Su calor amaina hacia mí en puerto seguro. Regresa. Qué bueno que regrese. Esta es la última vez. Pensé que no volvería a verla, a tenerla acostada entre mis senos, bebiendo mi sudor, dejándose acariciar las alas por mis lágrimas. Solía necesitarme. La mariposa. Ahora yo la necesito a ella.