Antonia tiene veintiséis años cuando se ve sola con un niño de cuatro en el cambiante Madrid de los ochenta. La suya es la historia de un viaje interior, el de una mujer que se enfrenta a la juventud y a la maternidad mientras intenta hacerse un lugar en la vida, en una ciudad y en una época de tiempo acelerado, más propicio a la confusión que a la certeza, sobre todo para alguien que ha tenido una experiencia demasiado temprana de la pérdida y de la soledad.
Lo que me queda por vivir es la crónica de un aprendizaje: cómo se logra a duras penas sobreponerse a la deslealtad; cómo el desvalimiento y la ternura de un hijo alivian la fragilidad de quien ha de hacerse fuerte para protegerlo.
Lo que me queda por vivir tiene la fuerza de las novelas que retratan un tiempo al contar unas vidas singulares, hechas por igual de desamparo e inocencia. La escritura de Elvira Lindo alcanza aquí una belleza sobrecogedora, yendo derecha al nervio de las cosas, al corazón de esas verdades sobre la experiencia que sólo puede contar la fi cción.
At the age of 12 Lindo moved to Madrid, where she studied journalism. She did not get her degree, as she began to work in television and radio as a speaker, actress and scriptwriter. Her first novel was based on one of her fictional radio characters, the madrileño boy Manolito Gafotas, who has become a classic of Spanish children's literature. Manolito is the son of a trucker and lives a humble life in the working-class quarter of Carabanchel. The character was the protagonist of several first-person novels written with a solid style that includes humour, irony and sharp social criticism.
Lindo has also written adult novels and plays; she is the screenwriter of the film La primera noche de mi vida, and collaborated with director Miguel Albadalejo on the screenplays for Manolito Gafotas and Ataque verbal. She also adapted the screenplay Plenilunio from the novel by her husband, Antonio Muñoz Molina.
Ever since her husband Muñoz Molina was appointed director of the Instituto Cervantes of New York, Lindo has lived in New York City. She often writes for the Spanish-language newspaper El País, contributing editorials, and writes freelance work for other magazines and newspapers.
In 1998 Lindo was awarded the Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil (National Award for Children's and Youth Literature) for her book Los trapos sucios de Manolito Gafotas, and she received the Biblioteca Breve (Tiny Library) Award for her adult novel Una palabra tuya.
‘A corazón abierto’ (Seix Barral, 2020) fue uno de mis cinco libros favoritos del año pasado. Su ternura, su honestidad y su belleza me dejaron con ganas de más. La narración se centraba en la historia de los padres de la autora y en su propia infancia, pero el hilo principal se terminaba en el inicio de la juventud de la protagonista. Manifesté mi ansia por saber más sobre el comienzo de la vida adulta de aquella mujer, tan llena de curiosidad y manías, que estaba destinada a convertirse en uno de los rostros más reconocibles de la cultura de nuestro país... y un alma caritativa me insistió en que acudiese a este librito de 2010 que, no sé por qué, me pasó desapercibido en su día.
Si el hilo conductor de ‘A corazón abierto’ era la relación de Elvira Lindo con su padre, el de ‘Lo que le queda por vivir’ lo es el vínculo entre el personaje de la autora y su propio hijo. Y, como es costumbre en Lindo, la historia principal es un vehículo para hablar de todo lo demás. El libro trata sobre una madre joven y divorciada en la España acelerada y cambiante de finales de los años 80, sí... pero también es una reflexión sobre los inestables vínculos familiares, sobre la nostalgia (la del pasado pero también la del presente que se imaginó y que al final no llegó), sobre encontrar el propio lugar en un mundo que parece empeñado en confundirte y tenerte dando tumbos, sobre el trabajo en los medios de comunicación y la conciencia de la modernidad, sobre los caminos que se toman y los que se han de abandonar para mantener aquella decisión.
‘Lo que me queda por vivir’ es un libro generoso y valiente. Sin tener necesidad (y pudiendo escribir historias, seguro, mucho más fáciles de contar) Lindo se muestra frágil y confusa al narrar los episodios que le llevaron a ser quien es. Habla de temas de gran calado social que, creo recordar, en 2010 no se abordaban con la misma naturalidad que ahora. Y se perdona a sí misma. Y hace un ejercicio que me parece complicadísimo: el de, desde la distancia, reconocer su inmadurez en una época en la que ya se creía (o se mostraba) madura. Me gustan los libros valientes que hablan sin tapujos. Me gusta la gente que se ensucia las manos aun pidiéndoselo ahorrar. Me gustan los libros que, como ‘Lo que me queda por vivir’, están escritos ‘A corazón abierto’.
Un libro plagado de verdades humanas que a todos nos han carcomido en algún momento. Desesperadamente sincero, sin llegar a ser hiriente. Más bien lo calificaría como una novela de confesiones reconfortantes que te recuerdan que no estás sola, que todas hemos sufrido y probablemente seguiremos sufriendo. Una historia gris pero válida, porque es el gris suyo y de nadie más. Se cuenta con la frente en alto; hasta con orgullo. Se habla al yo del pasado desde el sarcasmo que se mofa hasta de lo decadente del entorno en que se vivió, pero sin perder esa dulzura de lo verdaderamente importante y cierto.
Hay imágenes sólidas y potentes que de verdad te involucran; hay olores que te ponen a mirar tu propia vida desde el realismo y la tranquilidad; hay sentimientos contradictorios que hablan de todos los seres humanos... es como una conversación de tú a tú con una amiga que te conoce, precisamente porque se conoce a sí misma. Un libro rico en matices, para leer despacio y saborear sus ingredientes, precisamente por su sencillez y todo lo que ella implica.
Para quienes, además, nos hemos criado en una ciudad como Madrid y en un barrio como el de la protagonista, tiene cierto toque entrañable, junto con esa atmósfera tan característica de finales del siglo XX que nuestros familiares han compartido con nosotros o nos ha tocado vivir en carne propia. Esto ha hecho que, aunque muchas de las vivencias que narra la protagonista yo no las haya vivido, no pudiera evitar sentirme identificada (entre otras cosas, por esa cercanía y carisma con que se cuenta esta historia).
De Elvira Lindo, entre otras cosas, resalto la facilidad con la que habla de la complejidad humana a través del desparpajo y la naturalidad de quien te cuenta una anécdota cualquiera. Es imposible no identificarse, no verse reflejada en algún rincón del gran espejo que es esta novela.
Ojalá pudiéramos jugar con el tiempo y las fechas, así como hace la memoria caprichosamente y como lo hace Elvira Lindo, magistralmente, en esta novela. En muchas ocasiones tuve la sensación de estar leyendo una biografía tan ajena como la de la autora pero tan real, íntima y propia como la mía. Este libro destila honestidad.
Ha dado en el clavo con la extensión de cada recuerdo y la intensidad de cada emoción; no se ha tomado más tiempo para hablar de un sentimiento que de otro. Muchas veces no te explicas como llegó a acontecer X suceso, pero aún así lo recibes con el carácter genuino e improvisado de quien simplemente vive lo que la vida le presenta, como mejor se pueda.
Las realidades, crueles en su gran mayoría, son plasmadas aquí sin miedo ni rencor; hay nostalgia, algo de dolor y mucho cariño de por medio.
Conclusión: Los otros nos salvan (de nosotros). Conclusión 2: Este es uno de esos libros a los que sabes que vas a volver, porque no te va a quedar otra.
“Dime que sabes quién fui, pienso mientras la oigo charlar con el crío, cuéntamelo por si puedo recuperarme, dime que te acuerdas, porque yo me veo en ese pasado como si contemplara la vida de otra persona. ¿Cuándo perdí el paso? No, no te puedo abrir mi corazón porque lo único que sabrías decirme es que tengo un hijo y debo comportarme. Quédatelo como te quedaste con nosotros tantas veces. Hay tardes en que no puedo bañarlo. Lleno la bañera y le dejo solo, voy de un lado a otro del piso, espero las llamadas, la suya, y hay veces en que pasamos tanto tiempo arreglando lo nuestro por teléfono que el agua del niño se queda fría.”
No puedo evitar leerlo como una novela autobiográfica. La vida de la protagonista nada tiene que ver conmigo, pero me conmueve profundamente, como si estuviera evocando recuerdos similares. Hay mucha ternura en las escenas que describe, y hay momentos difíciles. También reconozco el humor que encontré en la serie de Manolito Gafotas, he vuelto a reírme a carcajadas y es difícil encontrar eso en una novela. Y por eso quien haya disfrutado con sus novelas juveniles, debería acercarse a las que ha escrito para adultos. Se lee muy bien, no dan ganas de dejarla hasta acabarla.
Encontré este libro y “A corazón abierto” juntos en la biblioteca y no puedo haber hecho mejor cosa que leerlos consecutivamente. Parece como si ambos se complementaran para que la historia se pueda entender perfectamente. La valentía de Elvira me sorprende y no puedo más que aplaudir la manera con la que nos transmite su historia de vulnerabilidad e inmadurez. Ella termina perdonándose y reconciliándose con si misma, así como lo hacía con su padre en “A corazón abierto”
Es una carta de amor al hijo y a la maternidad. El hijo que salva a su madre del desasosiego que causó la pérdida de su propia madre. Una manera de recuperar el equilibrio. Es un libro tan honesto que duele y tan sencillo que sorprende. Me encantó.
Novela intimista escrita en primera persona donde el vínculo con su hijo, diría que es el hilo conductor de todo el libro. Me ha gustado aunque me costó un pelín arrancar. Tiene capítulos preciosos y muchas reflexiones compartidas.
"Qué difícil era y es traicionar al grupo y qué fácil ser desleal con uno mismo. La deslealtad a uno mismo no se suele advertir en el presente, se camufla de malestar, de ansiedad difusa, porque éstas son sensaciones mucho más fáciles de sobrellevar."
Me ha gustado la forma tan intimista de contar la historia, con una prosa muy bella y sentida. Más que una novela, son retazos de vida de una mujer, una madre joven, una chica independiente, una hija. Fortalezas, debilidades, amor, desamor, ilusión, desengaño. Sentimientos por un tubo aunque quizás por eso, me debería haber emocionado más de lo que lo ha hecho. Aún así, agradable lectura.
Pues literal está inspirado en la vida de la autora, un poco adornada y con detalles dramáticos supongo. Cambian los nombres del niño (su hijo Miguel) y de ella misma (Elvira), o esa sensación me dio, ya que previamente escuché el podcast presentado por Natalia Ferviu 'Que si quiero o que si tengo', al que acuden madre e hijo para charlar sobre su relación.
La historia de una mujer sacada de su contexto que intenta encajar y a la que siempre le perseguirá la sombra del padre de su hijo y lo que en si debe ser una familia: la sociedad intenta marcarle el camino contra el que se rebela. Ella no puede salir de ese bucle tóxico. El niño parece manejar la situación como si supiera lo que hay que hacer. Finalmente, me quedo con un pasaje dulce y aparentemente cotidiano, en el que ella y el niño van al cine, a altas horas de la noche de un martes. Para escapar de los problemas y aunque no esté bien visto. Sin embargo, ellos están a salvo.
La forma de escribir hace que te leas el libro en 2 mins.
2,5/5 La verdad… me esperaba bastante más, ha habido partes que me han gustado mucho, otras que me han dejado sin más, a veces conectaba con la protagonista, pero otras veces no, extraño. No sé si leeré algún libro más de Elvira Lindo, o simplemente me quedaré con el buen recuerdo de haber leído Manolito Gafotas.
Voy a ofrecer una opinión de un estudiante americano quien ha leído este libro (por eso, perdóname si hago errores durante esta crítica. Todavía estoy aprendiendo). Disfruté cómo Elvira Linda desarrolla su novela y su protagonista. A veces, los saltos en tiempo que ella hace por todo la novela son un poco confusos, pero creo que añade al aspecto honesto que esta novela tiene. Para mí, interpreto esta novela cómo una novela que ofrece la perspectiva autentica de una mujer que vive en España durante los años ochenta. Aunque las dificultades de la mujer son evidentes, Linda escribe sobre estas muy suavemente y no llama demasiada atención a estas. Ella no queja, solo comenta por su narrativa y los pensamientos de su protagonista y lo que ocurre a ella. Recomendaría la novela a alguien quien disfruta las novelas psicológicas.
«Cómo se hace para pedir ayuda, para contarle a alguien que ese desgarro interior no te deja dormir, cómo se llega a comprender que hay amores que han caducado, que prolongarlos es pudrilos, cómo aprende uno a defenderse, a tener dignidad y no desear la compañía de quien sabes de antemano que te destruye, cómo distinguir entre amor y obsesión (...)»
Ler sentimentos e vivencias é un regalo, máis se os sentes como propios, se che fan caer as lágrimas tanto de tristeza como de esperanza.
La verdad es que aunque ha habido algunas partes que sí me han llegado, la mayor parte del libro se me ha hecho muy tediosa. Me encanta cómo escribe Elvira Lindo pero no le he visto chicha a la historia. Bastante "sin más". Meh.
Delicioso, como todos los de Elvira. Si quieres empezar con la autora, te recomendaría empezar por aquí.
Temas de los que suele hablar: maternidad, adolescencia, relaciones paterno-filiales, amores, dinámicas familiares. Siempre con la misma elegancia. La leería cada día 💖
Pues no se porqué no me ha llegado. El primer capítulo bien pero poco a poco he ido perdiendo el interés. He leído cosas de ella que me han gustado mucho pero este no es el caso.
Lo empecé hace tiempo y lo había abandonado porque al principio no me conquistó. Al volverlo a retomar esta semana, me lo he leído del tirón y ha sido como si fuera otro libro o fuera otra yo.
Me gusta mucho Elvira Lindo cuando habla de su propia vida, conecté con ella en A corazón abierto y me ha vuelto a emocionar con este libro anterior. Me enamora la manera que tiene de mostrar el dolor con el lenguaje del humor. Me gustan los libros valientes donde el autor se expone, desnuda sus vulnerabilidades, me parece tan generoso con el lector que me hace sentirme escogida, como si la autora me eligiera para sus confidencias.
No es un libro trepidante ni que enganche, pero es que esta mujer escribe muy bien. En mi opinión, describe tan bien al personaje principal que solo puede ser autobiográfico, que lo mismo no, vaya usted a saber, pero qué bien escribe.
El libro tiene varias frases y reflexiones dignas de epitafio o, al menos, de apuntar en un cuaderno de frases guais, pero a mí siempre me ha dado mucha pereza eso porque siempre leo en la cama. Ahora, haberlas, haylas.
La scrittura di Elvira Lindo è in grado di trasportare il lettore in una dimensione opposta ma, allo stesso tempo, così vicina da sembrargli familiare. Lo que me queda por vivir non è solo la storia di Antonia, è la storia di tantissime donne e, nonostante sia stata scritta nel 2010, non potrebbe essere più attuale di così.
La prosa de este libro es espectacular. Me gusta leer libros tan ricos en escritura. El tema principal que es la relación de esta madre y su hijo, aún diría, la relación de esta madre con la maternidad y su vida caótica es muy conmovedora y reflexiva. Si creo que los diálogos eran demasiado densos y extensos. No es un libro ligero, pero sí poderoso.
"[...] Tú tan dulce, tan pequeño, con el huevo Kinder en la mano, buscando con la lengua el último resquicio de chocolate pegado en el plástico a pesar de que dices que te duele la barriga; tú tan inocente como el niño que se pierde en el bosque, pero sin estar solo como las criaturas abandonadas de los cuentos antiguos, sino con tu madre, tan perdida como tu, más perdida que tu, mucho más perdida que tú, tanto que se podría decir que es él, el niño, tú, el que, sin pretenderlo, la guía a ella, a mi, en la oscuridad. Él, tú, sin saberlo, el único motivo de esperanza para buscar la salida, la solución. Hansel y Greten en el bosque urbano de los ochenta; madre e hijo que, a cuenta d ela inmadurez de la madre, vuelven a ser los dos hermanos de la narración clásica, de los cuales sólo uno, la madre, yo, es consciente de que están perdidos.">>
No me gusta quemar a una autora leyendo muchos libros seguidos de ella, porque creo que la curiosidad y la ilusión se van tornando en rutina y desazón. Sin embargo, tras leer 'El otro barrio' me salté mi propia regla y aquí estamos.
Además de confirmar a Elvira como una de mis escritoras favoritas, me parece un libro precioso. Va de maternidad, amor, trabajo, alegrías, decepciones, madurez y resiliencia. Y de hijos. Y de ser hija. Muchos temas mezclados con maestría en una historia que difícilmente podrían convencerme de que no lleva algo de vida propia. Quizás disfrazada, pero presente.
Lo recomiendo, como todo lo que he leído de Elvira hasta ahora. Acompañas a Antonia recorriendo su vida, y a cambio te hace pensar en la tuya. Quizás por eso se llama 'Lo que me queda por vivir', aunque hable de su pasado.
Los primeros capítulos de 5 estrellas, perfectos, pero el resto se me ha hecho tedioso hasta tal punto que no puedo decir que el conjunto me haya gustado.
3.5 “Lo que me queda por vivir” es la historia de Antonia, una joven de 26 años que cuando su marido, Alberto, toma la decisión de irse de casa, se ve sola y con un niño de cuatro años, pero en realidad, es la propia historia de Elvira Lindo, de una época en la que recién divorciada se vio también sola con su crío.
La novela son retazos de la vida de una mujer que se enfrenta a la soledad cuando se entera, por la amante de su marido, de que éste le está siendo infiel; un marido que no termina por irse, pero que tampoco permanece a su lado. A raíz de esa ruptura, Antonia se ve empujada a descubrir quién es y qué es lo que espera de la vida en un Madrid cambiante, como fuera el de los ochenta, del que tiempo antes se había marchado. Aupada por el cariño de su hijo Gabi, al que aún debe proteger por su corta edad, pero que parece en numerosas ocasiones que fuese quien la protege a ella, Antonia consigue sobreponerse a la desolación y de mejor o peor manera seguir adelante.
En los distintos pasajes de la novela, escrita con mucha sensibilidad y desde la intimidad, la protagonista analiza la que fuera su relación y disecciona la teórica del amor juvenil:
“Cuánto se habla y se escribe sobre esos matrimonios en los que los cónyuges están aferrados a la infelicidad durante toda una vida, y qué poco de todas esas parejas jóvenes que, sin mayores lazos que una fidelidad mal entendida, se entregan dócilmente al aburrimiento de unos sábados y unos domingos larguísimos, en el banco del parque, frente al televisor, en comidas familiares, interpretando antes de tiempo al matrimonio que, a no ser que alguien se cruce por medio y lo remedie, habrán de ser; desleales precoces a sus propios deseos, olvidadizos de toda aquella fiebre que les provocó la promesa del sexo cuando aún no sabían cómo era y a la que van a renunciar mansamente por pensar que la torpeza está en ellos mismos, en su naturaleza, y que la realidad debe ser ésa y no otra, así de decepcionante, una realidad no destinada a coincidir con los sueños. O tal vez lo que ocurra es que sienten pena por el poco atractivo que le encuentran al otro y se autoconvencen de que esa compasión tiene un origen noble. Y por medio andan los amigos que, en esa edad en la que no entiendes más moral que la que te dictan tus iguales, se convierten en guardianes de una infelicidad de manera más implacable que la que en un futuro ejercerá la propia familia. Los amigos, mis amigos de entonces, acomodados en ese gregarismo que lo engullía todo, pareja, barrio y camaradas, y que señalaba cualquier signo de independencia, desde buscar pareja en otro ambiente a centrarse en una ambición personal y no compartida, como un abandono del grupo, como una traición. Qué difícil era y es traicionar al grupo y qué fácil ser desleal con uno mismo. La deslealtad a uno mismo no se suele advertir en el presente, se camufla de malestar, de ansiedad difusa, porque éstas son sensaciones mucho más fáciles de sobrellevar.” Página 50
Quedándole espacio para analizar otras relaciones con otros personajes, como el de un antiguo amigo de juventud, al que sin embargo, nunca llegó a considerar del todo interesante:
“Pero no fue posible, no cuajó, venció finalmente esa creencia tan tóxica de que sólo quien te hace sentir un poco inferior posee atractivo y es, a su vez, merecedor de cariño.” Página 53
Fragmentos como éste me conectan con ideas ya leídas en otra novela de la autora, “Algo más inesperado que la muerte”, en la que su protagonista también ama desde la admiración y me llevan a preguntarme cuánto de la autora no tendrán sus personajes.
Me gustaría preguntarle a Elvira si sigue viviendo el amor de la misma forma, si sigue creyendo que la admiración es su motor y si es fiel a esa idea o se dejó vencer por el miedo.
“Hay un mecanismo por el cual uno consigue convencerse de que lo que se tiene es lo que se desea y a él me acomodé yo algunos años”. Página 54
Para Antonia el final fue medio dulce y medio amargo. Tras un intento de suicidio conseguirá reponerse mediante visitas al psicólogo que le permitirán entender que la pérdida de su madre, tema muy presente también en la novela, le acarreó una pena enorme que hizo de su divorcio un dolor insoportable. En sus últimas páginas relata:
“Fue un final lento, no el de mi juventud, que he tenido la sensación de disfrutar mucho después, sino de aquella vejez prematura, el de aquellos años en que, incapaz de disfrutar del presente, malgastaba el tiempo esperando algo”. Página 264.
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Leí una novela en que esto se aplica. Concierne el libro reciente de Elvira Lindo, titulado “Lo que me queda por vivir”. El tema del relato es el reto necesario para sobrevivir de una mujer bastante joven, divorciada, trabajando y teniendo un niño pequeño.
La protagonista, Antonia, tiene veintiséis años cuando se ve sola con un hijo, llamado Gabi, de cuatro años en el Madrid de los ochenta. El padre Alberto la había abandonado y la había divorciado. Antonio y Gabi viven en un apartamento en el piso cuatro en un barrio remoto. Antonia tiene un puesto de locutora de radio. Como es natural con un niño que crece ocurren muchos eventos, y a causa de de la distancia pequeña entre las edades, los dichos eventos evocan recuerdos de la niñez y la juventud de la madre. El fallecimiento de su madre, cuando tenía dieciséis años, y de su abuela, cuando tenía dieciocho, ya son hechos frescos en la memoria de la protagonista. Aparte de estos, Antonia queriendo vivir conoce a unos hombres simpáticos distintamente, y cuando parece que está embarazada decide abortar. Encuentra a su amigo de juventud, Jabato, con quien se casa. Ocurra lo que ocurra, en todos los eventos Antonia quiere cuidar al hijo querido Gabi. Es él que la acompaña, le da consuelo inconscientemente y sigue siendo su testigo. Por más que la relación mutual no es equilibrada, los dos viven en un tipo de simbiosis en una situación restringida de solidad social. Durante la historia la protagonista aprende las maneras de sobrevivir por ponerse desafíos. Por eso, ¿no pudiera sonar igualmente el titulo “Lo que me quede por vivir”? Sea lo que sea, cuando tras una estancia en los Estados Unidos Antonia vuelve con su marido nuevo a España, habiendo estado separada de su hijo durante meses, le parece que él lleva ya una vida propia.
Será lógico que un tal relato contenga una mezcla de depresión y de positivismo. Creo que los sentimientos depresivos relatan la perdida, no sólo de la juventud, de la certeza social, si no también del soporte emocional de su madre y abuela. Antonia aún no tiene tiempo libre, reflejando el pasado. Por otro lado, quien a Antonia le queda por vivir es su hijo, tirándola al futuro. He conocido a unas mujeres con el mismo destino. En todos los casos el problema de sobrevivir era casi igual a la descripción en la novela, incluida la dependencia mutua entre madre e hijo. He visto la acumulación de adversidades, del tipo económico, social, familiar, de enfermedad, de vivienda, etcétera. A las madres les costaba mucho esfuerzo para descubrir sus maneras particulares de sobrevivir, especialmente porque dar ayuda concreta era casi imposible. En todos los casos el hijo era indispensable. Tuvo un papel ambiguo: de fuente de grandes restricciones para la madre y de fin para sobrevivir. El relato a mí me entregó una descripción clara de esta ambigüedad.
Un personaje entrañable, Antonia, que está saliendo a flote como puede, pasando un mal momento emocional. Madre joven de un crío de cuatro años en el momento en que su marido manda al carajo lo suyo. Frágil y valiente, perdida, moderna como hay que ser en el Madrid de los años 80, profesional con programa en la radio, y atrapada sin embargo por comportamientos que no la hacen estar orgullosa de ella misma. Decisiones que la avergüenzan, como aceptar migajas esporádicas de un amor que ni siquiera la satisface ya. Elvira Lindo escribe para enmarcar, escribe realmente bien y abordado historias y temáticas complejas, como las relaciones familiares, la salud mental, la maternidad como algo imperfecto, no idealizado, el deseo, las amistades salvadoras.
Hay una parte que me encantó, donde se aborda el papel fundamental en la infancia de la protagonista del pueblo y de una tía maravillosa, de unas calles por la que correr sin hora ni vigilancia.
Hay en esta historia mucha sinceridad y mucho lirismo, y capítulos con situaciones que no se me van a difuminar, como la de una madre con su hijo pequeño en un cine casi vacío, tarde por la noche entre semana, porque buscar el refugio de la sala oscura parecía la única solución de la adulta para impedirse contestar la llamada de teléfono de alguien que sabía que la iba a convencer y a romper de nuevo.
Acabo de descubrir, que casi sin percibirlo, Elvira Lindo se ha convertido en una de mis autoras preferidas.
Este libro, al principio no pensé que me gustara mucho debido a que sentía que no llevaba rumbo, que podría ir en cualquier dirección y la trama sería la misma. La protagonista, mamá divorciada, es una mujer independiente, exitosa, pero atormentada. La técnica narrativa no me pareció atractiva al principio. Es un monólogo de ella, en la que va narrando libremente y sin orden temporal, muchos momentos de su propia vida y la de su familia inmediata. Desde luego, la relación con su hijo ocupa un lugar especial. También resulta importante la relación con su exmarido, un amigo/examante íntimo, su padre, y su madre, y otros personajes secundarios.
Después de la mitad del libro, como lector ya me sentía totalmente familiarizado con la protagonista y su familia. Ya me sentía familia. Y en ese momento me empezó a importar realmente lo que me contaba la autora. La lectura se volvió totalmente íntima, cercana y muy conmovedora. Sientes que te van desvelando emociones profundas, que reconoces en tu propia personalidad. Se establece un nivel de entendimiento a ese grado. Por eso la lectura resulta tan emotiva.