Este es uno de esos libros que te enseñan un poquito siempre, a pesar de ser una historia sencilla y hasta triste; no me sorprende, dada la época en que fue escrito (1938)
A pesar de esa distancia en el tiempo, me atrevo a decir que fue uno de los primeros -si no el primero- libros que leí con temática romántica. No solo eso, sino que era el comienzo de una historia de amor, ese momento en que se siente algo más que amistad por alguien del sexo opuesto pero no se está del todo seguro qué es, por tanto, comienza el miedo, que no es más que puro desconocimiento.
Este libro está ambientado en esa época, en la Rusia comunista. Sin embargo, su contemporaneidad está dada por la evolución de sus personajes, dos amigos de infancia (Tania y Filka) que comienzan a ver la vida diferente a medida que inician su camino hacia la adolescencia.
Siempre me deja con un sabor agridulce en la boca, haciéndome recordar y añorar momentos del pasado. Por otro lado, me enseñó que la vida es un cambio constante, y que de todo lo que nos rodea debemos aprender, especialmente de las personas que entran y salen de nuestras vidas.