Lo que más me marcó de la lectura de El ser en el mundo, de Hubert Dreyfus, fue comprender esta angustia que cada cierto tiempo nos atrapa de vértigo y hasta pavor estertóreo, manifestación plena de ese fantasma del sin sentido, de la ausencia de fundamento de lo que somos, espectro que aunque huyamos y nos escondamos en los laberintos de estar muy ocupado, lleno de problemas o lanzados al goce de los placeres extremos, ahí llega a preguntar por nosotros y recordarnos que nos tiene. Pues bien, Gilles Lipovestky, en Tiempos hipermodernos, profundiza en las diversas e infecundas argucias con que intentamos distraernos en esta era del consumo y el lujo. De una era moderna de certidumbre y optimismo por un futuro alcanzable, pasamos en los ochenta al olvido posmoderno del futuro, entregados a vivir el momento, del placer y el consumo pop. En el nuevo siglo enfrentamos nuevamente el futuro, pero ahora con desasosiego, incertidumbre y vulnerabilidad, aunque sin perder la obsesión del consumo, que ya es nuestra más verdadera realización existencial. Desde lo más suntuario a lo más espiritual, se trate de un auto, una terapia, literatura, esoterismo, religión o ciencia, sea un viaje a Disney o a Jerusalén, sea un electrónico viaje con éxtasis o uno originario con peyote, el mercado ha transformado todo en oferta comercial. Hay una escena visionaria en Hanna y sus hermanas, de Woody Allen, en que regresando a su casa, saca de una bolsa de papel un bloque de pan, una imagen holográfica de Jesucristo, mayonesa Helman, un crucifijo y algún otro alimento. Su personaje, después de haber sido amenazado por un cáncer, había decidido comenzar a buscar el sentido a su vida …en el supermercado, así rápido, instantáneo, disperso y desechable. Lipovestky mantiene una actitud descriptiva, no crítica, pero no es difícil ser capturado por un ánimo de malestar. La era de lo “hiper”, hipermoderno, hiperconsumo, es un mundo en que nos afanamos tanto por tener lo último de Fendi, Vuiton, Boss o Karam, como tener experiencias out door, en medio de los esquimales de Alaska, carta astral, mascotas, runas, decoración, terapias, espiritismo, tarot, defensa de los gorilas y, en el top, adopciones de niños africanos. Todo en un ambiente de creciente descomposición, algo huele pero muy mal, el futuro es incierto y no hay patria en que refugiarse, se evaporó junto con el estado social. Agregue familias viviendo con 500 dólares mensuales y ya estamos en problemas. El crédito es su único refugio. No es que el consumo tenga nada malo en sí mismo, sólo que, como la aspirina, si no cura del mal de fondo, su consumo prolongado termina produciendo úlcera. Prolonga el sufrimiento.