¿Qué pasará después de la muerte?
Pensar en la muerte aterra, y mucho. ¿Sentiremos dolor cuando sea nuestra hora? ¿Cómo superaremos el dolor de la muerte de nuestros seres más queridos? La sociedad nos educa para mostrarnos fuertes y seguros ante cualquier adversidad, pero con la muerte estas recomendaciones no funcionan. No funcionan porque la incertidumbre de no saber qué ocurrirá después de morir puede ser desesperante. Morir significa «perderlo todo»: cuerpo, vida, relaciones, casa, trabajo, familia... todo, absolutamente todo lo perdemos. Si resultamos afectados cuando sufrimos un hurto o una traición, ¿cómo será de angustiante ser conscientes que nuestro cuerpo está a punto de perecer? En este punto es cuando las diferentes religiones dan sus hipótesis y teorías de lo que debería suceder después de la última exhalación de un ser humano. De esto es lo que trata este libro: Presentar los dogmas respecto a la vida y la muerte en los que, en este caso, creen los tibetanos.
En este libro se explica sobre los beneficios de la meditación, la forma cómo funciona el karma, la utilidad de algunos mantras, pero principalmente se enfatiza en la vida y la muerte. Tengo mis creencias firmes desde pequeño pero me gusta conocer la filosofía y espiritualidad de otras culturas del mundo. Soy curioso por naturaleza y de mente abierta, así que no me molesta leer obras que pueden ir en contra de mis creencias; pero, estoy seguro, que a muchos lectores les molestaría esta lectura por tres razones. Primero, porque el autor escribe con mucha idolatría hacia sus creencias, maestros y supuestos milagros que ha visto; segundo, porque el libro por secciones parece un catecismo sobre las creencias de los tibetanos; y tercero, porque si investigan la vida del autor, descubrirán que fue acusado de violación y otros delitos. Son tres grandes inconvenientes que pueden afectar una óptima experiencia en esta lectura.
Omitiendo esos tres aspectos de los que, obviamente estoy en desacuerdo, mencionaré que el libro tiene mensajes interesantes que pueden ayudarte a reflexionar. Por ejemplo, me gusta la crítica que realiza el autor acerca de lo mal que occidente nos prepara para morir. Según él, en el Tíbet, la muerte no la ven como su enemiga o como el fin, sino como un paso necesario para transmutar en la siguiente vida. Aquellas personas deciden vivir su muerte con aceptación, preparándose con antelación, sin temerle, y con un comportamiento muy pacífico, totalmente diferente al de nuestra cultura. Esta forma de actuar de aquellas personas te da mucho que pensar y es imposible no preguntarnos: Si todos los seres humanos nos enfermamos y morimos por igual, ¿por qué la vivimos de diferente forma? ¿Nos falta educación sobre la muerte? ¿Nos falta aprender a dejar de huirle?
Asimismo, es muy bonita la recomendación de acompañar con una buena actitud a los moribundos en sus últimos instantes de vida. Obviamente estaremos muy tristes y nos dolerá demasiado aceptar la realidad; pero, ese ser, ese moribundo, estará sufriendo mucho más que nosotros en aquel instante. Sumar a su dolor el nuestro, lo hará sufrir más. Sin querer, le haremos más daño que bien. En cambio hablarle con cariño, animarlo, darles paz, pero sobretodo escucharlo y acompañarlo ayudarán muchísimo a que ese ser enfrente ese momento de una forma más llevadera. Sin peleas, sin reclamos, sin preocupaciones. Nada de eso, solo armonía. Sinceramente, esa me parece una invitación muy bonita.
Las explicaciones sobre reencarnación, mantras, meditación y karma me han dejado satisfecho. También se incluyen algunas experiencias de «casi muerte» que me dejaron muy pensativo porque tienen mucha similitud con una vivencia que tuve cuando tenía quince días de nacido. Es un momento inolvidable porque fue el primer recuerdo de toda mi vida. Yo vi mi cuerpo en una incubadora mientras flotaba cerca de él, luego me alejé poco a poco, y resulté acompañando a mi madre en todo su trayecto hacia nuestra casa. No fue un sueño, ni tampoco una ilusión porque ese momento lo recuerdo muy vívidamente, incluso con colores. Y sé que tampoco fue un sueño porque en esos instantes comprendía todo a la perfección: Sabía quiénes eran mis padres, sus nombres y vidas; conocía el lugar donde vivía; distinguía perfectamente a cada uno de mis hermanos y primos; entendía el español como si ya lo hubiera aprendido. ¡Y solo tenía quince días de nacido, no era posible conocer esta información! Esa experiencia fue muy bonita y reveladora. Lo mejor es que, al crecer, le conté a mi madre mi experiencia, y ella corroboró, parte por parte, la veracidad de mi historia. En este libro, una experiencia como la mía es descrita como «casi muerte». Según la información de este libro, ese día yo estaba muriéndome y nadie se enteró. Esa experiencia me da la confianza y seguridad de creer en lo espiritual. Me da el impulso necesario para seguir investigando y aprendiendo sobre aquellos temas, como los que se presentan en este libro.
En resumen, una obra que no recomiendo si eres muy sensible con relación a tus creencias, o si eres demasiado escéptico sobre estos temas. Con mentalidad abierta, se disfruta la lectura. Con otra disposición, no vale la pena intentarlo.