Un titipuchal de no tan desiguales historias (ninguna desluce, aunque no todas las narraciones son extraordinarias), donde, como dice Antón Castro en el prólogo, "...hay todo un inventario de pesadillas con callarero extraordinario, que puede ser vampiro, cazador de dragones, extraterreste, ángel custodio, fantasma o un tipo ordinario que nos revela el otro foso de la imaginación y la conciencia poética del sueño. Todos avanzan ante nuestros ojos con naturalidad y nos dejan temblando en un espacio intranquilo donde las fuerzas tenebrosas se agigantan a su antojo".
Agrupados bajo la clasificación de Audaces, Etéreos, Fabulosos y Errantes, estos relatos son bastante disfrutables.