"A veces deberíamos recordar la extraña valentía de aquellos en la segunda fila, aquellos que se niegan a darse por vencidos cuando las noches son oscuras, largas e insomnes, y los días no parecen tener fin".
De Bukowski se pueden decir muchas cosas, pero falta de constancia no es una de ellas. Cada año se suelen descubrir escritos del autor que habían quedado olvidados en cajas polvorientas. En Europa, Bukowski siempre ha sido conocido por sus cuentos y novelas, mientras que en Estados Unidos fue considerado un poeta maldito. A pesar de haber luchado contra viento y marea durante muchos años, alcanzó el éxito casi en la etapa final de su vida, en gran parte debido a una casualidad, como suele suceder en la vida. Los poemas de Bukowski reflejan lo que ya conocemos de sus novelas, sin duda forman parte de su esquema principal para crear historias suburbanas, etílicas, delirantes, humorísticas, crudas y a veces tiernas. Siempre he tenido el eterno debate sobre cómo una persona que se suponía que tenía problemas con el alcohol pudo escribir tanto durante tantos años; realmente no deja de sorprenderme. Es cierto que muchos de sus escritos pasaron por innumerables correcciones, como se puede ver en sus cartas.
Sin embargo, su influencia es indudable, no solo en la cultura popular sino también en la literatura. Al igual que Carver, Bukowski trazó el camino para toda una literatura concentrada en la poesía, y de ahí surgió todo. Leí este poemario en una noche, una noche efectivamente insomne, y no podría haber habido un mejor ambiente para disfrutar de este gran recopilatorio.
Bukowski fue el escritor de los perdedores, especialmente para aquellos que se sentían perdidos. Un autor que, curiosamente, parece que nadie quiere admitir que lee, pero que casi todo el mundo ha leído. Si algo sé con certeza sobre Bukowski es que, el muy cabrón, sabía boxear con la poesía.