Pixie me encontró un fin de semana en Ghandi. En el bulto de novedades. Mi madre tenía pocos meses de haber fallecido. Tenía algunas semanas de haberme separado de mi en ese entonces esposa. Cada vez encontraba mi trabajo menos satisfactorio y triste. Estaba hecho una mierda de persona. Y luego llego Pixie. Y en una noche entre semana lo leí todo. Y me reí, y llore y me reí más mientras lloraba.
Me di cuenta que aunque me sentía tremendamente solo, no lo estaba. Afuera, en el mundo había más pendejos como yo. Enfocados en el auto sabotaje. En los líricos de Roger Waters. Y todo fue diferente.
La primera y la segunda vuelta estuvieron muy cerca y no estaba en una posición de hacer realmente una crítica formal. Sin embargo algunos años después en una tercera vuelta me doy cuenta que lo que tanto me había gustado ahora me parece tonto. Creía que una ausencia de estilo literario era algo genial, pero ahora me doy cuenta que esa falta de forma es el estilo literario en sí. Mi punto de vista ahora es diferente, me gustaría pensar que es porque he crecido, madurado, y que eso cambia totalmente la perspectiva.
Me parece un libro esencial para mi generación.
Lo voy a leer una vez al año de aquí hasta que las hojas sean aún más amarillas, el lomo se desgaste y las letras se borren.