70/100.
Hace tiempo que no leía una obra teatral. En realidad, me gusta más verlas representadas que leerlas per se, aunque haya sido una experiencia magnífica. Está dividida en dos partes: la primera con un prólogo y siete escenas (llamadas cuadros) y la segunda con ocho cuadros y un epílogo.
Las bicicletas son para el verano es la historia de una familia madrileña. Tiene como telón de fondo la Guerra Civil. Es importante subrayarlo: es telón de fondo, por que lo que a pesar de que las referencias se agolpen capítulo a capítulo, se ve cómo la vida seguía de la manera que fuera en la sociedad asediada de la capital. Asimismo, hay referencias a qué ocurría en otros lugares del país que me parecieron interesantes (como, por ejemplo, Valencia).
A pesar de ser una obra en la que la ironía trágica brille por el uso de Fernando Fernán Gómez, tiene unos momentos cómicos muy acertados. Mezclando humor y tragedia, vemos personajes que apoyan al bando republicano y personajes que apoyan al bando sublevado conviviendo durante estos duros años. A pesar de esto, las consecuencias de la Guerra Civil afectan a todos y no se juzgan entre ellos.
El desarrollo de personajes me parece bestial también. En especial, los personajes de don Luis y Manolita son los que más me llamaron la atención.
Le daría un 10 si no fuera porque también he visto la película, dirigida por Jaime Chávarri. Su correlato cinematográfico me parece redondo, ya que usa la estructura circular aprovechando una de las intervenciones del epílogo.