En la tradición de los detectives de lo oculto, tenemos al doctor francés Jules de Grandin, el personaje creado por Seabury Quinn. Las aventuras de De Grandin tienen un punto en común con las del famoso Sherlock Holmes: donde este tiene a su fiel compañero, el doctor Watson, como narrador, aquel tiene al también doctor Trowbridge. Pero aquí terminan las comparaciones, ya el personaje de Quinn se aleja del personaje de Doyle tanto en el físico como en las aventuras que le suceden, que son más de estilo pulp.
‘La novia del Diablo’, la única novela que escribió Quinn dedicada a De Grandin, no tiene mucho que ver con el terror, pese a lo que pueda indicar su título. Es más bien una fantasía detectivesca y macabra de aventuras. La historia comienza con el rapto de Alice cuando está a punto de casarse, siendo De Grandin y Trowbridge testigos del hecho. Las investigaciones y la búsqueda de la joven Alice no se harán esperar. Adoradores del diablo, hombres-leopardo africanos, sectas satánicas, misas negras, sacrificios humanos, etc., como si de una película antigua de la Hammer se tratase, no dan respiro al lector. El ritmo es frenético y muy visual, sin profundizar en las descripciones psicológicas de los protagonistas, y Quinn no escatima a la hora de describir escenas atroces.
No nos engañemos, ‘La novia del Diablo’ no es alta literatura, y tampoco lo pretende. Es hija de su tiempo, y el original fue publicado en seis entregas a lo largo de 1932 en la revista Weird Tales. Es una novela de aventuras para pasar el rato, que no es poco.