Es mi primer acercamiento a la Generación Beat formada en Estados Unidos por Allen Ginsberg, William Burroughs y Jack Kerouac en la década del cincuenta. Esta generación aborda el uso de drogas y la libertad sexual, temas centrales en Yonqui.
“Beat” significaba cansado, o abatido (beat down), Kerouac intenta darle otro sentido relacionado la palabra con "beatitud" (upbeat), aduce que el movimiento estaba atraído por las prácticas orientales de meditación. Pero, en 1958, se lo empezó a llamar "beatnik", fusión de "beat" y "Sputnik", sugiriendo la condición comunista de esta generación. Curiosamente Burroughs se anticipó a esta acusación, parodiando la parodia, en Yonqui, un personaje ridículo investiga la relación entre drogas y comunismo, tema que al protagonista le parece absurdo y al lector también, al menos a mí.
No fue fácil para Burroughs publicar Yonqui, un libro cuyo protagonista es adicto a la heroína y dice “La droga no es un estimulante. Es un modo de vivir”, lo hizo con seudónimo y su editor confesó años después que estuvo aterrado y a punto de sufrir un colapso. Fue un libro prohibido, sin embargo, no considero que haga apología de las drogas, es tanto el padecimiento del protagonista que supongo que tendría más un efecto disuasorio, si fuera que a alguien se le ocurriera leer una novela para tomar una decisión, cosa rara.
Yonqui me interesó y me gustó más de lo que imaginé, creía que iba a aburrirme pero es mucho lo que desconocía de este tema, sobre todo de los procesos de cura, y la historia está muy bien contada. Es un libro que recomiendo sin dudarlo.