Ocho chicos de entre diecisiete y veintidós años deciden okupar un palacete abandonado. Durante veintisiete días conviven, trabajan, comparten y desarrollan una vida en común sana y solidaria. Pronto llegará Inge, una alemana de misteriosa existencia que sembrará la discordia entre los miembros de la comunidad.
Cada día tengo más dudas acerca de quién diablos es Care Santos. Si es la misma insulsa que todas las mañanas me mira desde el espejo del baño o es esa que, de vez en cuando, hace algo que merece la atención ajena. La atención de gente de fiar, quiero decir.
Cronológicamente, ambas estamos muy puestas de acuerdo desde antiguo: más de cuarenta años ya de coincidir en todas partes: en las mismas calles, y cines y teatros y restaurantes, en aquella facultad de Derecho donde ambas nos aburrimos tanto, en la misma playa de Malgrat, en el mismo periódico barcelonés de los primeros tanteos con la palabra, en los mismos cuerpos amados, en las mismas amistades que compartimos.
Pero hay entre nosotras abismos que nos separan cada vez más: la que me mira desde el espejo nunca se atrevería a opinar, ni a levantar la voz, ni a subir al escenario. Es la que admira desde la pequeñez, y ordena por colores y tamaños sus admiraciones, se emociona con la palabra ajena y deletrea nombres a quienes sabe que jamás podrá alcanzar. Es la que teme por todo, la permanentemente hiperestésica, la acomodaticia, la que no es nunca tan feliz como entre fogones, cocinando un arroz o inventando un pastel de chocolate. Es la que cree los ojos de sus hijos poblados de pequeños milagros, la que aspira a plantar un limonero en tierra propia y verlo crecer, la que es capaz de extrañar durante años, la que entiende, tristemente, que los ideales no existen para ser cumplidos. La odiosa.
La otra es mujer de mundo y jamás se siente extraña en ninguna parte si lleva consigo un cuaderno y un amigo. Tantas veces la han seducido tierras lejanas y acentos extraños que ya no podría entenderse sin ese aprendizaje de la soledad que tanto tiene que ver con la escritura. Sabe ser incómoda y respondona, aunque no siempre lo hace. No se resigna a mirar la función desde lel patio de butacas, porque ha descubierto que en el escenario se siente como en casa. Ante el blanco del papel siempre trata de matar al padre, pero nunca sabe si lo consigue, y por eso sigue intentándolo. Apunta alto, ambiciona, trabaja, se rebela y todavía cree que hay ideas que algún día salvarán al mundo.
Las dos se hacen préstamos sin cesar, ambas están en deuda con la otra. Entre las dos, a partes iguales, han escrito algunas cosas, han salido en los periódicos, han subido a algunos escenarios. Nos odiamos. Tanto como lo hacen los que se necesitan.
Entretenido sin más. Me gusta el desarrollo de personajes, aunque hay algunos que se hacen un poco pesados. La trama es simple pero el hecho de que cada personaje narre un poco de la historia lo hace original.
Para mí este libro tiene 3 estrellas merecidas , porque tiene tanto buenas cosas como malas, asi que para mi gusto se equilibra. Por una parte me ha parecido un buen libro ya que trata un tema novedoso como es la ocupación y sus consecuencias. Además lo hace desde un punto de simpatizar con los personajes, por lo que me parece fabuloso para que los/as más jóvenes trabajen los prejuicios y desarrollen pensamiento crítico. Sin embargo para mi, sobran los romances dentro de la historia que vuelven a repetir una vez más los chicles románticos, por lo que se me hacía bastante aburrido en algunas partes. El final es totalmente inesperado, yo si que lo recomendaría para adolescentes que empiezan a salir de los tipicos libros de clichés románticos.
No pasará a la historia como el mejor libro del mundo, pero es útil para conocer de primera mano lo que atrae a los jóvenes (y no tan jóvenes) del movimiento okupa y su razón de ser. Está ambientado en una Barcelona en la que muchos hemos tenido la suerte de vivir y que dejó de existir hace muchos años, pero donde todavía existe un importante movimiento activista y libertario.
Aunque sabía del cierto que no cambiaría mi forma de pensar en relación a este tema, si que me ha servido para informarme sobre las acciones que llevan a cabo los okupas. Es una novela muy corta (de apenas 200 páginas) que cuenta la historia de una serie de chavalxs que se embarcan en la aventura de vivir de forma independiente, en este caso, okupando.
Me gustó saber que eran hechos reales y más aún leer lo que esas propias personas escribieron, así que he de decir que ha sido una buena lectura.
Lectura entretenida para profundizar más sobre el movimiento okupa y las razones que pueden tener sus integrantes para formar parte de él. Personajes muy originales, con particularidades concretas que los hacen ser muy humanos. Me gusta la claridad con la que está estructurado y la forma en la que se cuenta, jugando con la cuarta pared, esa línea fina entre algo que podría ocurrir perfectamente y una historia de ficción.
Nunca me había parado a observar el mundo de un okupa. Con este libro, Care nos lo descubre contando una història con diversos narradores-protagonistas
3,5⭐ Bastante entretenida. Me gusta la forma de escribir de esta autora, la historia es muy clara y engancha. Me parece muy original que cada personaje cuente un trozo de la historia (aunque hay un personaje que se me hizo insufrible). Un tema atípico que te enseña más sobre el movimiento okupa.