"Lo único capaz de oponerse al ruido es el silencio. El silencio abre una profunda brecha en el escenario convulso y febril de nuestra vida cotidiana. Genera una oquedad, un tiempo suspendido y un espacio vacío que nos sustrae del torbellino de la actualidad. Pero, paradójicamente, esta invocación al silencio no es otra cosa que una reivindicación de la palabra. Puesto que el silencio no se opone a la palabra, de la cual es un radical aliado, sino al ruido, que es su más irreconciliable enemigo".