Emilio Carrillo es un columnista inclasificable. Se desliza de seccin en seccin con habilidad de Platn a Abu Ghraib, de Leonardo a Gabriela Mistral. Algo de Sartre, Bcquer, Vctor Jara y te recuerdo Amanda. Esperar la llegada de su artculo es un acontecimiento, en la redaccin se cruzan en qu seccin publicaremos hoy a Emilio, se pregunta el personal como parte de un juego aceptado, irnico y algo estresante si nos atenemos a la capacidad del Carrillo articulista para deshacer planillos, destrozar maquetas y desubicar el artculo del hueco reservado para l. A su favor, la pulcritud del escrito, la exactitud de la extensin y la puntualidad en el envo. Todo muy britnico, como el halo perfumado y recin peinado que destila el personaje. Sus columnas tambin llegan perfumadas con el aroma de la reflexin. Le gusta pensar y se nota. Le interesa todo y no lo disimula. Juega deliberadamente a la ingenuidad calculada, que como se sabe es el menos ingenuo de los clculos. Pero todo lo hace con seny, con estilo. Es ese algo juvenil que l se reconoce y en el que se siempre parece recin salido del horno poltico cuando la realidad es que acumula trienios en el noble ejercicio de la prctica poltica.