Alejandría, siglo IV de nuestra era. La ciudad se ve sacudida por los vientos de la historia. La tradición helenística de sabiduría y razón se encuentra amenazada por el nuevo poder de la Iglesia.
Hipatia, filósofa y matemática, amada por todos en la ciudad, es la responsable de la Biblioteca, último baluarte de la ciencia. Cuando un nuevo discípulo que dice venir de tierras lejanas se presenta ante ella, la inteligente Hipatia advierte enseguida que oculta un secreto. En efecto, se trata de alguien que ha recorrido los abismos del tiempo para encontrarla... y tal vez salvarla.
Eduardo Vaquerizo, autor de Danza de tinieblas, nos ofrece una trágica historia de amor enmarcada en los últimos días del mundo clásico, a las puertas de la larga oscuridad medieval, y un relato que desafía la imaginación sobre la última batalla de la razón contra el fanatismo.
Eduardo Vaquerizo, madrileño nacido en el 1967, Ingeniero Aeroespacial por las mañanas y escritor por las tardes.
Cegado desde siempre por los cantos de sirena del fantástico en todas sus vertientes, escribe con regularidad para imitarlos. Ha publicado media docena de novelas, y unos cincuenta cuentos tanto de ciencia ficción como de fantasía, que han merecido diversos premios, entre ellos cinco Ignotus, y que han aparecido en diversas revistas y recopilaciones, tales como Artifex, Solaris, Gigamesh, Antología de la ciencia Ficción Española (Minotauro 2003), Franco, una historia alternativa (Minotauro, 2006) y Prospectivas, (Salto de Página 2012)
Sus novelas más conocidas, son Stranded (punto de lectura 2004), en colaboración con Juanmi Aguilera, Danza de Tinieblas (Minotauro 2005), finalista del Minotauro 2005, Ignotus 2005 y Xatafi-Cyberdark 2005, y La última noche de Hipatia (Alamut 2009) Ignotus 2009 y Xatafi-Cyberdark 2009.
Recientemente ha publicado Memoria de Tinieblas (Sportula 2013) dónde ahonda en el mundo steampunk y ucrónico creado en Danza de Tinieblas.
Un acercamiento distinto a Hipatia y a su historia, un tanto irregular, para mi gusto tarda demasiado en arrancar y cuando lo hace ya es demasiado tarde, pero aún así tiene un halo de misterio, de grandeza que me impide ponerle menos de un 6. ¿lo recomendaría?.. tal vez no, pero quién soy yo para recomendar nada a nadie.
Iba con la expectativa de que fuese a ser una novela histórica y es más ciencia ficción. La primera parte del laboratorio me ha aburrido y la idea está fatal explicada.
Aún así, las partes más históricas y que narran los hechos de la época son más interesantes, quitando el romance metido con calzador que no pega nada con Hipatia.
En general, me ha parecido una idea original, pero muy desaprovechada.
Como matemática, tarde o temprano tenía que acabar leyendo esta historia.
Empieza lenta, demasiado para mi gusto, alternando capítulos de una historia que aún no entiendes, con otra de la que quieres saber más y con pequeños textos cuya relevancia no entiendes hasta el final.
A pesar de ello, un poco antes de la mitad del libro, aparece al fin un personaje que lo trastoca todo. Del que quieres saber más y cuya resolución sorprende para una novela publicada en 2009. Sigo flipándo, en serio. La historia cobra un nuevo sentido. De repente parece que estoy leyendo cualquier otro libro de estos últimos años y no algo de hace más de diez.
Lo recomiendo encarecidamente si te gusta la historia o si amas a Hipatia y todo lo relacionado con ella.
3,5/5 No es lo que me esperaba de Vaquerizo, la verdad, pero tampoco me ha supuesto ningún problema. Bastante poético, con una narración fragmentada y salteada y con un arranque más bien pausado, nos cuenta una historia, la de una viajera temporal que busca poner a salvo los mayores tesoros de la Biblioteca de Alejandría (biblitotecaS) y de su Academia, que emociona y sorprende. No en su conclusión, porque pronto queda claro adónde se dirige, pero sí en el trayecto que hace para llegar allí. Me he ventilado en tres días este volumen de la biblioteca pública con el que llego a los mil libros fichados y leídos en mi Goodreads.
«Había descubierto que las otras niñas y niños no eran como ella: no leían a Catón desde los diez años, ni hablaban en griego clásico a los doce. Los otros eran raros, incomprensibles. (...) A veces, sólo a veces, la niña Marta miraba por la ventana a la lluvia o al sol del barrio amurallado y sentía que se asfixiaba, que necesitaba mojarse en la lluvia, saltar interminablemente, correr hasta que el corazón le estallase.»
¿Mi cara cuando leí ese fragmento? Llamándome Marta, habiendo estudiado Latín y Griego completamente sola en mi instituto, a puntito de empezar la carrera de Filología Clásica, sintiéndome el bicho más raro de la Tierra… wow.
Por lo demás, el libro un poco meh. Mucha ciencia ficción cuando esperaba sobre todo historicismo.