Vine buscando el origen de La Cultura y acabé encontrando el de Neuromante, a William Gibson esta novela le debió gustar una barbaridad; el personaje de Case al completo, las drogas omnipresentes, William Burroughs, los ambientes marginales, la poética de cf, todo eso está ya aquí. Incluso podría afirmarse que "The Centauri Device" es la primera y única space opera punk de la historia de la cf.
Bueno, qué dificil es siempre escribir sobre una novela de John Harrison. Hablamos de una space opera que toma el testigo donde lo dejó "The Star Virus", de Barrington Bayley, añadiéndole la importante influencia de William Burroughs y sus experimentos con la cf de obras como "Las ciudades de la noche roja", a lo que hemos de añadir la sempiterna figura de Bester revoloteando por encima de todo esto. Porque hay un hilo fundamental que recorre desde "Tigre, Tigre" a "The Centauri Device", pasando por "Nova" o la ya mencionada "The Star Virus" y es la de la figura protagonista en la space opera. Si ya Bester desechó la figura del héroe por la del antihéroe, en "The Centauri Device" el antihéroe se desecha a su vez como fantasía narcisista, sustituido por un "punk" como lo entendía Harry Callaghan, John Truck, un matao, un traficante de poca monta, un buscavidas, que, a diferencia de los héroes o antihéroes de space operas anteriores, es un personaje completamente pasivo que en su interior acogería a todos los perdedores que somos incapaces de controlar nuestras vidas, que nos definimos por lo que no queremos porque en el fondo no sabemos qué deseamos y que damos tumbos arrastrados por fuerzas y circunstancias fuera de nuestro control y de las que sólo somos capaces de huir.
John Truck es el hallazgo más interesante de "The Centauri Device", pero no el único. Por supuesto es una space opera sin glamour alguno, sin heroísmo, sin hipocresía. El espacio que nos presenta Harrison es un lugar de barrios bajos en planetas infernales, sectas enloquecidas, mundos muertos, combates en el espacio que derivan en crueles masacres, puertos espaciales en decadencia donde los cohetes son desmantelados antes de que se pudran, kitchen sink dramas en ciudades inglesas bajo la sombra de naves espaciales en descomposición... La Tierra ha exportado a la Vía Láctea su eterna historia de guerra, destrucción y exterminio, pero ya a escala planetaria, un ciclo destructivo donde tipos como John Truck se buscan la vida traficando con lo que pueden y consumiendo mucho más de lo que deben. Los seres humanos, que tanto soñábamos con salir al espacio exterior, acabamos haciendo lo de siempre y, bordeando el nihilismo, la novela acaba proponiendo la destrucción creativa a escala galáctica como única manera de limpiar el tablero.
Y pasando a cosas más prosaicas, ¿me lo he pasado bien leyendo "The Centauri Device"? Pues en general sí. Quizá sea un poquito irregular, al desenlace le falte un pelín de contundencia y el argumento no deje de ser el típico correcalles detrás de un mcguffin mientras los malos persiguen al prota, pero como suele ocurrir, no es el qué, es el cómo y The Centauri Device es extravagante, es bizarra, es imaginativa, es desagradable, goza de un retorcido sentido del humor y Harrison escribe las mejores metáforas del mundo. Y porque por una vez no es una novela de aventuras espaciales sobre adolescentes de las mil caras, ni románticos antihéroes rebeldes, es sobre nosotros, la escoria de la tierra.