Conrad, cuando navegó el río Congo, convirtió la historia de su propio viaje en una metáfora sobre esa línea confusa que separa el bien del mal. El suyo, como los libros de Lowry o de Céline, o como el Macbeth de Shakespeare, nos hacen presentir algo que, tal vez, ni siquiera sus autores entendieron por completo, aunque tuvieron el valor de hablar sobre ello. La gran literatura se asoma siempre a los abismos del alma, aunque ponga en medio un paisaje.”
“La salvación de África no reside en la recuperación de valores bárbaros del pasado, sino en la capacidad de África para asumir como propios dos valores de la civilización que no son europeos, sino patrimonio humano: democracia y cultura.”
“Con África siempre sucede lo mismo: la belleza palpita en la vecindad del espanto. Aunque, quizá, si sabemos mirar el fondo de la vida, eso ocurra en todas partes y en toda ocasión, no importa cuál sea tu cultura o cuál la geografía que habitas.”
“Por qué los hombres vagan por el mundo en lugar de quedarse quietos?». Y me dije que, tal vez, viajar es tan sólo una carrera contra la vejez y la muerte
“Hay varias cosas que un viajero debe hacer cuando llega a una ciudad desconocida: por ejemplo, ir al mercado, pasear en los amaneceres, entrar en los garitos de la noche, buscar la música que hace bailar y cantar a sus habitantes, probar la comida local, asistir a un partido de fútbol o a una ceremonia religiosa, y desde luego leer sus periódicos.
“Los paisajes nunca tienen la culpa de lo que los hombres han hecho con ellos. Y podemos seguir amándolos por encima de la Historia.”
“La Historia no se puede borrar, aunque no nos guste.”
“Comenzaban a verse grandes baobabs en los espacios abiertos, esos árboles de forma humana sobre los que los ndebeles tienen una bella leyenda: eran tan hermosos que Dios tuvo celos de ellos; entonces, los arrancó del suelo y volvió a plantarlos del revés, dejando las raíces al aire y las copas bajo tierra. Y lo cierto es que sus ramas adoptan formas torturadas, como los árboles siniestros de los cómics. Los baobabs son los árboles menos árboles de todos los árboles. Parecen seres con alma inteligente y sufridora”
“Él las bautizó Victoria, lo cual parece ahora un poco absurdo. Su nombre original, el que les dieron los nativos de la región, era mucho más exacto y más hermoso que el de una reina de cara de rana: Mosioatounya, «la humareda que ruge».”
“Pero quería ir hacia allí sin prisas, decidiendo el camino sobre la marcha, como un vagabundo perezoso abierto a la sorpresa. Esa es la mejor sensación de libertad, por no decir la única: viajar por viajar, y no para llegar a un sitio. «Viajar es pasear un sueño», dice el escritor Manuel Leguineche; y un “proverbio chichewa afirma: «Viajar es bailar
“En África, los proyectos no son a menudo más que fantasías programadas». Pero la fantasía no tiene precio, en tanto que los programas te despiertan una infinita pereza.”
“La selva había logrado poseerlo pronto…». Un lector podría pensar que un texto así tiene una intención bellamente metafórica, y que está seducido por una cierta tentación de hipérbole. Y tal vez de todo eso hay en el libro de Conrad. No obstante, siempre que leo El corazón de las tinieblas, y lo he hecho varias veces en mi vida, encuentro que hay algo más, un fondo misterioso en el que el escritor se adentra casi a tientas. Lo que fascina es la aproximación de Conrad a ese “rincón oculto del alma cuya cortina no nos atrevemos a descorrer. El personaje de Kurtz —como ha escrito Araceli García Ríos en su estupendo prólogo de una de las ediciones españolas del libro— «simboliza la fusión de las tinieblas de la selva con la oscuridad del interior del ser humano». Un gran escritor, y Conrad fue de los más grandes, es siempre un hombre valiente, alguien que se arriesga a dar ese último paso, el que otros no se atreven a dar, en el territorio de las sombras. «La selva le había susurrado cosas sobre él mismo que él no conocía…».”
“Tengo algunos amigos a los que quiero bien que no presentaría a nadie respetable. Con Dar me sucede algo parecido: no debería recomendarle a nadie ir allí. Pero a mí me gusta, ¡qué demonio!”
“Donde hay un deseo, hay siempre un camino.”
“Mientras la mayoría de los hombres cabalgamos sobre la vida a duras penas, zarandeados por la fortuna o la mala suerte, hay algunos, muy pocos, que saben diseñar su propia existencia.”
“Lo mejor de los viajes es ver paisajes que te hipnotizan y encontrar hombres que te sorprenden.”
“En cualquier caso, el Congo es un río literario, quizás el más literario de todos los ríos
“Al fin había llegado a sus orillas. No hay emoción más intensa para un hombre que la que produce el cumplimiento de un propósito y, después de tantas semanas de vagabundo en África, estaba junto a las aguas del río Congo.”
“Donde hay un deseo, hay un camino».”
“no hay nada que estropee un europeo que no pueda reparar un africano, y no hay nada que construya un europeo que no pueda destruir un africano.”
“Todos los días sucede algo distinto en “este río —dice—. Y cada día aprendemos algo nuevo sobre él y nunca sabemos nada. Es como nuestra vida: aprender para no saber. El río no tiene lógica».”
“Viajar prolonga tu vida, la llena de rostros y paisajes, de cantos de otras voces y de horizontes que ignorabas. Conoces hombres cobardes que deben vivir una vida valiente, y hombres valientes obligados a vivir como cobardes. Se derrumban tus viejas ideas y nacen otras nuevas. «Viajar —escribió Aldous Huxley— es descubrir que todo el mundo se equivoca”
“Un largo viaje es también una suspensión en el vacío, por eso crea en ti una sensación de eternidad. El viaje es un espacio en permanente movimiento donde sólo parece detenerse tu propio tiempo interno. Observas, como un voyeur impúdico, cuanto sucede a tu alrededor, y a la vez te implicas, te asombras, te estremeces, sientes la ternura “de los hombres y también el temor a lo imprevisto: te observas mientras miras fuera de ti.
Y viajar es también una forma de crear, porque retienes cuanto ves y cuanto oyes, en la memoria y en la retina, para intentar más tarde interpretarlo, como si fueras un artista, un pintor frente a los colores, frente a los rostros y las formas, un músico abierto a los sonidos, a las voces y los ritmos, o quizás y al fin un poeta. El viaje nos convierte en seres libres, hace posible que nos veamos detenidos en el espejo del tiempo mientras el mundo corre a nuestro lado. Creo que algunos, y ese es mi caso, no viajamos para escribir luego, sino que encontramos en la escritura un hermoso pretexto para viajar siempre.
Y viajar es bailar, como bien dicen los chichewas, acompasar tu paso al de los otros, girar en el vacío siguiendo los sonidos y los ritmos que no conocías antes, sordo a todo “aquello que no sea el son de una canción ignorada. Ese es el ritmo de Conrad y de todos los grandes escritores: danzar dándole la espalda al miedo, seguir adelante sin temor, escribir sobre lo que despierta tu pavor y al mismo tiempo aviva tu fe en los hombres, hurgar en lo desconocido con el dedo de la audacia. ¿Acaso hay algo más libre que bailar?”
Pasaje de: Reverte, Javier. “Vagabundo en África.” ePubLibre, 2000-01-01. iBooks.