“Me imagino a las familias alrededor de las mesas, preparadas para cenar, con los hogares encendidos y los leños quemándose en su felicidad. Pero no para mí: yo estoy, desde hace meses, hundido en el ocio.”
Andrés Stella no le encuentra la vuelta a su existencia y se deja caer en el ocio: comer, dormir, escuchar música, vagabundear. La solución sería trabajar, pero no tiene ánimo para eso. Vive con su padre y su hermano, aunque desde que murió la madre están tan cerca uno del otro como los planetas. Se engancha a vender droga con un amigo, y quedan sujetos a los vaivenes anímicos propios del negocio: euforia, ansiedad, paranoia. Nada parece llenar el vacío que dejó la madre con su partida y que transformó a Andrés en “una biología que no tiene rumbo”.
En la literatura de Fabián Casas hay una honestidad y una intensidad que sólo se pueden atribuir a la más pura vocación de contar. El lector, contagiado, quiere seguir leyendo, y al terminar sabe que es posible que vuelva a encontrar a esos personajes en otro libro o en la vida.
Con esta nueva edición de Ocio, Emecé se complace en poner a disposición del público una obra fundamental en la producción de uno de los grandes escritores argentinos contemporáneos.
Poeta, narrador, ensayista y periodista argentino nacido en el barrio porteño de Boedo. Estudió Filosofía. Dirigió la revista de poesía 18 Whiskys, que tuvo una amplia repercusión en el ambiente literario porteño.
En 2007 recibió en Alemania el Premio Anna Seghers por «poseer una lírica extraordinaria y ser su obra una fuente de inspiración para los autores de América Latina». Ocio, la película basada en la novela, dirigida por Alejandro Lingenti y Juan Villegas, fue presentada en el Festival de Berlín con excelentes críticas.
Elegido en 2011 por la Feria del Libro de Guadalajara como uno de los autores que garantizan el relevo de los grandes escritores latinoamericanos del siglo XX.
“Me quede callado y me puse a pensar. Cuando me quedo callado, automáticamente me pongo a pensar” … ese pensar, como si así no te pudieran ver. Pero lo que todos ven es que estás ausente. Me gusto pero es re depre.
“(...) yo estoy, desde hace meses, hundido en el ocio. Como, cago, duermo; soy una biología que no tiene rumbo”
La la novela de Fabián Casas puede leerse desde la tradición de la Bildungsroman, en el cual las obras tienen como tema principal el desarrollo moral y psicológico del personaje, desde la niñez hasta la configuración de su carácter adulto. Pero el aprendizaje en esta obra es casi imperceptible, Casas trabaja con una estética del realismo donde lo real no se impone como denuncia, sino como registro de lo mínimo, es una forma contemporánea del realismo que ya no busca representar la totalidad social ni construir grandes relatos, sino registrar lo fragmentario, lo banal, lo residual. Por lo tanto el relato de aprendizaje se vuelve aquí un relato de suspensión, donde el sujeto no se forma ni se deforma: simplemente flota, y esta deriva puede leerse como una respuesta contemporánea a la imposibilidad de construir un proyecto vital en un mundo saturado de estímulos pero vacío de sentido. Por lo tanto, “Ocio”, se instala en el desencanto post-utópico: no hay proyecto, no hay horizonte, no hay épica, es un realismo despolitizado en apariencia, pero profundamente crítico en su retrato de la precariedad afectiva y existencial. El lenguaje acompaña esta estética: frases cortas, tono lacónico, humor seco, una sintaxis que evita la intensidad emocional. Casas construye así una poética del desgaste, del tedio, del sinsentido, el relato no está estructurado por un conflicto que se resuelve, sino por una deriva existencial donde el tiempo se aplana y el sujeto se diluye.
La obra propone una crítica a una sociedad que ha vaciado de sentido las instituciones tradicionales de formación: la familia, el trabajo, la escuela. Andrés vive con su padre y su hermano, pero el vínculo está roto; no estudia, no trabaja, no proyecta, su única actividad es el vagabundeo, el consumo, el trapicheo ocasional. Aunque pareciera que existe un abandono de la trama, que tal vez no hay historia, que se utiliza un registro plano, lo que leemos no es solo un registro de lo banal, sino una forma de representar una subjetividad contemporánea marcada por la precariedad afectiva, la disolución de los vínculos y la imposibilidad de proyectar a futuro. La deriva de Andrés no es solo personal, sino generacional, Casas revela que incluso en la aparente inacción hay una forma de experiencia, una forma de estar en el mundo que, aunque no se traduzca en maduración o integración, sí da cuenta de una sensibilidad generacional marcada por el desencanto.