Una noche de otoño, unos pescadores descubren un cadáver en la playa del Chivo, en La Habana. La víctima, Miguel Forcade Mier, ha sido asesinada con una saña brutal, casi inexplicable. Este crimen removerá una antigua trama de corrupciones y viejas ambiciones frustradas, ya que, en efecto, en los años sesenta Forcade había dirigido oficialmente las expropiaciones de bienes artísticos requisados a la burguesía tras la Revolución. Pero, después de acumular poder, influencia y, seguramente, no pocas envidias y resentimientos, en 1978 Forcade decide, sin motivo aparente, sumarse al exilio de Miami. Sin embargo, poco antes de su asesinato, había vuelto misteriosamente a Cuba, casi como si hubiera querido recuperar algo muy valioso y cuya existencia solo el conocía. . .
Leonardo Padura Fuentes (born 1955) is a Cuban novelist and journalist. As of 2007, he is one of Cuba's best known writers internationally. In English and some other languages, he is often referred to by the shorter form of his name, Leonardo Padura. He has written movie scripts, two books of short stories and a series of detective novels translated into 10 languages. In 2012, Fuentes was awarded the National Prize for Literature, Cuba's national literary award and the most important award of its kind.
Leonardo Padura nasceu em Havana, em 1955. Licenciado em Filologia, trabalhou como guionista, jornalista e crítico, tornando-se sobretudo conhecido pela série de romances policiais protagonizados pelo detetive Mario Conde, traduzidos para inúmeras línguas e vencedores de prestigiosos prémios literários, como o Prémio Café Gijón 1995, o Prémio Hammett em 1997, 1998 e 2005, o Prémio do Livro Insular 2000, em França, ou o Brigada 21 para o melhor romance do ano, além de vários prémios da crítica em Cuba e do Prémio Nacional de Romance em 1993. Sua tetralogia Las cuatro estaciones, com histórias do detetive Mario Conde, começou a ser publicada em inglês. Os livros são: Pasado perfecto ("Havana Blue", 2007), 1991 Vientos de cuaresma ("Havana Yellow", 2008)), 1994 Mascaras ("Havana Red", 2005), 1997 Paisaje de otoño ("Havana Black", 2006), 1998. Padura publicou também dois livros subseqüentes apresentando o detetive Conde: Adios Hemingway e La neblina del ayer Neste momento, Padura está a finalizar um romance em que os protagonistas são o revolucionário russo León Trotsky e o seu assassino, Ramón Mercader. Livros de Padura editados em português (Portugal, Edições ASA) Adeus, Hemingway Morte em Havana (Máscaras) A neblina do passado Paisagem de Outono O Romance da Minha Vida Um Passado Perfeito Ventos de Quaresma
Después de una purga que remueve a su jefe, Mario Conde se decide y pide el retiro; su nuevo jefe lo condiciona a que resuelva el último caso: un ex - funcionario exiliado, vuelve a Cuba, y es encontrado muerto y castrado. Mientras, se espera la llegada del huracán Félix. A medida que Conde avanza en su investigación, siente que se va cerrando un ciclo de su vida.
Este fin de etapa, coincide con el último libro de la saga de Las cuatro estaciones que escribió Padura, aunque Conde, ya retirado, vuelve a aparecer en algunos de sus libros posteriores.
This is the second in a trilogy of police procedurals set in Havana. The story is as much or more about the hard drinking, womanizing, detective and his group of friends as it is about the investigation. I am not sure why I want to finish this trilogy. I dislike the characters. I find the resolution of the investigations less than satisfying. But the writing, the story-telling ability of Padura, keeps me coming back. 3.5 stars
Leer a Padura siempre es un placer. Paisaje de otoño es la cuarta novela de la saga protagonizada por Mario Conde, aunque la tercera que leo. Quizás, por esto mismo de ya haber leído otros textos de la serie no me haya sorprendido tanto, pero aún así esta se trató de una lectura como siempre altamente disfrutable.
Lo más destacable de Paisaje de otoño tal vez no sea la historia policial. Un hombre es encontrado muerto (brutalmente asesinado), y eso lleva al protagonista a desentrañar una serie de intrigas, rencores y estafas previas siquiera a que la víctima hubiera nacido. En cambio, lo que yo más valoro de esta novela, y de todas las que he leído de Padura, es su forma de narrar. Su estilo es impecable, certero, preciso, muy particular y poético. A veces, y en realidad es en gran parte de la novela, lo que Padura nos cuenta no pasa exclusivamente por la trama policial. Por el contrario, Paisaje de otoño abunda en reflexiones sobre Mario Conde, sobre la ciudad (La Habana), sobre sus compañeros y los miedos y fantasmas que lo persiguen. Conde no quiere seguir siendo policía, pero al mismo tiempo parece difícil que lo deje de ser, por el empeño que pone en su trabajo y el compromiso que tiene para que los hijos de puta (así se refiere él a los delincuentes que persigue) no queden impunes. Conde es un personaje empapado de tradición políciaca, pero que alcanza una personalidad propia gracias a la maestría de su autor para delinear su personalidad.
Another difficult, downbeat, alcohol-fuelled, existentially-challenged detective: this time, a Cuban. Mario Conde is a policeman in a Havana force that is facing a period of change and uncertainty. He has decided to resign from the police, and this is his last case. The crime concerns the murky murder of a former corrupt state official charged with expropriating the property of the wealthy Cubans who fled the Castro regime in the early 1960s. But this is in some ways a diversion from the main business of the book, the portrayal of Conde and his tight band of old friends trying to survive and retain the warmth of human relationships in a system that's seizing up. An elegiac tone pervades the story - a longing for lost loves, failed or forgotten aspirations (Conde, for example, dreams of being a writer), as Havana prepares for the imminent Hurricane Felix. For the non-Cuban reader, Paisaje de otoño (translated into English as Havana Black, Bitter Lemon Press 2006, trans. Peter Bush) gives an insight into the intricacies and intimacies of Cuban life in the difficult period after the collapse of the Soviet Union.
From BBC Radio 4 - Saturday Drama: Lieutenant Mario Conde has been suspended for taking a well-deserved pop at a fellow officer. But Major Rangel is short of staff and has to call Conde in for a case involving the disappearance of a Cuban with U.S. citizenship who has come home to visit his family. The final story in the Havana Quartet.
Quarto appuntamento con Mario Conde, che va a chiudere un anno di indagini, dopodiché decide di dare le dimissioni dalla polizia per dedicarsi alla scrittura (anche se so che poi tornerà, perché la serie di Mario Conde continua, sebbene in un primo momento si sarebbe forse dovuta fermare a questi primi quattro volumi, che costituiscono Le quattro stagioni). In questo caso la vittima è un ex funzionario governativo (lavorava ai Beni espropriati, confiscando cioè in nome del popolo e del suo governo le ricchezze abbandonate dalla borghesia cubana in fuga dalla rivoluzione) che, dopo aver deciso di rimanere a Madrid durante uno scalo di ritorno dall’Unione Sovietica, è rientrato a Cuba oltre dieci anni dopo - con mille autorizzazioni e controllato a vista, anche se poi se lo sono fatto sfuggire, perché l'assassino è riuscito a ucciderlo - per vedere un'ultima volta l'anziano padre malato. L'uomo viveva ormai a Miami in una situazione agiata, ma non abbastanza - invidioso di tutti coloro che erano più ricchi di lui, come il suo capo - e, visto che durante il suo incarico a Cuba si era visto passare tra le mani delle opere d'arte di inestimabile valore, forse la salute del padre era solo una scusa per tornare a recuperare qualcosa... Come al solito, il caso ha una soluzione relativamente banale, che in realtà costituisce solo un punto di partenza per parlare di corruzione e di traffico di opere d'arte e del tradimento dell'ideale rivoluzionario, nella Cuba del 1989.
Luego de un no muy bueno tercer volumen dedicado a las andanzas del detective Mario Conde, vuelve Padura a la carga con Paisaje de otoño... y queda espléndido. La excelente manufactura de la obra me lleva a pensar que la hipótesis vertida en este mismo espacio a propósito del proceso de escritura de Máscaras, consistente en que, hacia el final del mismo, el propio Padura se hartó del tono petulante y sobrado que había asumido y corrigió el rumbo en la medida de lo posible, tiene muchos visos de ser verdad. Tanto así que este volumen se acerca mucho en algunos aspectos, pero de verdad mucho, a los dos primeros de la serie. En algunos. En otros los sobrepasa sobradamente.
¿Qué es lo que hace superior, en muchos aspectos, a Paisaje de otoño, en relación con Pasado perfecto o Vientos de cuaresma? No es el tramado mismo del caso policiaco que, en esta ocasión, es un tanto predecible: cualquier lector despierto —e incluso uno no tanto— se ha hecho una idea, antes de llegar al primer tercio de la novela, de quién es el asesino. No es complicado. Incluso, los esfuerzos de Padura por llevarlo a uno de un lado a otro, por crearle recelos en torno a uno o dos personajes, o por tratar de que uno pierda de vista lo más obvio de todo el asunto, podrían catalogarse como cándidos. O sea que no, por ahí no va. Tampoco va en cuanto al modo en el que están construidos los personajes, por la sencilla razón de que la obra gira alrededor de los mismos de siempre, perfectamente construidos desde el primer momento y ligados, como siempre, a una serie de acciones estables —que, incluso, en algún momento se convierten en un cliché, un lugar común de esos que tienden a incomodar. Porque, ¿cuántas veces puede uno leer sin sentir una cierta molestia lo que le sucedió al Flaco Carlos cuando todavía era Flaco, o lo que hace cuando ya no lo es, o la práctica que tiene Mario Conde para guiar el sillón de ruedas del Flaco/no Flaco? O sea, ¿cuántas veces puede uno leerlo escrito con las mismas palabras, descrito en el mismo tono, contado en la misma secuencia?
Algo de lo que comienza a cambiar es el entorno. Si en las tres primeras obras de la serie hay críticas más o menos veladas al sistema, quejas un tanto disimuladas y señalamientos más o menos claros de los problemas en los que vive Cuba, también Padura tiene mucho cuidado de equilibrarlo con alabanzas plenas al sistema educativo o con las descripciones de las abundantes comidas ingeridas por el Conde y sus compinches. O sea, aunque lo malo aparece por ahí y es notorio, también hay mucho de bueno que aparece al mismo tiempo y que es más o menos similar. Sin embargo, en esta ocasión, la crítica sobrepasa con creces a la alabanza. Parecería como si, de pronto, Padura se hubiera dado cuenta de que esa Cuba en la que se podía vivir con cierto decoro era una mentira, un cuento reservado para unos cuantos —que sí, que siempre aparecieron como tales, como una casta privilegiada, pero convenientemente matizados—, una ficción cómoda para un régimen tiránico. Y, al darse cuenta, no le quedó sino dejar salir a lo otro, lo prohibido, lo transgresor, lo vedado. Dejarlo salir, se entiende, tal y como es, sin tapujos, sin maquillajes, sin compensaciones posibles. Salir con cara de emigrado a Miami, de funcionario ladrón, de sujeto marcado por el sistema. Si bien todavía faltan por aparecer a plenitud los pobres que atiborran la isla, los que tienen hambre, los que se pudren en la cárcel por cuestiones políticas o los desesperados que vagan sin rumbo fijo de este a oeste, el camino parece puesto para ello y, como recurso literario, sin duda opera a favor de la credibilidad del texto.
Uno de los elementos que permiten prefigurar alguna especie de cambio en las novelas subsiguientes de la serie se encuentra en el rubro de la emotiviad. Así como suena. En lo conmovedor —y quizá también escuálido— de la trama. En la aparición de personajes y de situaciones que enternecen, que obligan a suspender la lectura y a pensar, una vez más, «hombre, ¡pero qué buen escritor es Padura!». En este ámbito, Paisaje de otoño es decididamente superior a las que la preceden y muestran la capacidad del autor para crear escenas memorables a partir de un conjunto de elementos mínimos: un personaje, un pedazo de diálogo, una actitud. Solo con eso, el autor logra su cometido y convierte a Mario Conde en una entidad literaria entrañable. Lo que no es poca cosa.
En resumen, muy buen texto. No llega al nivel de lo excelso solo por los detalles mencionados párrafos atrás y que, aunque no echan a perder por completo a la trama, sí le restan un poco. No obstante, más allá de eso, el libro es magnífico. Bueno no solo para los amantes de la novela negra sino, creo yo, para cualquier aficionado a la literatura. A la buena literatura.
Pročitao sam JESENJI PEJZAŽ Leonarda Padure. Ključni adut ovog romana jeste zanimljiv kubanski milje koji opisuje pisac JOŠ UVEK nastanjen na Kubi. Sve drugo je u rasponu od korektnog do blago diskutabilnog. Ipak, vrlo je zanimljivo da je Padura uspeo da napiše čitavu seriju krimića o inspektoru Mariju Kondeu i njegovim istragama zločina u Havani, i da u njima zadrži i jednu društvenokritičku dimenziju. JESENJI PEJZAŽ je po mnogo čemu krajnje konvencionalni krimić. Ipak, prepoznatljivo je da Padura ipak želi da se izrazi u formi koja spaja žanr i potencijal da se iskoraći u visoku književnost. Kao i većina pisaca koji se nalaze na pola puta između krimića i mejnstirma, tako i Padura mnogo efektnije elemente plasira kada nastupa iz pozicije mejnstrima. Doduše, sama postavka glavnog junaka koji je umorni pseudo-čendlerovski detektiv a sanja o tome da je pisac upravo dolazeći iz mejnstrim pretenzija stoji kao možda i najveća slabost ovog romana. Ipak, sve ostale slabosti i predvidivosti proističu upravo iz Padurine nedovoljne krimi imaginacije. Srećom, ta zanimljiva dinamika između pisca koji nije napustio Kubu a piše o njoj kritički i prikaz miljea koji ne srećemo često u žanrovskoj književnosti daje zanimljiv rezultat. Samim tim JESENJI PEJZAŽ nije isključivo dragocen primer krimi-egzotike čiji su aduti isključivo vezani za kubanski milje, ali mu ta ekskluzivnost pomaže da pokrije određene nedostatke.
La Havane en automne, l'ouragan Félix est en approche, et Mario Conde a quitté son poste d'inspecteur pour se consacrer dorénavant au rhum et à l'écriture. Mais son nouveau supérieur hiérarchique lui demande de s'occuper d'une toute dernière affaire : un ancien notable, déserteur de l'administration cubaine, en fuite à Miami, a été assassiné alors qu'il revenait passer quelques jours à Cuba pour rendre visite à son père. On a retrouvé son cadavre usé par la mer, les parties génitales tranchées. Qui a fait le coup ? (Oui, c'est tout le temps la même question...)
Le palmarès des suspects est étalé de manière très claire : le roman est court, l'inspecteur s'entretient tour à tour avec chacun des personnages, qui digressent pendant une ou deux pages à la première personne pour parler de la vie, de Cuba, et du baseball. L'intrigue est finalement un peu spartiate, planifiée comme elle l'est ; on dirait une partie de Cluedo, à laquelle on aurait ajouté pour faire beau de longues digressions sur l'art européen et asiatique. Et le baseball. Et les clichés misogynes à tout bout de champ ont fini de me fatiguer. Dans ce petit univers polar et macho, les blondes sont des putes, et les épouses servent du café.
J'ai déjà lu et apprécié Leonardo Padura, mais à cette lecture, le charme n'a pas opéré. Une prochaine fois, un prochain livre.
So now I'm through with the Havana quartet. El Conde is leaving the Police and has to solve one last case, the murder of a Cuban emigré who had returned for mysterious reasons. It is autumn, and everybody is waiting for a hurricane. Not a bad finale, the atmosphere of life in Cuba is really well captured. (So weird after all these years to have people talk and actually sort of believe in "the Revolution".) I admit I'm a little curious how things will continue with our investigator ...
„Man hat uns in die Schule geschickt, in die wir gehen mussten, dann auf die Uni zu dem Studium, das wir absolvieren mussten, und später zu dem Arbeitsplatz, an dem wir arbeiten mussten, alles, ohne uns zu fragen. Und man kommandiert uns weiter rum, ohne uns auch nur ein verdammtes Mal in unserem verdammten Leben zu fragen, ob wir das auch wollen ...“ (Zitat Seite 20)
Inhalt Ein angenehm warmer Herbstabend im Oktober 1989, doch Wirbelsturm Félix rast auf Kuba zu. Einige Tage vor seinem Geburtstag, nach zehn Jahren als Ermittler, ist für den Teniente Mario Conde die Zeit gekommen, seinem Leben eine neue Richtung zu geben. Doch sein neuer Chef, Coronel Alberto Molina, hat einen neuen, politisch brisanten Fall für ihn. El Conde, unterstützt von Sargento „Manolo“ Palacios, muss rasch und sehr diskret ermitteln, nach Möglichkeit unter Einhaltung der Vorschriften. Einige Nächte zuvor war die Leiche eines Kubaners, inzwischen nordamerikanischer Staatsbürger, gefunden worden. Der Ermordete ist Miguel Forcade, ein ehemaliger Vizedirektor im Außenhandelsministerium, der sich 1978 in die USA abgesetzt hatte. Sofort stellt sich El Conde viele Fragen, der Fall interessiert ihn, warum hat man Forcade wieder ins Land gelassen, was unüblich ist. Wollte Forcade tatsächlich nur seinen schwer kranken Vater besuchen, oder hatte er auch noch andere Gründe, nach Kuba zurückzukehren. Forcade scheint eine reine Weste gehabt zu haben, doch der brutale Mord weist auf Rache als Motiv hin.
Thema und Genre Auch in diesem Kriminalroman, dem vierten und letzten Teil des Havanna Quartetts, geht es um das Leben in Kuba 1989, Kunst und Kultur, Politik, die Macht der Parteifunktionäre, Enteignung, Bereicherung, Korruption, aber auch um Familie, Freundschaft und die Sehnsucht nach Liebe.
Charaktere El Conde, über sich selbst: „Er erinnerte sich daran, dass dieser Tag sein offiziell vorletzter als Polizist sein konnte und ganz gewiss sein letzter als Mann von fünfunddreißig Jahren war.“ (Zitat Seite 95) Mayer Rangel über El Conde: „Du bist das Schlimmste, das mir in meiner Laufbahn passiert ist, aber der beste Ermittler, den ich je gehabt habe.“ (Zitat Seite 99)
Erzählform und Sprache Die Wahl der Erzählform, der Teniente Mario Conde ist die personale Hauptfigur, ermöglicht es Leonardo Padura einerseits, zusätzliche Spannung in die Handlung mit den vielen offenen Fragen, Möglichkeiten und Vermutungen zu bringen, andererseits erleben wir die persönlichen Zweifel von El Conde, die Wünsche und Hoffnungen der Jugend, die das Leben nicht erfüllt hat, Erinnerungen und verlorene Träume. Mit El Conde werfen wir jedoch auch einen Blick auf das echte Havanna, die kleinen Lokale, Gassen, Plätze und die Menschen, die sich auf einen gewaltigen Wirbelsturm vorbereiten. Durch die Ermittlungen, die Gespräche und Recherchen wird die aktuelle Handlung nach und nach zu einem Gesamtbild, das weit in die Vergangenheit zurückführt.
Fazit Ein spannender, vielschichtiger Abschluss der Tetralogie, ein Eintauchen in ein Meer von Illusionen. Kuba und die alten, auch nach den Umbrüchen immer noch mächtigen Familien, und El Conde und sein Freundeskreis als die kubanische Generation der Mittdreißiger, die ihr Leben hinterfragt und neue Wege sucht. Ein literarischer, politischer Kriminalroman mit eindrücklichen Schilderungen der Gesellschaftsstruktur und der Lebensumstände in Kuba im Jahr 1989.
I intend to write a more general review of the crime fiction of Leonardo Padura Fuentes. While I'm no expert on Cuban literature I'm going back and forth between Padura and those fellow crime writes, unlike Padura, such as José Latour, who have turned their back on the revolution in order to get a feel for the fictional dialogue that is in motion.
And it is fascinating -- almost, in its own way, unique. If there is indeed a Havana Noir driven by evil and violence -- where is that coming from? What's its root source? I mean, what's the motivation for the criminal deeds?
If you are going to write crime fiction set in Cuba what crimes to you invent to tell your story?
I'm not suggesting that Cuba is free of crime but you'd expect the crime pattern to be a little different from what we may be used to in our comfortable capitalisms. What's also fascinating is how politically engaged these novels are in the way that their narratives are played out within the chronology of the Cuban experience -- the 1959 revolution, the blockade, the Angolan war, Marielistas and the exile community in Miami, etc.
And bearing down, investing the cultural context with a very dark noir, is the impact of "the Special Period" and the consequential growth of income disparities and the Black Market.
So in a remarkable way, Cuba today is ripe for crime fiction because it is ripe for crime in the plebeian way it has not been for some time.
So while we so often associate crime fiction with a sort of decayed cynical capitalism, wherein the state op or the PI explores crime as a symptom of a broader decay, in Cuba the same etiology prevails. And inasmuch as I've read enough stuff to make a ruling, inevitably the criminal experiences there is in part a refraction of Cuba's experience of the festering sore of imperialism which bears down upon the island like an opportunistic vulture -- performing at one and the same time as promised land and the brutal master who can so often only be embraced through some form of corruption.
This isn't so very hard to comprehend. Any Cuban knows that to survive in the belly of the neighbour to the north, you'll need gringo dollars and to accumulate those in Cuba ain't an easy ask.So what you see is this back and forth ambivalence in regard to the US threat and the US promise. It aint easy to primitively accumulate capital in Cuba so exile isn't a easy or necessarily clean way out of the "Special Period".
But embedded among all this is, in the case of Leonrardo Padura Fuentes at least, is the frustrated aspirations of Cuba's 'lost generation' -- those like the post war baby boomers who enjoyed the fruits of the 59 revolution, only to yanker for more of what they cannot quite put their finger on. In that sense, Havana Noir panders to the frustrations and pessimism of a revolution in a sort of historical idle mode.
Leonardo Padura’s Havana Black begins with its protagonist, police detective Mario Conde ‘The Count’, resigning, because he’s fed up with being a cop (he would rather write, even if he is aware that his writing is probably quite mediocre), and because the boss he has worked with all these years has been made to retire. But The Count will not be allowed to leave the stage so easily: he is given three days to solve a recent murder, the killing and brutal castration of a man who had once been a big shot in the Cuban government’s Property Expropriation department, who had defected and has been living in Miami these past eleven years, and who had returned briefly to Havana—only to be murdered.
Find out who killed Miguel Forcade, The Count is told, and you will have your resignation approved.
And so, helped (and hindered) by various people—the dead man’s relatives, including his old father, a much younger and luscious widow, her brother, her friend, and a walking encyclopaedia of art—Conde sets out to investigate.
En route are interesting insights into various themes. The corruption and self-servicing nature of those who held power during and after the Cuban revolution. The frustration and angst of daily life for the commoners in Cuban. The dream of escaping, of going perhaps to Miami—even if Miami is more dross and less gold. Of power, of ambition, of things that might have been, of people trying to eke out an existence against all odds.
For me, this book was one of ups and downs. The murder angle, the mystery about who killed Miguel Forcade and why, began and progressed in an interesting way (the art angle really appealed to me and had me engrossed for a good while)… and then it fizzled out. Yes, there is a resolution, and it makes sense, but it's a somewhat lacklustre resolution, and one which left me feeling vaguely cheated. Also, the route to the resolution isn't terribly interesting: most (not all) of the deductions fall into Conde’s lap, rather than arising from much brainwork on his part.
In addition, some of the digressions—the long speech, especially, at the end, and some bits and pieces here and there—made my attention wander (Padura has a habit of using fairly long sentences, with many clauses included, which isn't very conducive to holding attention). The atmosphere of an approaching hurricane is brilliantly evoked (this was what impressed me the most about this book), and Conde makes for an interesting character, but I would probably pass up a reread of Havana Black.
"Paisaje de otoño" es la cuarta parte de la serie policíaca, protagonizada por el teniente Mario Conde. En esta novela, tal vez más que en las otras tres (le serie tiene cuatro partes que corresponden a cuatro estaciones en la vida de Mario Conde) queda clarísimo que el caso criminal no es lo más importante. Esta no es una novela policíaca clásica. Lo central aquí es lo demás - el relato de la realidad cubana en 1989: la pobreza, la corrupción, la falta de esperanza (y por otra parte la esperanza ofrecida por la emigración ilegal a Miami), la frustración cuando uno se da cuenta de que todas las decisiones en su vida han sido forzadas por el sistema del poder y no tomadas por voluntad propia.
En mi opinión esta cuarta parte es la mejor de la serie y es muchísimo más que una novela policíaca - es literatura de verdad.
Fin de ciclo, último capítulo de la extraordinaria tetralogía de "las cuatro estaciones". En esta novela policíaca llega a su fin el proceso de decisión vital de su protagonista, Mario Conde, rodeado de sus personas queridas y de los que va conociendo durante el transcurso de la acción narrativa. Gran tipo este Conde, son inevitables las referencias paralelas a otro "mitad monje, mitad soldado", el templario Chen Cao de Shanghai, me encantan estos personajes capaces de navegar entre la basura humana y no quedar sepultados por ella, son un grito de humanidad en la ciénaga. Mención aparte tiene el tono semi humorístico en unos caracteres caribeños y entrañables, como no podía ser menos transcurriendo toda la acción en La Habana.
My book club selected this work from a Cuban mystery author I'd never heard of, but was glad to get a taste of his writing. The mystery plot kept my attention and I enjoyed learning more about Cuba via the details. I found the sometimes criticism of the government surprising as I didn't think the "authorities" in Cuba would allow that. What was most interesting, however, was the way this book was written scene-by-scene. I've never read a book written this way.
Mulle oli see teine kohtumine komissar Mario Conde ehk Krahviga. Segased ajad Havanna politseis panevad Krahvi lahkumisavaldust esitama ja kui ta siis seal rummiuimas ja sigarivines ennast haletseb, saabub talle pakkumine siiski veel üks mõrv ära lahendada ... Tegemist on kunagi läände hüpanud endise kõrge riigiamentiku Miguel Forcade'iga, kes on ootamatult Kuubale naasnud, väidetavalt oma haiget isa külastama. Conde kaasab lahendamisse ka oma värvika sõpruskonna, muutes tavalise krimka filosoofiliseks uitamiseks, värve ei hoita kokku ka Kuuba olude kirjeldamisel ning muidugi voolab rumm ja kirglised tunded ... Mulle sobis. "Kellele kukub kookospähkel sülle, sellele kukub ... Ja kellele ei kuku, siis kurb küll, aga tal läheb sitasti, mis teha."
Cerró con broche de oro! Excelente la reflexión sobre el sentido de la vida y la búsqueda de esa felicidad a veces esquiva pero que muchos tenemos al alcance de la mano.
Cierre de las 4 estaciones del detective Mario Conde. La reflexión final sobre las elecciones que hacemos y conducen nuestra vida me parece merecedor de reflexión introspectiva además de estupendo, ya sobre la obra en sí resalto el subrelato sobre el objeto buscado que origina el entramado del crimen a resolver.
It's autumn in Havana, hurricane season and the gathering of many threads in the Havana Quartet. A former high-ranking official in charge of the disposition of property left by the bourgeoise after the revolution has returned to Havana and turned up dead and sexually mutilated. The Count, ready to resign from the police force, is pressured into solving this one last case by his new boss, who has the power to grant him his request or to prolong the agony which is caused principally by the house-cleaning of many corrupt and not a few uncorrupt officers. It's also the Count's 36th birthday. Fuentes' style has always required a balance between pure police procedure and the back story of the Count, his generation and milieu, and the culture of the island under Castro, whose name is never mentioned. In this fourth episode, the balance has tilted almost entirely towards the latter, with distinctly under nourished sleuthing and a bit too much hand-wringing and weak symbolism about death, aging, weakness and the like. Not the best of the lot, but it's still fascinating, if only because it manages to acknowledge the residual class structure, corruption, and arrogance of certain elements on the island.
Το τελευταίο μέρος της αρχικής τετραλογίας με πρωταγωνιστή τον Μάριο Κοντε κ μάλλον το καλύτερο μαζί με τις Μάσκες (3ο βιβλιο), το Havana Black βρίσκει τον ήρωα λίγο πριν τα 36α γενέθλια του κ ενώ η κάτοικοι της Αβάνα περιμένουν τον τυφώνα Felix να σαρώσει την πόλη.
Όπως κ στα προηγούμενα μέρη έτσι κ δω ο Παδουρα γύρω απο ενα θέμα διαφθοράς της κυβέρνησης της Κούβας στήνει ενα περιφερειακό μυστήριο για να εστιασει στο ψυχισμό του ήρωα που προσπαθεί να διαφύγει απ´την πορεία που έχει πάρει η ζωή του, χωρίς να ευθύνεται απαραίτητα αυτός.
Ακόμα κ αν ο Παδουρα τραβάει ανά στιγμές στα άκρα τις συμβάσεις του είδους (δηλαδή ο Κοντε ειναι ένας ακαταμάχητος loser, υπερευαίσθητος κ στον κοσμο του, που φυσικά διαφέρει απ´των υπολοίπων), απολαμβάνω όσο τίποτα τη γραφή του κ ομολογώ πως ενίοτε ταυτίζομαι με τις σκέψεις του. Υπαρχει κατι καθημερινό πάνω του που τον κάνει πραγματικά συμπαθή (ίσως γιατι ο συγγραφέας ειναι αρκετά ταλαντούχος για να φτιάξει ενα χαρακτήρα που μετά απο 4 βιβλια τον ξέρεις πραγματικά καλά).
Απο δω κ πέρα, τα βιβλια με τον Κοντε υπάρχουν στα ελληνικά κ όσο ο ελεύθερος χρόνος μου παραμένει σχεδόν ανύπαρκτος, μπορεί κ να συνεχίσω τις περιπέτειες του Κοντε σύντομα (αν κ αυτο που θέλω πραγματικά ειναι να διαβάσω λίγο Σεμπαστιαν Μπαρι)
Three and a half. Great story. The setting is Havana, Cuba, autumn 1988, in the oppressive days preceding an approaching hurricane. The protagonist is a police detective who loves to read, to drink rum by the bottle, to smoke *lots* of cigarettes, to philosophize, and to listen to great music, both classical and the popular music of his youth. Noir-ish, but another of the more "sensitive", thinking police detectives, like Giancarlo Carofiglio's protagonist, or Andrea Camilleri's. Wonderfully descriptive of the atmosphere and surroundings. But. This book has the most unbelievably long, convoluted sentences I've ever encountered! And one after another. I thought at first "entrant for the Bulwer-Lytton fiction contest?" (The "It was a dark and stormy night, and ..." guy.) I counted the words in several of the nearly page-long sentences. They ranged from 75 to over 110 words--in each sentence. Given that this is translated from Spanish, the original sentences may be slightly shorter. But still. I did enjoy the book after all, and the telling of what one life may have been like in Cuba at that time was fascinating. There are three other books in the Havana quartet. Doubt that I'll read them. Okay, maybe one.
L'ultima stagione di Mario Conde. Con questo volume si conclude il fatidico anno 1989 e si completa l'ultimo tassello nella tetralogia delle stagioni di Mario Conde, tenente investigativo della polizia dell'Avana. In tre giorni di sfida contro il tempo riesce a risolvere l'ennesimo caso di omicidio; recuperare tesori nascosti ed ormai perduti nell'oblio; precipitare ancora una volta in un abisso di bugie, ipocrisie, malaffari, corruzioni e tradimenti tipici della società cubana post-rivoluzionaria; festeggiare il suo compleanno con gli amici di sempre; farsi accettare le dimissioni da poliziotto. Chiuso in casa in una notte di uragano, con la compagnia di un cane recuparato dai rifiuti, si dedica alla stesura della storia squallida e commovente che aveva sempre desiderato scrivere: si intitolerà Passato perfecto ;-)
PAISAJE DE OTOÑO Escrito por Leonardo Padura Escritor Cubano Publicado en el año 1988 260 páginas Editorial Tusquets
Cuándo se habla de novela policiaca, si nos referimos a los autores clásicos podemos pensar en el británico, Sir Arthur Conan Doyle con su detective Sherlock Holmes; en la británica, Aghata Christie con muchas de sus reconocidas novelas, entre ellas: el Asesinato de Roger Ackroyd, Asesinato en el Oriente Express, Diez Negritos, etc; en el belga, George Simenon con la saga de su Comisario Maigret; colecciones famosas más recientes como las del sueco, Stieg Larsson, con su saga Millennium, donde brilla la investigadora Lisbeth Salander.
Hago este recuento de escritores y literatura policiaca porque todos terminan teniendo algo en común, que casi le da al género un código de escenarios para sus crímenes por resolver, y es precisamente el gris de fondo, la nieve, la lluvia y el frío de sus paisajes, que le retrata un ambiente álgido propicio para atender al llamado de la justicia y deliberar al calor de una chimenea en un viejo castillo o antigua casa de acaudaladas familias europeas que contratan si es el caso al famoso detective de turno, que por cierto a falta de artilugios novedosos tipo Batman, terminan siendo un prototipo de héroe muy brillante y casi con total ausencia de defectos.
El caso del presente libro, se sale de ese formato al que tan acostumbrados nos tienen, y trasladan la necesidad de resolución del misterio al trópico, con todo su abrasador sol y en los zapatos sucios, gastados y diariamente caminados del detective cubano Mario Conde, busca atender a través de sus intuiciones, su sed de ron, de cigarro y habano, el deber de encontrar una luz que dilucide la maraña que representa el misterio que ponen a su encargo, logrando salir avante en medio de una sociedad tan única como la cubana, inmersa en ese fantasma de la opulencia que ostentó y en muchos casos, al filo de la nostalgia y el recuerdo, no dejar de serlo, porque la riqueza, más que un valor material y táctil, siguió siendo ese tesoro idiosincrático del ser que nunca les arrebataron.
La novela “Paisaje de Otoño”, pertenece a una tetralogía llamada “Las Cuatro Estaciones”, de la cual éste es el cuarto libro, cierra un primer ciclo de las aventuras del Teniente Detective Mario Conde, y rescato (aún sin leer los 3 primeros), que ya teniendo un antecedente en el cual se desarrolla y consolida el personaje, centre el inicio de esta novela, (por lo menos en sus primeras 35 páginas) en describir a su protagonista desde su tragedia personal, su fragilidad como ser humano, evidenciando cómo en la madurez de su vida, voltea a su pasado y casi puede verse como un fracaso, inmerso en el alcohol como ventana de luz y porvenir, hasta terminar en el escusado teniendo una conversación afligida con su propio pito, excusando burlas de sus amigos por pichi corto, festejando y levantando los hombros mentales de la no importancia como decía él, por reconocerle que se desempeñó eficazmente en sus combates eróticos binarios o unitarios, como decía él.
De igual forma celebro su final, cerrando el ciclo policiaco aún a falta de 28 páginas para concluir el libro; se enfoca, como al inicio en Mario Conde, explorando esos recursos de la novela negra, en donde desnuda ese personaje perturbado que va en busca de la verdad, en descifrarse a sí mismo como hombre, realidad y porvenir, en cuestionar su camino y en tener la fuerza para dejarlo y seguir uno nuevo que le lleve a sus pasiones y lo aleje de ese destino ideal que se esperaba de él.
La ambientación de la novela tiene unos tintes locativos bastante nostálgicos y entrañables de la querida ciudad de La Habana en Cuba, esas remembranzas a caminar por el Vedado; viajar en la Guagua o compartir un Almendrón para ir a la Habana Vieja; ir a dialogar por el malecón o comerse un helado y dónde más sino en Coppelia; tener la certeza de seguir en el mundo porque suena el cañonazo en la bahía que te indica que son las 9 de la noche, y te da esa sensación romántica de protección al saberse que se cierran las murallas y el puerto del acceso marítimo de terribles piratas y corsarios; es justo allí donde sucede esta novela, donde se difumina el crimen entre rones y humo de habanos. Sólo por eso la recomendaría, pero en realidad es muy buena en su totalidad, contiene diálogos tan bellos, como esa disertación del Doctor Alfonso Forcade (padre de la víctima) y Botánico de profesión, por allá entre las páginas 144 y 147, sobre su pasión por el jardín de su casa y esa relación vital entre él y sus plantas, al saber que son seres vivos, y entender que la vida en sí genera espiritualidad y conexión, son palabras tan lindas que muestran que la belleza y el deber pueden ir juntos en algunas disciplinas de la vida como decía él y como era su particular caso de profesión y pasión vital. Relatos que me recuerdan lo que dice mi madre sobre las plantas, que para que crezcan sanas y vigorosas hay que hablarles y contemplarlas, y seguro estoy de que razón tiene…
Para quién desee acercarse más a este escritor cubano y su obra de una forma diferente, estos 4 primeros libros de la serie “Mario Conde”, tienen una adaptación cinematográfica en la cual, los guiones fueron escritos por el propio novelista y su esposa (escritos a través de un proceso doloroso, ya que de-construir su obra para adaptarla a un guion le representó un dolor que aseguró no podemos imaginar), una mini serie de 4 capítulos con una duración de 90 minutos aproximadamente cada uno disponible en Netflix; y en palabras de Padura, las películas son una traslación, una adaptación del espíritu de las novelas y de la esencia de la historia, pero no son las novelas.
Como novela policíaca es el que menos me gustó de los libros de Mario Conde hasta el momento, pero es el que más se atreve a criticar al sistema cubano que se convirtió en lo que derrocó, solamente que ahora centraliza a la repartición de privilegios desde el régimen.
Nunca se hace alusión a algún personaje específico, pero conforme ha ido avanzando la serie de Mario Conde, se parece más a Padura y muestra cada vez más la inconformidad del autor con la realidad cubana.
Mantiene la calidad literaria, los eufemismos, los ciclos y logra transmitir las pobrezas humanas de su personaje, pero arropado de sus amigos que le dan sentido a su vida.