El cirio temporal presentado en la película Avengers Endgame, plagado de incoherencias, podría calificarse, desde cierto punto de vista, como un acierto más en la adaptación de su universo comiquero. Hay mucho de eso en los tebeos Marvel, y, como ocurre con la película, a los aficionados nunca ha parecido importarnos mucho. La serie clásica que aquí nos ocupa no da ocasión, en todo caso, para buscarle esas cosquillas. Estamos hablando de una de las grandes historias de superhéroes en las que el protagonista es el tiempo, pero el ritmo es tan acelerado, se cuentan tantas cosas y de forma tan laberíntica, que no apetece pararse a atar cabos. Como ocurre tantas veces con las grandes historias, todo pivota en torno a un supervillano, que resulta ser el auténtico protagonista. Aquí ese papel les corresponde a Kang y a su futura encarnación, Inmortus.
Dadas las posibilidades que plantea el escenario, Kurt Busiek y Carlos Pacheco dan rienda suelta a su devoción por el trabajo de Steve Englehart, quien inició, para muchos aficionados entre los que me cuento, la mejor etapa de los Vengadores. Tanto las visitas a distintos puntos del pasado como los soliloquios del gran supervillano vuelven una y otra vez a aquella época. Busiek intenta cerrar todos los hilos sueltos que se han ido acumulando, desde su primera aparición, en la enmarañada progresión del señor del tiempo, y Pacheco, apoyado en Jesús Merino, su mejor entintador de siempre, se luce con la amplia gama de personajes y situaciones clásicos a su disposición.
Lo cierto es que este cómic a veces me parece un tres estrellas, por la pesante densidad en guión y dibujo, y a veces un cuatro, por lo bien que presenta a los personajes, lo entretenido de la epopeya y el congruente cierre de toda la trama.
Un tebeo que, como aficionado, me divierte de verdad, porque no dejan de ocurrir cosas, porque los personajes elegidos dan muy buen juego y porque es, en sí mismo, un guiño continuo al lector viejuno. No sé si un recién llegado se enterará de mucho, pero a este aficionado de la generación Vértice, años después, la lectura, segunda ya o tercera, le ha vuelto a gustar.