Jump to ratings and reviews
Rate this book

Obra literaria (Nueva biblioteca colombiana de cultura)

Rate this book
Spanish

Paperback

Published January 1, 1985

Loading...
Loading...

About the author

Álvaro Mutis

130 books251 followers
Novelista y poeta colombiano. Uno de los grandes escritores hispanoamericanos contemporáneos. Autor destacado por la riqueza verbal de su producción y una característica combinación de lírica y narratividad. A lo largo de su carrera literaria ha recibido, entre otros, el Premio Xavier Villaurrutia en 1988, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1997, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 1997, el Premio Cervantes en 2001 y el Premio Internacional Neustadt de Literatura en 2002.

Ratings & Reviews

What do you think?
Rate this book

Friends & Following

Create a free account to discover what your friends think of this book!

Community Reviews

5 stars
1 (33%)
4 stars
2 (66%)
3 stars
0 (0%)
2 stars
0 (0%)
1 star
0 (0%)
Displaying 1 - 1 of 1 review
Profile Image for Nic.
51 reviews2 followers
September 6, 2026
Mutis exige lentitud. Quizás esta sea la primera lección que me deja este primer tomo: hay libros que se leen y libros a los que uno debe acostumbrarse a respirar. La poesía de Mutis pertenece a los segundos. Su universo, tan pesado en su esencia vegetal y tibia, nos acerca a un mundo donde todo parece detenido pero todo está ocurriendo: la oxidación, la enfermedad, la vejez, la pérdida, la muerte. Estos llamados "elementos del desastre", están sometidos al mundo mutisiano, indiferente como tal, que lentamente lo desgasta todo. Se perpetúan escenas en la inmensidad del cosmos y sus recintos, en esperas legendarias pero trabajadas sin descanso por la espesa y subterránea materia de la Muerte.

Hay algo destacable de toda la poesía de Mutis: el Hombre como variación de sí mismo, de un único hombre, el primero y el último. Esta ha sido mi interpretación más fecunda en sus obras. No se trata de personajes distintos; son variaciones de una misma criatura miserable, sometida a fuerzas que no comprende, y con un corazón que siente y se resiente ante dicho mundo. Este pesado mundo vegetal ni siquiera necesita rebelarse contra dicho individuo (nada más que un peón) , simplemente continúa. Sus aguas y su miel corren sin descanso, con o sin el hombre, llevando todo a su fin. El hombre sufre, recuerda, desea, enferma, viaja; pero las plantas crecen y todo lo cubren. El óxido avanza y todo lo funde. El agua sigue su curso y en cada borrasca, se borra toda huella.

Análoga a la situación del Hombre es la situación del Poema. El Poema es uno, singular, el mismo y repetido de siempre. También ya ha sido dicho, pero tendrá que decirse mucho más. La mejor paradoja de Mutis es la siguiente: la poesía no salva al hombre de su sufrimiento; solamente le permite nombrarlo. Y eso que ineficientemente, pues la palabra siempre es problemática y en el mejor de los casos, insufuciente. Todo este nombramiento tampoco confiere alivio alguno, es una herida abierta sobre la cual el hombre siempre habrá de lamentarse, y lanzar su grito lastimero. Dice Mutis: "Poesía: moneda inútil que paga pecados ajenos con falsas intenciones de dar a los hombres la esperanza. Comercio milenario de los prostíbulos". ¿Para qué, entonces? Mutis podría responder que ni siquiera se nos ha concedido el saberlo, el salirnos de nuestro papel, en el teatro de un mundo repetitivo y vacuo.

Construyendo sobre esto, podemos empezar a ver cómo en la obra de Mutis el tiempo deja de ser una línea. Pasado, presente y futuro empiezan a contaminarse. El recuerdo no es simplemente algo que ocurrió: vuelve a ocurrir eternamente. El sueño suele tener la misma consistencia que la vigilia. Podemos entender el tiempo como una variación de un mismo instante, multiforme y mutable, pero esencialmente el mismo, la misma angustia, el mismo desenlace, la misma muerte: "Es ahora, cuando el que va a morir, dice para sí: "Entonces,¿esto era? Cómo no lo supe antes, si es lo mismo de siempre. Cómo pude pensar por un momento que fuera a ser distinto. La muerte del hombre es una sola, siempre la misma." Todo esto lo logra Mutis con una evocación finísima del lenguaje, y de la sonoridad de las palabras. Los azares, trenes, páramos, y leyendas de Ultramar. Las caravanas y el Caravansary, los puertos calientes y los cafetales, el calor aplastante de un cielo tórrido, las máquinas corroídas y los objetos abandonados... Cada uno de estos elementos sometidos a la misma ley: el deterioro. Nunca es una destrucción violenta ni una catástrofe; es algo muchísimo más inquietante: una destrucción paciente. Una que no se toma afanes y está segura de su premio y su recompensa y no precisa de adelantarse a los hechos. Le basta el tiempo, lo único seguro.

Existe una reflexión final que me asalta con toda la obra de Mutis. En ella veo al niño altamente impresionable, en una noche abierta bajo los cielos tropicales del Combeima, cañón de un río portentoso y violento, frente al salvajismo del Nuevo Mundo. Un niño que quizá no pudo olvidar una tormenta, una borrasca cuyo ímpetu atraviesa magistralmente toda su obra: estampidos de madera violentamente arrancada, el curso vertiginoso de las aguas, el estruendo fatigante de la noche en su materia oculta y lechosa. Tal vez toda la obra de Mutis sea el intento imposible de volver a aquella experiencia originaria que quedó grabada en nosotros. Porque quizá toda nuestra vida no sea más que un interminable viaje de regreso hacia aquella tormenta que nunca terminamos de abandonar y habitar.
Displaying 1 - 1 of 1 review