Esta es la historia de cómo dos personas que viven en distintos puntos del mundo acaban encontrándose.
Por un lado está Jake, un joven de ascendencia británica, nacido y criado en Hong Kong, cuya vida cambiará una noche de Año Nuevo, cuando él y su novia se vean envueltos en un terrible incidente. Por otro lado está Stella, una mujer en constante huida de un pasado que le impide disfrutar de la vida o echar raíces en algún lugar. De ahí que la única persona que realmente la comprende es su hermana Nina, con la cual comparte un complejo y poderoso vinculo. Jake y Stella quieren escapar de sus vidas, y el destino hace que coincidan en un pequeño hotel de Escocia.
Siempre diré que me fascinan los autores y autoras que son capaces de hacer historias interesantes a partir de tramas sencillas y asépticas, sin grandes giros de guión o sorpresas argumentales, tan solo valiéndose de su buen hacer literario y de la manera en que manejan a los personajes. Y creo que una de las autoras contemporáneas que mejor sabe dar en el clavo en este aspecto es Maggie O’Farrell. Es la tercera novela de la autora irlandesa que leo después de sus trabajos históricos en “Hanmet” y “El Retrato de Casada”, y la verdad es que ya tenía muchas ganas de conocerla en su faceta más contemporánea. Y tengo que decir que la experiencia, a grandes rasgos, ha sido positiva. Pero tampoco ha dado lugar a una lectura que me haya emocionado, especialmente. De hecho, yo diría que de las tres novelas que llevo leídas de O’Farrell, “La Distancia que nos Separa” es probablemente la que menos me ha gustado. No me ha parecido mala ni me ha desagradado especialmente, y ha habido muchos momentos en los que la he disfrutado, y creo que es interesante por muchos motivos. Pero tampoco me ha emocionado y en muchos tramos de la lectura he sentido cierta indiferencia hacia lo que me estaban narrando y sus protagonistas.
En primer lugar, creo que todo esto puede deberse a que estamos ante la tercera también). Novela de la autora y aún se percibe en su prosa cierta inmadurez. Después de haber leído sus últimos trabajos, tengo la impresión de que en este Maggie O’Farrell aún estaba conociéndose y probándose a sí misma como escritora. Y en segundo lugar, creo que la narrativa de la obra favorece el que sea muy difícil poner el foco en elementos concretos de la misma. Y es que si algo caracteriza esta lectura son los constantes saltos en el tiempo que la sazona. En un momento determinado, podemos estar leyendo lo que le está pasando en el presente ayer, para inmediatamente saltar a los recuerdos de la madre y la familia italiana de Stella y Nina, para luego transportarnos a la traumática infancia de estas dos Hermanas. Y esto da lugar a una lectura que a veces resulta no tan liosa como inconstante. El lector está obligado a leer por este aspecto “La Distancia que nos Separa” con algo de concentración, y hay que hay momentos en que pasas de un lado al otro, y sí que puede costar un poco ubicarte al principio. Además, en general, me ha dado la impresión de que las diferentes tramas y personajes de esta historia no terminaban de estar bien hilvanados unos con otros por este aspecto,. Y es que la idea no es mala, ni está especialmente mal ejecutada. De hecho, hace que la lectura sea muy original y ayuda a que podamos poner el foco en un amplio abanico de personajes y por eso mismo para mí lastra demasiado a los personajes en no pocos momentos de la lectura. Impide que muchos de ellos puedan desarrollarse con cierta eficacia. Y es que si algo me gusta de O’Farrell es la sencillez y la rotundidad con la que sabe caracterizarlos, cómo puede hacer caracteres definidos, dentro de su sencillez, marcados por las circunstancias que les rodean y por sus personalidades, creíbles en su simple y contundente humanidad, y como, además, sabe hacerles cercanos al lector, por la manera que tiene en meterse en sus almas y en sus mundos. Y todo eso es algo que me ha faltado con los de este libro a grandes rasgos. Me han parecido que se quedaban a medio gas que, que les faltaba fuerza y caracterizaciones más definidas e interesantes. Además, la autora no solo se centra en la pareja protagonista, también pone el foco en sus núcleos familiares y sus padres y abuelos. Es verdad que todo eso da al contexto personal de Jake y Stella mucho volumen, enjundia e interés, ayuda no poco a entender de dónde vienen estos dos y hacia dónde van. En el caso de Stella, en concreto, creo que este viaje a sus raíces está soberbiamente bien llevado. Pero en lo que toca a Jake, por el contrario, siento que esta parte queda bastante enfocada y que no se le otorga la importancia que debería haber tenido si se tiene en cuenta que si le proporciona a Stella. De hecho, para mí las partes en las que tomaba el testigo. La abuela de Jake me han resultado absolutamente innecesarias, siento que no aportaban nada a la novela, y eso me ha parecido una pena, porque ese arco me parecía bastante interesante y me quedo con ganas de que la autora lo hubiera explorado más.
Dicho todo esto, también le reconozco a “La Distancia que nos Separa” sus cosas buenas. Y es que con otro autor este libro hubiera sido bastante más aburrido y sobrio, hubiera hecho aguas por doquier al poco de iniciarse. Pero con Maggie O’Farrell nos encontramos con una historia que lleva a buen puerto y que se luce en todo lo que muestra sin palabras. La escritora nos habla del peso del pasado en todos sus sentidos: tanto en lo que concierne a las raíces familiares y a la educación y cultura entre las que pasamos nuestros primeros años de vida, como a los errores que nosotros mismos cometemos y que acaban afectando directamente a nuestro presente. Y todo eso, pasado, presente y futuro, forman en “La Distancia que nos Separa” una suerte de efecto mariposa que hace avanzar el argumento. Stella y Jake emprenden huidas hacia adelante que no pueden obviar, pero tampoco van a poder ignorar que deben aprender a tomar las riendas de su destino y del momento presente. O’Farrell presenta a dos personajes que, por diversos motivos, están distanciados del resto del mundo e inmersos en su propia realidad, y poco a poco deberán llevar a cabo un viaje geográfico y emocional para aprender a conectar con ellos mismos, con el resto del mundo y el uno con el otro. Y todo eso nos llevará a una disertación sobre la individualidad y la independencia y las relaciones afectivas que, como se señala en la sinopsis que aparece en la contraportada de este volumen, son un Leit Motiv típico en la bibliografía de esta escritora. Y que se llevara a cabo de una manera sencilla y directa pero no carente de su propio lirismo humano; emotiva por lo sutil que es y por como O’Farrell lo maneja sin caer en lo tópico o lo predecible, sin precipitarse en moralismo vacíos y condescendientes. Con ella todo es cercano, humano y orgánico. Y por ello también impredecible y lleno de momentos que sorprenden.
Sí, ha habido cosas, como he dicho antes, que me han parecido bastante mal hilvanados dentro de la narración; y momentos que pretendían resultar impactantes y no lo han conseguido, junto a situaciones que, sinceramente, me ha parecido un poco salida del tiesto y no me he terminado de creer. Pero también me quedo con ese alegato de la individualidad del ser humano y como esto no tiene porque impedir que conecte con otros. Y también con la forma en que O’Farrell pone sobre la mesa el peso de las relaciones familiares y de las raíces, la forma en que habla del sentimiento de desajuste, soledad y desarraigo que genera encontrarte en un país o un entorno con el que culturalmente no tienes apenas nada en común, diferente a la realidad con la que te has criado, lo duro que puede ser estar etiquetado como miembro y parte de una nacionalidad que no es la del lugar en el que vives. Y sobre todo, con una relación amorosa, que nace de distanciamiento entre los personajes y todo lo que se ven obligados a callar, que puede parecer precipitada a ratos. Pero en otros aplaudo la sensibilidad de la autora para encauzarla, para darle potencia y hacer que poco a poco vaya tomando forma.
No va a pasar a la historia como mi novela favorita de Maggie O’Farrell. Pero no por ello ha disminuido mi interés en leer todo lo que ha escrito esta señora, mi admiración hacia su manera de narrar y las ganas que tengo de seguir leyéndola.