Acertado en ver la postproducción, que también llama “estética de la relación”, como la consecuencia inherente del arte contemporáneo. Concurro sobre todo en la conclusión de Bourriaud, que sugiere considerar tanto al autor como al receptor como, en esencia, tropos retóricos que en realidad reflejan un resquebrajamiento necesario ante la pluralidad cultural del capitalismo tardío. También está correcto en apuntar al sampling como heredero lógico del ready made duchampiano, y en el reconocer como el uso estético de la reconfiguración en el arte conceptual de los 1980s y 1990s representan una apoteosis de esta corriente artística e interpretativa del mundo post-capitalismo. Sin embargo, aun cuando hay varios puntos de enlace interesantes, el libro de Bourriaud se siente muy tenue. Dedica demasiados segmentos a meramente describir instalaciones artísticas, de manera que se siente a veces más como un catálogo de la postproducción que un planteamiento teórico sobre el mismo. Igual me parece una lectura apremiante, y de relativa facilidad pues en total me tomó poco más de 90 minutos leerlo completo. Si bien es innegable que se queda corto, también es apto en proveer las herramientas para continuar elaborando los baluartes de la “estética de la relación”.