Una leyenda caería en el tipismo del narco y el agente de aduanas, narco rebelde que se juega la vida en la mar y luego reparte en el barrio su dinero legítimo, y al cabo sería una mentira tan infamante como la del noticiero, porque el hachís no es ninguna clase de heroísmo, no es la socialización de la plusvalía sino el chaval que falta a clase, la deuda que se acaba cobrando y cinco años de prisión; y el tedio de una mañana de miércoles, la piedrecita fija en el bolsillo para cuando suene el timbre, como una campanita celeste.
Guti, Mauri, Aurora, Alberto, Bento, Valme, Aldo, Regla, Nico y muchos otros forman la tercera clase. Hijos y víctimas del lugar que formó sus caracteres, del suelo que pisan y que acaba llenando sus cabezas de ideas, que desembocan en decisiones que borran la palabra «futuro» de su vocabulario. En esta novela coral, Pablo Gutiérrez ajusta cuentas con el mito del narco y construye una historia magnética y necesaria en la narrativa de este país.
Pablo Gutiérrez (Huelva, 1978) es un escritor español. Se licenció en periodismo en Sevilla, a lo que se dedicó durante algún tiempo. Trabaja como profesor de literatura de enseñanza secundaria en un instituto de Cádiz. Escritor influido por la cultura popular y la televisión, la crítica ha destacado su lirismo relacionando su estilo con el de otros escritores de su generación, como Lara Moreno, y con otros autores anteriores, como Francisco Umbral o Montero Glez.
Un mundo (contado) que no sería a libro cerrado; esa costumbre que parece no cuajar en el mercado. Y sin embargo embarga, deja domingos diferentes, personajes para colmar los bolsillos y la buena memoria en denuncia. La narcocultura, el determinismo, el fracaso institucional, el cinismo de la buena y la mala voluntad, la espectacularización del momento antes del olvido.... La epopeya del narco y Robin Hood hecha llamas. ¿Quién más escribe de esto, quién mira ahí? Asimilación o conflicto, simple elección, dice él, que siempre está en esa segunda mitad dolorosa. Es profe. Pero aquí se cuentan ellos mismos, se contradicen, desenredan y ovillan. El parlamento en un banco de cemento.
El ritmo, el lenguaje, la polifonía. Creo que todo funciona muy bien en esta novela que consigue ser desgarradora sin la necesidad de exagerar. Se nota la angustia por la problemática del narco, pero sobre todo se aprecia el cariño, la consideración y el respeto desde el que está tratado.
Un instituto público de enseñanza secundaria en una perdida población del sur de España puede ofrecerse a priori como un espacio ideal para representar algunos de los planos (estructurales y de significado) que articulan las sociedades contemporáneas: diversidad de clases, familias, etnias, géneros, culturas. Pero si nos situamos en el terreno literario, todavía hace falta algo más: es indispensable una mirada afilada, cortante, mordaz, que rebusque bajo las apariencias y sonsaque lo que se oculta detrás de lo anecdótico, un punto de atrevimiento que huya de convenciones y lugares comunes, y sobre todo un lenguaje pulido y desvelador que reconstruya el plano imaginario que atraviesa la totalidad de las experiencias humanas; o lo que es lo mismo, una mirada puramente literaria. Y eso es precisamente lo que hace el escritor onubense Pablo Gutiérrez en su libro "La tercera clase" (La Navaja Suiza Editores, 2023): una inmersión a pulmón en uno de los barrios más degradados de una pequeña población denominada La Broa que deviene en una novela brillante e incisiva, de esas que desde las primeras líneas se sienten como un puñetazo en el estómago, como un directo a la barbilla de nuestra complacencia y nuestras ideas preconcebidas.
Llevo leyendo a Pablo Gutiérrez desde hace mucho tiempo y me satisface comprobar que no ha perdido ni un ápice de osadía a la hora de abordar sus historias. No hay conformismo en los temas que trata ni compasión por los personajes que aparecen en sus libros; eso sería engañar, engatusar al lector, darle un envoltorio tal vez agradable, estéticamente atractivo, pero sin contenido, una ocultación interesada de la verdad (de la verdad literaria, me refiero, casi la única que a día de hoy me interesa). No obstante, Gutiérrez escribe desde una posición si se quiere externa, objetiva; no juzga ni valora, no establece dogmas ni sugiere modelos: el mundo es como es y ya estaba así cuando llegamos, pero se agradece un punto de vista que esquive esas actitudes infantiloides que ponen el acento en conductas individuales que parecen surgir de la nada, producto tan solo de la mera iniciativa y la simple voluntad del actuante, y que asuma como un hecho básico que todo cuanto somos viene determinado por el contexto social/económico/familiar en el que nos desarrollamos. Somos animales sociales y de ninguna de estas dos características vamos a poder librarnos nunca. Para bien o para mal.
"La tercera clase" se construye por medio de breves monólogos que un amplio muestrario de personajes va dejando caer sobre el año en que coincidieron en el referido instituto y durante el cual un suceso terrible marcó la vida de todos ellos: la muerte de la niña Valme. Profesores, alumnos, padres, pedagogos, incluso políticos, pululan a retazos por las páginas de la novela para contarnos su experiencia particular, que como no puede ser de otra manera solo responde a la posición concreta que cada uno de ellos ocupaba en ese momento. La urbanización donde suceden los hechos, el área más deprimida de la localidad de La Broa, un (en su tiempo) moderno proyecto urbanístico degradado hasta convertirse en un suburbio de desestructuración y pobreza, es al mismo tiempo el territorio logístico de los narcos, nacidos al albur del tráfico de hachís que, lejos de someter a la población a un sistema de control y dominio, suponen un importante impulso económico a la comunidad broeña y reestructuran las relaciones de poder preestablecidas, como sucede siempre en todo espacio habitado por humanos.
En la novela no importa tanto el qué pasó sino el cómo lo vivieron cada uno de sus protagonistas. Por eso no hay héroes ni villanos; como en la vida real, todo depende del lugar que ocupas y de las opciones con las que cuentas, lo que está en tu mano y lo que deseas hacer, aunque nada hay más sencillo que elaborar excusas. El dinero fácil, la carencia de perspectivas, el trabajo alienante, la búsqueda de la comodidad, el miedo, el ansia, la codicia, el deseo, todo eso va configurándose como el motor de una serie de comportamientos de los que no resulta fácil establecer ni el porqué ni el hasta dónde, ni siquiera el para qué. No existen las verdades en la localidad de La Broa; solo hay un tiempo que toca vivir y que cada cual aborda de la mejor manera que puede y quiere.
Excelente novela, en resumen, escrita con un estilo elegante y cuidado, a la vez que desmitificador, que convierte lo que podría ser una simple crónica rural, una especie de costumbrismo posmoderno, en una extraordinaria incursión por los angostos y oscuros túneles de lo que entendemos como realidad. "La tercera clase" no es que confirme a Pablo Gutiérrez como uno de los grandes narradores actuales, porque ya lo era, sino que lo asienta en ese reducido y exquisito grupo de autores para los que la literatura ha de ser un puñetazo en la mesa, una incursión sin anclajes por los mimbres que nos construyen como individuos, una realidad con tantos recovecos y tanta enjundia que incluso desde un punto de vista científico resultaría inabordable en su totalidad, por lo que quizá no haya otra manera más efectiva de hacerlo que desde una perspectiva literaria, como lo es la mirada de Pablo Gutiérrez. Esta novela es la prueba de ello.
"Pablo Gutiérrez nos presenta una vida de lanchas, fardos y huidas de las sirenas. El reflejo del empleo básico y del horror en las palabras de cada uno de los testimonios que aparecen en La tercera clase. Todo gira en torno a esa sustancia mágica, a la dejadez de la especulación y a la realidad subjetiva, una realidad que emerge a base de golpes vitales —las desgracias, en verdad, y las pérdidas— y de monstruos íntimos. Narrar con esa personalidad pone los pelos de punta. Leer a Pablo en esta novela es vivir en La Broa, formar parte de una comunidad en desgracia, querer salir a la superficie. Cuando pasan estas cosas, la novela te hace suyo. Te asomas a la ventana cuando cierras la última página y ves la playa, los marineros y pescadores de fardos, los cuatro bloques… Y a Guti, a Aldo; y a Mauri, y a Bento. También ves a Joaquín, a Dolores. A Dámaris. A Nico. Y ves a Valme.
Acostumbrados sin darnos cuenta a que las historias estén protagonizadas por personas de clase acomodada, encontrarte con novelas como ésta, que hablan de otras realidades —en este caso los niños y niñas casi jóvenes de un barrio desfavorecido, descendientes del lumpemproletariado y sus maestros—, es una bendición, al menos para mí. La novela se desarrolla a través de breves monólogos interiores, un poco a imagen de las últimas novelas del gran Chirbes, y quizás su única debilidad sea la propia intriga con la que el autor ha querido hacer avanzar la acción. Un mecanismo que igual le ha servido para articularla de una manera más fácil, pero que la hace más inverosímil e incluso le resta interés. En cualquier caso me ha gustado mucho y me parece absolutamente recomendable si uno tiene interés en entender el mundo y el país en que el que vive.
A veces nosotros elegimos a los libros y otras ellos nos eligen a nosotros.. y así fue como un día estando en una librería de mi pueblo encontré este libro escrito por Pablo, mi profesor de literatura universal... Cómo dejarlo allí! Con esa portada tan reconocible para algunos y una premisa tan llamativa. El libro, sin duda, me encantó, la forma de narrarlo me pareció muy original y el tema en cuestión es tan real, tan duro de ver y comprender que difícilmente un libro puede hablar de este tema si no es a través de la experiencia. Recomiendo mucho este libro, te dejará dándole un pensamiento a algunas situaciones aparentemente cotidianas...
Curiosa e interesante novela que, pese a su buen hacer literario, cautiva más por lo que retrata, por el fondo político y social del asunto, que por el estilo y modo de narrar (a pesar de ser eficiente y ágil). Posiblemente por mi trabajo, funcionario en IES, me he sentido atraído por ese discurso social y educativo, de claro tono realista, en torno a esos lugares (supuestamente) marginales que tanto abundan por España.
Me han gustado mucho los libros de este autor y este estaba en la misma línea. Sin embargo, me ha sido difícil seguir la narración realizada por tantos personajes y, de hecho, he tenido que empezar el libro una segunda vez cuando llevaba algunas páginas.
Recomendable para quienes les gusta este autor y este tipo de novelas.
Muy buenos personajes estos alumnos y profesores de La Broa, y una excelente articulación del relato desde sus puntos de vista, en la notable «La tercera clase», de Pablo Gutiérrez en la @navajasuiza_ed; muy recomendable.
Pablo Gutiérrez mantiene su estilo sin complejos, se le nota cómodo escribiendo esta trama de instituto, narcotrafico,marginalidad y Sur. Perfila sus personajes y deja al lector que los complete. Novela coral, quizá con demasiadas voces. Recomiendo
Novela bien construida. Conmueve sin necesidad de estridencias. Primera obra que leo de Pablo Gutiérrez; no será la última.
A nivel personal, como profesor de secundaria, me he sentido reflejado por momentos en la percepción de cada uno de los profesores que aparecen en la obra. 4'5/5.