Esta novela gráfica es, sin duda, de las que más he disfrutado del incansable dúo del comic nacional Mazzitelli/Alcatena. Conocí a Quique hace unos meses y me firmó mi ejemplar de Acero Líquido, lo que le confirió a la obra otro matiz a la hora de abordarla. Y comenzar a leerla es, justamente, perderse en un verdadero "tour de force" en el cual Eduardo Mazzitelli va elaborando y reelaborando una historia de por sí complicada, que aúna y mezcla montones de géneros, algo ciertamente no demasiado usual en el mundo del comic.
Sin duda que el género que mejor la definiría es el de fantasía oscura (aunque hay toques de ciencia ficción, terror, etc.), pero me parece tan compleja que encasillarlo en uno sería injusto. Hay ecos de la espada y brujería de Fritz Leiber y su ciclo de Lankhmar, o de Clark Ashton Smith y sus mundos perdidos. Todo el asunto de la progresiva decadencia de la realidad que rodea a los personajes y la conclusión de la historia está trazado con una maestría y un barroquismo en la pluma de Mazzitelli, realmente envidiable. Ni qué decir tiene el arte de Alcatena, al que se lo disfruta en cada viñeta, con esos colosos gigantescos con aire steampunk y esos seres extraños tan lovecraftianos, que parecen salidos de las pesadillas provocadas por la contemplación de un cuadro de El Bosco.
En fin, una de las grandes obras de la historieta argentina, por derecho propio, por fin editada en nuestro idioma. Perdérsela es perderse un viaje onírico como pocas veces dio el comic, diferente a todo lo que se hizo en el noveno arte.