A ratos, este texto resultó árido porque, francamente, al aludir a tantos ejemplos para mostrar los rasgos distintivos de las denominadas por él, sectas destructivas, uno se perdía.
Nunca pensé leer al satanizado Rodríguez, que ahora parece haber desaparecido del mapa. Él, como esos diablillos ateos de los que uno debe rehuir por sus blasfemias, era para mí un autor maldito. Por esta razón, no había querido revisar su libro, empero, cedí porque cambié en estos años y ante el nulo debate sobre el tema que ha habido en México, decidí emprender su lectura. Realmente, lo considero un buen texto sobre la materia y desearía que lo leyeran nuestros legisladores para zanjar esta cuestión, donde la academia, cuando no ha ninguneado la discusión sobre el tema, ha preferido condenar el término de "secta" porque es "hacerle juego" a la iglesia católica romana. Considero que ambos enfoques son erróneos y un libro como éste ayudaría a despejar muchas dudas sobre el tema: no se condena la libertad ni religiosa ni de asociación, sino los actos que so capa de estos derechos, se realizan por las sectas destructivas: prostitución, maltrato y abuso infantil, e incluso homicidios.
Considero que si, vive todavía el autor, debería hacer una reedición de este libro, justo ahora donde incluso algunas sectas son reivindicadas como los Raelianos, o se ve el tema con recelo, por creerse que ese fenómeno ya no ocurre en nuestra época, sumamente descreída. Recomiendo su lectura.