“Los libros se inclinan hacia lo definitivo y, comparados con la conversación, salen debiendo”, dice Isabel Zapata, y es difícil no estar de acuerdo, aunque después de leer este libro, su libro, prevalece la sensación de que estamos aún en plena sobremesa, con unas cuantas horas por delante para seguir practicando el deporte vertiginoso y sensato de matar el tiempo. Sus frases fluyen con una soltura infrecuente, personalísima. Cita mucho pero nos pilla volando bajo, casi no nos damos cuenta de sus énfasis, porque cada frase ajena surge con la naturalidad de un comentario al paso. La literatura tiene que quedarse un rato largo en la vida para volver a ser literatura.
Aunque cada uno de estos ensayos surge de una obsesión y apunta con claridad a un tema, ella siempre consigue sobrevolar lo expositivo o lo informativo. Disuelve sus propias certezas, se mira mirar, prueba. No le teme a la parálisis, ni a la tristeza, ni a la incertidumbre; no las evita. Este libro, aunque no lo parezca, aunque no quiera parecerlo, proviene de una serie de enfrentamientos radicales. Bueno, tampoco lo sé. Lo supongo. Imagino a la autora escribiendo de a poco, para entender lo que pensaba, o para descubrirlo.
Estos ensayos nos interpelan, a veces de forma directa, otras veces veladamente, como con una amabilidad tácita. Otra manera de decirlo: dan ganas de contestarle a este libro. Con monosílabos, con silencio cómplice, o con frases largas, tartamudas y agradecidas.
Creo que descubrí mi género favorito: ensayos con vestigios biográficos y múltiples referencias literarias y de la cultura en general. Me recuerda mucho el ejercicio que hago con mi propio newsletter hace 3 años. En tiempos de velocidades absurdas de lo cotidiano, celebro la lucidez para el ejercicio reflexivo sobre lo que nos atraviesa todo los días: detenerse, ver que pasa si enfocamos de una manera distinta, qué cosas se borronean y cuales se vuelven más nítidas y evidentes. Lo recomiendo mucho.
Isabel Zapata habla en estos ensayos sobre bibliotecas, sobre madres, sobre el silencio, sobre leer en voz alta, sobre la voracidad con la que a veces necesitamos marcar los libros. Como dice Alejandro Zambra en el prólogo, “dan ganas de contestarle a este libro”. Dan ganas de que este libro sea una conversación que dure mucho tiempo.
“todas las albercas llenas se parecen unas a otras, pero cada alberca vacía está vacía a su manera”. así no más, isabel zapata y yo tenemos una fijación con las piscinas no lo puedo creer pikachu impactado. (el libro es mucho más que esto y a veces es la simple vida misma).
"- La palabra fotografía viene del griego phôs, luz, y graf, escribir, rayar, dibujar. Tomar una fotografía es escribir con luz, pero la luz cambia según dónde colocamos la mirada. (...) Antes de la onda o la partícula, algunos filósofos clásicos pensaban que el ojo humano emite una luz para “sentir” aquello que mira. Otros propusieron lo inverso: que los objetos mismos proyectan un rayo luminoso que llega al ojo y los hace visibles. En un punto medio, Platón habló de un “fuego visual” que arde entre nuestros ojos y el mundo. Los objetos nos sostienen la mirada; la fotografía, en cambio, nos elude. Para recordar de veras un momento, mejor no sacar la cámara.
- El perro es un impreciso dios de los hombres, escribe Carlos Droguett en su novela Patas de perro, cuyo protagonista es un muchacho que ha nacido con unas robustas y orgullosas patas caninas. Es el animal más humano que existe y el más idealista y el que más ansía la libertad. (...) Existen seres definitivamente salvajes, dice Mary Oliver, y hay otros que están sólidamente domesticados. El tigre es salvaje, el coyote, el búho. Yo estoy domesticada, tú estás domesticado. Pero el perro vive en ambos mundos.
- Se puede migrar en espacios pequeños. Al interior de una casa, por ejemplo. (...) La casa se rompe, se construye y se vuelve a romper. Pero algo se conserva siempre, espacios que rebasan su territorio, posesiones que no es necesario meter en cajas ni rescatar del derrumbe porque son imposibles de perder. Paredes que no se desbaratan porque su estabilidad es de otra índole. Nueva definición de hogar: algo que se (re)construye todos los días. ¿Otra manera de migrar?
- Tal vez el Sócrates platónico tenía razón en su desprecio por los libros. Para él, la palabra escrita era una buena herramienta para la memoria y nada más, porque al final es solo una cosa que por sí misma no aporta nada. Los libros se inclinan hacia lo definitivo y, comparados con la conversación, salen debiendo: a ellos no podemos preguntarles nada.
- Tengo debilidad por las imágenes falsas de animales apropiándose de espacios vacíos de seres humanos: delfines en los canales de Venecia, orangutanes que aprenden a lavarse las manos, elefantes borrachos tomando la siesta en una plantación de té. Da igual que sea falso, escribe José Luis Espejo, lo importante es constatar la necesidad de las personas por reconciliarse con el mundo cuando ya no tienen idea de cómo hacerlo.
- ¿Qué dicen en cambio las albercas vacías? Tal vez su geometría eche de menos el temblor impreciso del viento sobre la superficie líquida, los cuerpos que ondulan como peces de cuatro patas, la historia que en ella se nadaba. ¿Esperan al agua o al cuerpo que la agita? Tal vez se alegran y no esperan nada. Si, como propone Vivian Abenshushan en su "Meditación sobre las albercas", la alberca llena carece de esperanza porque es perfecta, entonces la alberca vacía es pura esperanza de futuro. Es necesario estar vacía para poder volverse a llenar.
Es un libro que desafía la categorización fácil, moviéndose con fluidez entre la poesía, el ensayo y la prosa poética.
Publicado en 2019, es un ejercicio literario de introspección y reflexión sobre la muerte, la ausencia, y la forma en que el ser humano se enfrenta al duelo y la desaparición
Son una serie de textos breves, interconectados por una temática recurrente: la exploración de la desaparición desde distintas perspectivas.
No se limita a una definición convencional de la desaparición física, sino que se adentra en sus múltiples capas: la desaparición de los recuerdos, de la identidad, de las personas, e incluso de las palabras.
Cada texto es como una pequeña cápsula de reflexión, donde hace un uso exquisito del lenguaje, con un tono que es a la vez íntimo y universal.
Uno de los aspectos más notables del libro es la manera en que la autora aborda la muerte. Su enfoque es más filosófico y contemplativo. A través de sus palabras, la muerte se convierte en un acto cotidiano, una parte inherente del ciclo de la vida, que debe ser aceptada y entendida más allá del dolor que conlleva.
Cada página se impregna de una melancolía sutil, una tristeza que resuena en el lector por su honestidad y simplicidad.
Isabel utiliza un lenguaje preciso y evocador para construir imágenes que permanecen en la mente del lector. Su prosa es limpia, minimalista, pero cargada de significado. Las palabras están cuidadosamente elegidas, creando una atmósfera que invita a la reflexión pausada y profunda. Este estilo es efectivo en la forma en que examina las distintas formas de desaparición, ya sea mediante la muerte de seres queridos, la pérdida de la memoria o la desaparición de un lugar en el que una vez vivimos.
También se adentra en la relación entre el lenguaje y la desaparición. Juega con la idea de que las palabras pueden desvanecerse, y que la escritura es un intento, a menudo fútil, de preservar lo efímero. Culmina en una reflexión sobre la naturaleza de la existencia y la inevitabilidad de la pérdida. Es una obra que, a pesar de su brevedad, deja una huella profunda en el lector.
Una linda opción de lectura, pequeños ensayos sobre temas variados, muchas veces como si de un libro de apuntes se tratase. Isabel Zapata pone un poco de su vida, de sus experiencias y de lo que la rodea y lee.
Un espectáculo. Lo cotidiano como chivo expiatorio para hablar de lo que está pasando dentro es de mis cosas favoritas. Mejor aún las referencias literarias. Quiero más!
Lo leí por el primer ensayo sobre la muerte de su madre y la memoria que deja en los libros que le heredan. Bellísimo y removedor. Me divertí mucho con otros ensayos. Mezcla de sus reflexiones con referencias literarias, musicales, Interespecie, culturales, y más. Entretenido.