La poesía de José Watanabe demuestra que «otro realismo» es posible. En su escritura, lo objetivo y lo subjetivo borran sus perfiles rigurosos para referirnos una realidad nueva y súbita. Su forma de percibir el mundo, especialmente, la naturaleza, y el rigor de su lenguaje, lo han convertido hoy en uno de los más importantes poetas de Hispanoamérica.
Poeta y dramaturgo peruano nacido en Laredo, Trujillo en 1946. Hijo de un inmigrante japonés y una campesina de la sierra peruana, recibió la enseñanza básica en su pueblo natal, trasladándose luego a Lima donde inició estudios de Arquitectura. Después de algunos semestres interrumpió la carrera para dedicarse de lleno al ejercicio literario. Por su primera publicación, "Álbum de familia", publicada en 1971, recibió el premio Poeta joven del Perú. Su segundo libro, "El huso de la palabra", sólo apareció en 1989 y lo consagró como uno de los poetas más importantes de la poesía peruana contemporánea. Parte de su obra está contenida en publicaciones tan importantes como, "Cosas del cuerpo" 1999, "El guardián del hielo" en 2000, galardonado con el premio Lezama Lima de Casa de las Américas, "Elogio del refrenamiento" 2003, "La piedra alada" 2005 y "Banderas detrás de la niebla" 2006. Se destacó además como guionista para cine y teatro. Falleció en Lima en abril de 2007.
Imágenes poderosas, sabe trasmitir sensaciones o atmósferas sobre cosas comunes desde una perspectiva diferente. Así, la muerte de la progenitora no es enfocada dramáticamente, sino lo contrario en "Responso ante el cadáver de mi madre". Algo similar pasar en el mito del Minotauro, que también usaron Borges y Cortázar, y que se muestra melancólico en "El otro Asterión". Mis otros poemas favoritos fueron: "Orgasmo", "La fotografía", "La sangre", "La alameda de pinos", "En la calle de las compras" y "La jarra".
Los versos son sencillos y los poemas parecen tocados, en su cotidianidad, por el misterio. Cuando aparece la muerte y la extrañeza, se hacen novedosos.
Si este libro no contuviera el largo poema llamado «El otro Asterión», no sería memorable; en él la imagen de Teseo y del Minotauro coinciden con la de Cortázar en «Los Reyes».
Es joven y dice llamarse Teseo y blande su espada refulgente alrededor de ti. Vino creyendo encontrar a una fiera, ahora sabe que no lo eres. Mirando tu danza de esquivamientos comparte contigo la razón peligrosa: la vida depende de una falla en la cadencia.