Piense en una pequeña estación de policía, prácticamente en medio de la nada de la carretera, y no muy lejos de aquí, tal vez a 50 kilómetros. Es nochebuena y la ventisca afuera envuelve cualquier sonido. Un solo faro alumbra la entrada de aquel pequeñito edificio de justicia donde se hacen las averiguaciones pertinentes. Uno de los asistentes del sheriff que hace turno, luce bastante inquieto caminando de lado a lado con café en mano. Minutos después ya más relajado, parece que pregunta algo al sujeto que interroga. —Ya me tiene harto amigo. Me ha estado diciendo lo mismo desde que lo arresté. Le voy a suplicar de nuevo, que me diga todo lo que ocurrió de inicio a fin, y es mejor que no omita ningún detalle por su bien. — ¿Qué más quiere que le cuente? Lo que importa ahora es irnos inmediatamente de ese lugar, sino será demasiado tarde…