Terrible. No es que esté mal escrito. A nivel formal, no hay mucho que objetarle a Trueba, pero la manera en que convirtió la vida de un personaje tan rico como Miramón en un panfleto ideológico de derecha es de verdad infame. Yo creía que hace mucho que los libros así eran editados únicamente por editoriales religiosas o apoyadas por grupos fascistoides de extrema derecha, pero por lo que se ve no: la libertad de expresión a veces permite cada cosa...
Miramón es uno de los personajes mas fascinantes de la historia de México, y quizás unos de los más incomprendidos e injustamente tratados; en eso estoy completamente de acuerdo con Trueba. Pero en su libro el señor lo convierte en poco menos que un fanático iluminado, más religioso que inteligente, capaz de ver morir a dos de sus hijos con tal de defender su honor y su fe. Pero eso no es lo peor: quizás Miramón así fue y eso es solamente una verdad histórica. La peor parte es el discurso del autor, quien al narrar los hechos, en cada página deja ver claramente su tendencia religiosa y su desprecio por los indios. Juárez (que no es para nada mi personaje favorito) es tratado prácticamente siempre como "el Indio", y sus seguidores, por el hecho de ser indios también, automáticamente calificados como revoltosos, desorganizados, poco educados, salvajes. "Indios", "salvajes" "prietos", "patarrajadas", etc., son algunas de las linduras que nos receta el señor Trueba, mientras que a los blancos y ricos los adorna con "gente decente", "gente educada", "gente de razón". En su discurso tan racista, Trueba llega incluso a meterse con el color de la piel, siendo por supuesto mucho mejor ser blanco y rubio que moreno, de pelo oscuro. Ya lo dice al referirse a Tomás Mejía, el indio seguidor de Maximiliano: "su prieto pasado" lo llevó a no poder leer un discurso. Para Trueba las palabras "prieto", "moreno" e "indio" son sinónimos de salvajismo, inferioridad, ignorancia, estupidez...
Por supuesto, los "soldados de Dios", como llama él a los ejércitos conservadores, estaban conformados únicamente por caballeros honorables y militares super capaces, a los que vencieron -supongo- porque Dios así lo quiso. Claro, convenientemente evita mencionar la traición del conservador Miguel López, que vendió a Maximiliano en Querétaro, o la del autor de la masacre de Tacubaya, el general conservador Leonardo Márquez (a quien le atribuye más méritos que al "indio" Mejía), quien prácticamente entregó la Ciudad de México a Porfirio Díaz. Eso mejor no lo mencionamos: en los "ejércitos de Dios" sólo hay gente decente.
Y la Jerarquía (así llama él a los religiosos) resultan ser poco menos que santos varones que sólo luchaban por conservar la fe de los mexicanos, y que si no ayudaron más al Imperio o a Miramón, fue porque "sus recursos estaban agotados". ¿Los recursos de la Iglesia, agotados?
Vergonzoso.