Lo familiar y lo extraño
Cuando la temática de un libro está atravesada por cierta relevancia contextual, ya sea el testimonio de la segunda gran guerra o la problemática de la identidad migrante en norteamérica, existe el riesgo de contaminar la lectura con el exotismo, con el afán de juzgar la calidad literaria en aras de la denuncia o la importancia política del relato.
Así, ese spanglish del que se envanecen ciertas obras contemporáneas o la deliberada calificación de algunos libros como el espacio donde por fin los mudos cobran voz, se convierten en dudosos atributos frente al que, considero, debiese ser el principal fin de toda obra de arte: perseguir lo universalmente humano (que puede, por supuesto, estar en la diferencia) y hacerlo en un marco estético donde se persiga, sea cual sea la definición que de ella se tenga, la belleza.
Temía que Vida hubiese merecido los elogios de la crítica y un reciente premio en mi país debido a esas características, puede respirar sin miedo después del primer cuento. Patricia Engel no evita los temas de la inmigración, la nostalgia del país natal, la identidad mixta de los latinos en Estados Unidos o la discriminación provocada por el acento o el color de la piel, pero no depende narrativamente de ellos.
Sus cuentos son, en la mejor tradición de Munro, una paradoja entre lo familiar y lo extraño, donde tras cada pequeña anécdota puede sentirse latir, pausado y melancólico, el corazón de la tristeza, la búsqueda, el infinito duelo de lo humano.
En ese sentido, la esferas del amor y la muerte confluyen en "Lucho", el primer relato, y marcan la pauta reiterativa del ritmo en todos los demás. Siempre se estará hablando del amor y la muerte, de la figura taciturna de un destino inevitable cuya forma es el azar, de los aprendizajes de Sabina, personaje y narradora de todos los cuentos, y la inexorable complejización del mundo de la infancia, cada vez más lleno de vacíos, de lenguajes incomprensibles, de puntos de vista, y de belleza.
Sobre todo de belleza. Belleza en la nostalgia de una madre anhelando una tierra que la rechaza en "Madre patria", o del ejercicio de la amistad en "Refugio", "Desconsuelo" o "Vida". Belleza en el recuerdo, siempre, y en el infinito laberinto de sentimientos y anhelos que, desde Shakespeare, nos obliga a gritar entre sollozos que somos títeres del destino.
Mi cuento preferido ha sido "Lucho", me garantizó una buena entrada a la selección. Debido a la reiteración en el personaje narrador y en el tono, Vida se puede leer con velocidad de novela. Hay dos historias de amor, bien ejecutadas, eso habla bien de cualquier narrador.
Sea esta, pues, una invitación, espero poder encontrar otros textos de Engel y espero que se la siga traduciendo. Sé de una novela con la bandera colombiana en la portada, que la sociedad del espectáculo juegue a nuestro favor y baste ese detalle para tenerla pronto en las librerías del país.