La Revolución Cultural China: El último episodio de la tragedia comunista china, fue uno de los movimientos más extraños durante la era de posguerras, sin parangón alguno en otras sociedades de corte comunista y que supuso la persecución, encarcelamiento y muerte de cientos de miles de personas junto con la destrucción de invaluables reliquias y sitios históricos, culturales y religiosos durante casi 10 años; determinó además el futuro de China y forjó el camino que llevaría ese país a lo que es hoy en día.
Este movimiento es ampliamente explicado a través de esta monumental obra producto del trabajo conjunto del periodista, orientalista y experto en estudios regionales del lejano oriente, Roderick MacFarquhar junto con el sinólogo y profesor de estudios chinos Michael Schoenhals, quienes escribieron el que es considerado por muchos como el “libro definitivo” acerca de la Revolución Cultural. Este es un texto eminentemente académico cuyo protagonista no es realmente la narración fluida sino la exposición pormenorizada y supremamente detallada de las minucias políticas durante la década de horror y confusión que vivió China. Seremos testigos del precario estado en el que se encontraba Mao Zedong como líder y dirigente supremo de China luego de la debacle que supuso El Gran Salto Adelante y la posterior Gran Hambruna que acabaría con una cifra aproximada de 45 millones de personas.
Ante este panorama y con una obsesión patológica con el estado continúo de revolución así como ahogado en una paranoia extrema, en el verano de 1966 Mao decide lanzar la “Gran Revolución Cultural Proletaria”, movimiento que pretendía erradicar los restos de “revisionismo soviético”, “elementos burgueses” y “caminos capitalistas” al interior del Partido Comunista Chino (PCCh), así como atacar las tradiciones confucionistas y los rezagos de “feudalismo” que aún permeaban la sociedad china. Sin embargo, esta sólo fue la excusa para desatar una de las purgas más grandes y violentas al interior del PCCh, liberando además a los canes de la violencia irracional, la brutalidad, la represión y la destrucción a lo largo de toda China a manos de los llamados “Guardias Rojos”, compuestos en su inmensa mayoría por jóvenes bachilleres y universitarios quienes respondieron al llamado de Mao para “destruir a los cuatro viejos”: viejas costumbres, ideas, cultura y hábitos, lo que supuso cientos de miles de asesinatos, abusos, humillaciones públicas, torturas, detenciones forzadas y destrucción de reliquias históricas, como la profanación de las tumbas de varios emperadores de la dinastía Ming. Un vorágine de caos y desgracia que llevaría al punto más alto y extremo del culto a la personalidad de Mao y al maoísmo como doctrina política irrebatible, así como al perfeccionamiento de la técnica de manipulación de masas a través de la propaganda (al mejor estilo de Goebbels) y la movilización de grandes grupos humanos en pos de la voluntad del líder.
El movimiento terminaría paralizando China tanto en lo económico como en lo social, desgastando además la propia imagen de Mao, quien absolutamente enfermo y paralizado muere en septiembre de 1976, con lo que se da por cerrado el capítulo de la Revolución Cultural y se inicia el de la lucha por la sucesión en el poder entre la viuda de Mao, Jiang Qing (protagonista, instigadora y cerebro detrás de las purgas en la Revolución Cultural) y su radical grupo de izquierda “Banda de los Cuatro” por un lado, y Deng Xiaoping por el otro, quien abogaba por reformas estructurales a la economía. Resultando victorioso este último, el caos, el asesinato y la represión de la Revolución Cultural, llevaron a China y al PCCh a abandonar la versión de país que Mao quiso imponer en la última década de su vida, hacia el tren de modernización y economía de mercado de estilo occidental que se había probado tan efectiva en sitios como Taiwán y Japón. Esa fue la gran ironía de la historia y el resultado innegable de años de sangre y destrucción.
“Mao’s Last Rvolution” puede leerse casi como un thiller político lleno de intrigas, traiciones, purgas y luchas por el poder. El libro es casi que un material de consulta obligado sobre el tema y referencia ineludible para trabajos posteriores. Si bien es cierto que el aspecto narrativo no es lo que más destaca aquí y que el lector no sólo requiere un conocimiento previo de la historia de la China comunista antes de 1966, además el detalle, la cantidad de tramas paralelas y nombres que van apareciendo a lo largo del relato, pueden llegar a pasmarlo y desanimarlo para arribar al final del texto. Aún así es una lectura obligada para todo aquel que desee conocer a fondo el último capítulo de la sangrienta historia de China en el siglo XX.