Brevedad, concisión, ingenio que fluye a borbotones, marcan la línea de estos cuarenta y nueve microrrelatos. La brevedad homenajea al idioma. Suscitan en el lector la sorpresa, la sonrisa, la placidez y el deseo de elaborar su propia historia. Claudia Andrade, rozando lo gótico, plasma en estos textos el tono profundo de una voz literaria que tiene mucho que decir.