Letal en el epigrama: aquella frase «imperecedera en medio de todo lo que cambia» de la que Nietzsche habló. Rebelión contra la herencia platónica y su disociación del cuerpo y el alma. Encomio de la excelencia femenina, apegada al concepto, heroica, elocuente en su hermosa —y temible, y envidiable— corporeidad. Homenaje a Virginia Woolf. Una fiesta en donde se escuchan ecos de Lhasa, del apego por la maldad en Baudelaire y del canto poético en Lorca. Algo parecido a un paraíso para el autor de "Lolita", "Estar enfermo" no es sólo la sublimación de la fiereza o la soberbia adolescentes; es expresión de un desaliento en una autoridad cuya lengua jamás es afectada. Para la que el erotismo se construye sólo a partir de pistas de veras sutiles: en ocasiones erigido como un lamento por el desdén, la ausencia, la pérdida o la culpa, aquí el verso es habilidoso cuando se trata de someter dulcemente al lector. Como el amante que se limita, feliz, a seguir instrucciones.
El concepto que envuelve este poemario es brutal y terrible. Me habría gustado leer mucho más, que se desarrollara mucho más esas ideas que nos invaden cuando la buena literatura se nos pega en los huesos y nos hace estar enfermos. Sin duda alguna Luna es de mis escritoras y poetas favoritas. No hay manera en que algo de su literatura me deje indiferente, por lo que no podría decirles más explícitamente que deberían ir a leerla ya mismo.
La manida retórica en la cual la enfermedad (espiritual, que la enfermedad médica no produce arte ni hace artista a nadie per se) es encantadora (y consumible), porque individualiza y hace mártir al artista, está sólo bien cuando no es elegida (Mishima no eligió ser un samurái en el siglo XX [es decir, un verdadero chiflado]), cuando no es antiartísticamente natural (ser tuberculoso, por ejemplo, no hizo mejor a Kajii Motojiro: sólo le dio el tema a su prosas poéticas) o no al menos conscientemente (la sífilis del morboso Baudelaire, según Sartre). Esto es pose, lágrima de cocodrilo o vulgar realidad de paciente: «Las imágenes que se agrupan en torno a la enfermedad muestran cómo surge la idea moderna de individualidad, idea que adquiría en el siglo XX una forma más agresiva, si bien no menos narcisista.» (Susan Sontag).
Entre 2006 y 2008 yo tenía entre 14 y 16 años. Creo que es la única etapa en mi vida en la que me he aventurado a escribir poesía. Por eso, leer el primer poemario de Luna Miguel me ha recordado a esa jovencita intensa, tan sinvergüenza como inocente, tan romántica como rebelde. Yo dejé de escribir poesía cuando se me pasó la efervescencia adolescente, pero estoy deseando seguir creciendo en los versos de Luna con Luna.
"De la poesía espero maldad". Maldad y más se encuentra en estos versos, ese núcleo de humanidad caótica se siente transparente acá. Ha sido interesante leer los libros de Luna en desorden, llegar a este después de haber pasado por los que publicó después, es un viaje a ese espíritu fogoso y crudo pero más rústico.
En realidad es un 3.5 Hay algo atrapante en la escritura de Luna Miguel. Si bien, no todos los poemas me encandilaron, tuve mis predilectos, hay algo que te provoca seguir leyendo. A modo personal, me parece que Luna tiene una escritura que juega con los aspectos sexuales, íntimos y crudos de la vida. En este caso en particular, la literatura es como una enfermedad. Lo que sí, lo sentí corto, a decir verdad.
Siempre Luna tan cruel, tan sincera, tan visceral. Me fascina como en un libro tan pequeño se desnuda y habla de mil cosas. Y sobre todo me encanta como su bibliografía queda expuesta como en un anaquel hecho de versos.
Decepcionante, esperaba bastante más. Teniendo en cuenta la edad con la que escribió el libro hay versos y poemas interesantes. Un poemario no muy enfermizo pero que me hace pensar sobre cómo iniciaron en la poesía algunos poetas de esta generación...
"Poema y cigarro" es un texto que me ha inspirado para escribir. Me ha hecho reinterpretar la idea de la que la autora parte y me la he llevado a mi terreno. Ya solo por eso, la lectura ha valido la pena.
Tal vez si hubiera escogido este libro como primera lectura para descubrir a Luna, lo habría disfrutado más (ya que tras la experiencia fascinante que supuso leer "Poesía masculina", encontrar algo que me guste tanto es difícil). Aún así, este poemario tiene versos realmente buenos y que son capaces de impactar al público. Un muy buen ejemplo de poema realmente potente y mordaz es "Musa enferma" (uno de mis favoritos de esta obra), pues soy capaz reconocerme en ese "enemiga de tu propio verso" del que habla Miguel.
Siempre es un placer leer a esta autora y espero ansiosamente lo que nos va a regalar en apenas un mes.
Tal vez nunca debió ser publicado. Lo que rescato de este libro es que llega a ser esperanzador para quienes estamos empezando en al literatura, porque demuestra que ningún autor nace aprendido, que todos somos malos al comienzo y vamos mejorando en el camino. Igual, leeré más a Luna, no me quedo con este.
La temática me parece increíble. Me recuerda (machoreferencialmente) a Federico Nietzsche, en el inicio de la ciencia Gay. Me dejó con ganas de más y de leer a Woolf. Lo único criticable de manera negativa es la brevedad del poemario, me dejó con mucha, demasiada, sed.
Es difícil decir demasiado sobre un libro tan exacto, tan preciso, tan hermoso, como lo es este Estar enfermo de Luna Miguel. Es una imagen disparada directo al cerebro de quien lo lee. Quizá la mejor forma de describirlo (si acaso fuere posible describir lo que solamente se debiera experimentar), sea esta: Comenzar a leerlo es no poder dejar de hacerlo hasta acabar, porque es un goce de principio a fin sin posibilidad de pausas.