Tirso: eclesiástico dramaturgo contemporáneo de Lope de Vega.
Y sorprendente defensor de la fuerza de la mujer.
¿Feminista? Si nos quedamos con el concepto actual, no lo sería. Sin embargo, en pleno siglo XVII, la mujer apenas tenía voz y voto, simplemente "servía" al hombre, tanto en casa como en su honor (el cual debía mantener con la honra de ella). Además de ser considerada durante siglos como la representante de los pecados, la mujer era figura del engaño y de la lujuría, entre otros.
Denigrada a representar todo lo negativo, era definida como un objeto pasivo y débil que carecía de intelecto y voluntad. Hasta que autores como Tirso reconsideraron los moldes establecidos por los clásicos latinos y griegos, esas mujeres fuertes y sabías que enfrentaban problemas, luchaban y aconsejaban, como Penélope, Antígona, Electra, Andrómaca, etc.
Será Lope quien parta ese papel pasivo e inactivo femenino, situándola en la cúspide: la mujer de armas tomar.
Gracias a la influencia que toma del teatro de Lope. Tirso, continúa con ese protagonismo femenino, creando obras como Don Gil de las Calzas verdes, en la que encontramos una temática recurrente "la pérdida de la honra" pero esta vez, vengada por la propia víctima de una forma novedosa e increíble.
Don Gil destaca, no sólo por la fuerza de su protagonista que se mueve y mueve a los demás a voluntad (demostrando una astucia e inteligencia desbordantes). Sino, también, por mencionar temas tabús como "la disparidad de amos", "los travesties", "la superstición barata" o "el duelo como solución a todo".
Hila a la perfección temas tan dispares con un léxico coloquial y una sintaxis ágil. No sólo ofrece un retrato de la época, además de situarlo en la "realidad, sino que consigue la hilaridad en situaciones de lo más tensas.
Es una obra maestra, corta pero intensa. Y sobre todo entretenida.