Y esta parte es la más criticada del texto porque al poco de escribirlo, se enamora locamente de nuevo. Se queda embarazada a los cuarenta y dos años, algo muy peligroso para esta época. Ella sabía que tenía pocas opciones de salir airosa de ese parto, así que se da prisa para terminar la traducción y anotaciones de la obra de Newton.
Decir que a la autora le falta coherencia me resulta absurdo de leer. En el momento en que escribe la obra, está plasmando lo que para ella es la felicidad en ese momento, si a los cuarenta y dos años seguía pensando igual es un misterio que no podremos desvelar nunca. Reducir una reflexión de cincuenta páginas a cero porque la autora acabara por encontrar pareja después de escribir el ensayo... me parece que es ser un poco corto de miras.
A mí me ha gustado mucho y me ha parecido muy interesante la reflexión final: el conocimiento como forma segura de felicidad.
«En fin, pensemos en cultivar el amor al estudio, ese amor que hace que nuestra felicidad dependa de nosotros mismos. Preservémonos de la ambición y, sobre todo, sepamos bien lo que queremos ser, decidamos el camino que queremos tomar para pasar nuestra vida y tratemos de sembrarlo de flores.»
Madame de Châtelet murió relativamente joven, a los 42 años, pero en este tiempo pudo leer y estudiar, mantener correspondencia con una buena cantidad de escritores, pensadores y matemáticos de su época y escribir algunos tratados científicos. También fue amante de Voltaire, con quien convivió durante años en una de sus posesiones, donde reunió 10.000 libros, más de lo que podía tener una universidad de la época.
Su único escrito no científico es el ‘Discurso sobre la felicidad’, que no fue pensado para ser publicado y que quizás por eso puede leerse desde una clave autobiográfica.
Me gusta cuando se detiene a hablar de la ilusión, un sentimiento quizás postergado hoy día, que tenemos que ser prácticos, escépticos y descreídos. Algo así como el pacto con la ficción que uno acepta cuando lee una novela o ve una película para divertirse, pero como ingrediente diario para soportar lo real.
“(…) afirmo que para ser felices tenemos que ser propensos a ilusionarnos y eso es algo que no necesita ser probado; pero, me dirán, usted ha dicho que el error es siempre nocivo: ¿no es la ilusión un error?
No, la ilusión no nos hace ver, en verdad, los objetos tal como deben ser para proporcionarnos sentimientos agradables, los acomoda a nuestra naturaleza (…) ¿Cuál es la razón por la que yo río mas que nadie en el espectáculo de marionetas, si no es porque me presto más que nadie a la ilusión y al cabo de un cuarto de hora me creo que el que habla es Polichinela? ¿Podríamos tener un momento de placer en el teatro, si no nos prestásemos a la ilusión que nos hace ver personajes que sabemos muertos desde hace tiempo, y que hablan en versos alejandrinos? (…) La ilusión interviene en todos los placeres de nuestra vida y es lo que le da brillo. Se podría decir que no depende de nosotros y eso no es verdad hasta cierto punto: no podemos inventarnos ilusiones, y tampoco podemos inventarnos deseos, ni pasiones, pero podemos conservar las ilusiones que tenemos, podemos tratar de no destruirlas, podemos no ir detrás de los bastidores para ver las ruedas que hacen los vuelos y las otras máquinas: eso es todo el arte que podemos practicar y ese arte no es ni inútil ni infructuoso”.
Hay libros que acaban convirtiéndose en un testimonio de todo lo contrario a lo que defienden. 'Discurso sobre la felicidad', de Madame du Châtelet, es uno de ellos. El alegato de una amante rechazada que anima a huir de las pasiones románticas para refugiarse en las intelectuales; pero que, sin embargo, contradijo su propios argumentos lanzándose, de nuevo y con más pasión aún, a la aventura del amor. ¡Vivan las contradicciones del ser humano!