En todo momento histórico hay una tensión entre lo viejo que no se resigna a desaparecer y lo nuevo que no se decide a triunfar. Todo presente histórico es un interregno propicio para fenómenos monstruosos que sólo los que vengan después sabrán si fueron apariciones fantasmales que se disolvieron sin dejar huella, heraldos del futuro, partos prematuros o muertos revividos. Nuestro monstruo hoy es la sensación, tan extendida, de que vivimos en un posible fin de los tiempos. La inquietante presencia de esta esperanza herida nos permite pensar que el hombre actual ha podido cansarse de sí mismo y de su dominio insolente de la Tierra. El filósofo y maestro Gregorio Luri se sirve de nuestras angustiosas preguntas por los límites del mundo humano como pruebas reactivas para diagnosticar el signo del tiempo en que vivimos. Porque, aunque la pregunta por los límites humanos es tan antigua como la religión, había permanecido latente hasta hace pocas décadas. Pero en nuestros días ha alcanzado una latencia tan extraordinaria que inunda los medios de comunicación, anulando toda posibilidad de autocomplacencia. Que el hombre esté desorientado no es noticia; que tenga miedo al futuro, tampoco. Pero que tenga miedo de sí mismo porque se ve como el bárbaro que acecha en los limes de su alma, sí es novedoso. Y es una noticia altamente preocupante, sobre todo porque ese miedo ha llegado a las escuelas…
Gregorio Luri Medrano nació en Azagra (Navarra) en 1955, pero reside en El Masnou (Barcelona) desde 1979. Está casado y tiene dos hijos y nieto y medio. Estudió magisterio en Pamplona y en la Universidad de Barcelona se licenció en Ciencias de la Educación y doctoró en Filosofía. Obtuvo el Premio de Licenciatura en Ciencias de la Educación y el Premio Extraordinario Fin de Carrera en Filosofía. Es un buen conocedor del mundo educativo, en el que ha trabajado como docente en todos los niveles, de la escuela a la universidad.
La búsqueda del espíritu del tiempo us un propósito ambicioso. Gregorio Luri siempre trata de ser claro y limpio, una gran virtud para un filósofo, un escritor, un ser humano. En fragmentos ordenados pero llevados y traídos por reflexiones sólidas pero también inspiraciones repentinas, trata de buscar el misterio de la humanidad en un tiempo presente que nos niega la perspectiva total a los inmersos en él. Lo hace con simpatía, humor, sensibilidad, humildad y pasión.
Creo que lo que más me gusta, me llega es su defensa del humanismo, que se ve cuestionado hoy desde diversos frentes, para angustia de...de algunos, por lo menos, me incluyo. Esa defensa del humanismo, del misterio de lo humano y del 'mundo de la vida', la realidad, lo que nos hace vivir más alegres y mejores, resulta gozosa, inspiradora, reconfortante. Muy recomendable.