La primera pregunta que lanzaron los estudiantes, con cierto tono despectivo, fue ¿por qué leer fábulas? Treinta y cuatro estudiantes esperaban la respuesta en completo silencio, algo extraño en ellos. La profesora se tomó unos minutos. Está frente a “Los de Quinto”, los grandes de primaria, los que intentan averiguar qué se puede negociar y qué no. Además, ella sabe que hoy en día las niñas y los niños son un hueso duro de roer.
Pasados unos segundos, la profesora les recuerda que oír, contar o leer fábulas ha estado siempre en la vida de los seres humanos; que no ha existido maloca, palenque, bosque, montaña, selva, parque, cocina o salón de clase donde estos relatos no hayan sido compartidos, que hoy en tiempos raros las fábulas son una buena estrategia para hablar de los valores humanos, y que nombres como Esopo, Iriarte, Fedro, Fontaine, Samaniego, Juan José Arreola, Rafael Pombo, Augusto Monterroso y, por supuesto, Manuel Zapata Olivella, han estado presentes. (Ana Yuli Mosquera Becerra)
Fábulas muy divertidas que conforman una sola historia.
Un libro para niños y adultos que disfrutan ser niños, con las enseñanzas propias de las fábulas tradicionales y un mensaje importante frente al papel de varios animales, incluyendo al hombre, en la naturaleza.
Lo que más me gustó: la historia transcurre en un municipio de Colombia.