Extrañísimo pero vívido poemario. Frank Stanford describe bizarros eventos de su ambiente, rural, de pueblo, pero llega a parecer circense o hasta de sueños. Las imágenes son espectaculares y difíciles de olvidar.
En uno de sus poemas, el más largo y último del libro, describe cómo un borracho se corta su mano usando una motosierra, y bromea que pensó que era una guitarra. Seguidamente el protagonista, un ser tal vez aún más extraño, la usa para orinar, le habla, la pone junto a una foto de Elvis, saluda con ella a los pescadores y finalmente, cuando las moscas molestan demasiado, la guarda en el ahumador. Todo esto, de entrada insensanto e imposible, lo describe de forma hermosa, armoniosa y con un sentido de normalidad que nos hace cuestionarnos si realmente pasó.
Es difícil explicarlo, mejor léanlo