Todos aquellos románticos que creen que Gutenberg inventó la imprenta como un medio para transmitir cultura, están muy equivocados. La imprenta fue inventada para “piratear” la cultura, algo muy diferente, que se encontraba en los libros de “scriptorum”, o sea, todos aquellos hechos con amanuenses que transcribían un libro a mano para sus clientes. Obviamente los precios eran exorbitantes, pero la imprenta Gutenberg podía sacar varios de ellos al mismo tiempo. De hecho, el libro fue el primer producto de fabricación masiva en el planeta. El libro Gutenberg no es artesanal.
Es así que la industria del libro siempre ha estado marcada por la búsqueda de lo comercial (si un libro no lo compra nadie, entonces no tiene demanda) y el Bestseller, o el mejor vendido, se convertiría en el sostén de la industria hasta ahora.
Los exquisitos literarios consideran que estos libros ―por lo regular novelas ―son solo divertimentos intrascendentes, burdos y vulgares, que no ofrecen más que escapismo a sus lectores. Y puede que tengan razón… hasta que no la tienen.
El Bestseller nace como concepto en los Estados Unidos, un país que no sacraliza al libro, sino que lo considera, de entrada, otro producto comercial más. Sin embargo, todos sabemos que la literatura va más allá, porque la prosa, en especial, no es solo entretenimiento, sino también un estupendo vehículo para las ideas y las filosofías. Las visiones del mundo, de la gente, llegan empaquetadas en forma de una historia que nos puede atrapar o que, por el contrario, nos pueden llegar a repugnar. Sin embargo, fueron los Estados Unidos los primeros en lograr algo: hacer accesible el libro al público en general.
En Gran Bretaña, por ejemplo, el concepto de Bestseller les asqueaba. La idea de ellos era que colocar en una jerarquía a un libro, solo porque era el más vendido, influía negativamente en los lectores, haciendo que se centraran en un solo árbol cuando había todo un bosque. Por otra parte, en Gran Bretaña, el negocio del libro no era de la editorial hacia los lectores, sino de la editorial a los intermediarios. En otras palabras, el libro era muy caro (pero MUY caro) y no todos podían darse el lujo de comprarlos. Pero las bibliotecas y ciertos negocios sí los compraban para luego RENTARLOS a sus lectores (durante algún tiempo ocurrió en México algo así con las revistas y las historietas). Así que hasta bien entrado el siglo XX muchos ingleses estaban afiliados a bibliotecas públicas y privadas donde obtenían sus lecturas.
Este estupendo libro nos da todo un tour por el mundo del Bestseller, conoceremos (o reconoceremos) a muchos escritores consagrados y otros olvidados que vendían millones de copias (o que siguen vendiendo). Cuando yo estaba chico, en casa de mis dos abuelas podía yo ver montones y montones de literatura, gente como A. J. Cronin, W. Somerset Maugham, Ernest Hemingway y obras como El Pozo de la Soledad, La ciudadela y La isla de los hombres solos me eran bien conocidas (conocidas solo por la portada y la contraportada, claro) y en mi propia casa había muchos libros de Irving Wallace (El hombre, La palabra, El almanaque de lo insólito, el premio nobel entre otros) un bestselerazo de aquellos que ya prácticamente nadie conoce, pero que en su tiempo ganaban la lana del mundo (como hoy Stephen King, John Grisham o Dan Brown).
Entenderemos como estos escritores suben hasta las nubes y bajan hasta el olvido (aunque no todos), entraremos en la discusión de si debe llamárseles a estos libros “Bestsellers” o “Fastsellers” y entenderemos el porqué de su fugacidad editorial. Pero además veremos cómo estas obras son el espejo de la época que las creó y como la literatura popular ha gestado verdaderas obras maestras que se han convertido en clásicos.
Es interesante ver como el futuro del libro se está pareciendo mucho al pasado y lo nuevo que nos llega con el libro electrónico no es tan nuevo como parece.
Creo que no se puede entender la cultura, cuando no se ha entendido bien al mundo del libro, y esta pequeña introducción, en lo particular, es un buen comienzo para ello.