Este libro muestra como ningún otro la poética transgresora de Angélica Liddell. Una épica de la interioridad llevada al extremo, hasta desbordarlo. Por medio de un territorio inventado pero no por ello irreal, Kuxmmannsanta (un lugar donde la belleza nace de la injuria misma), la autora se despelleja y despelleja al mundo en carne viva. Lo hace desenfrenando lirisimo, brutalidad, piedad, compasión y también humor. Hace de la transgresión y la incomodidad un manifiesto artístico. «Sí, escribo. No sé escribir, pero escribo. Publicar es mi manera de guardar los secretos. Expresar los sentimientos íntimos no significa en absoluto exhibicionismo narcisista, ni mucho menos. La literatura es ese agujero en la pared de un palacio de Camboya que preservará eternamente un secreto, lo custodiará para los miles de millones de personas que jamás lo leerán. Escribir pensando en los lectores es vanidad. Desde hace tiempo trabajo en desterrar ese impedimento de mi corazón. Prefiero pensar en los que nunca leen porque me hacen más libre». «Yo canto, al igual que Carson McCullers, al artista irresponsable, al que vive en el desequilibrio, golpeando los hierros en la fragua de un más allá. […] No se han censurado solamente las conductas sino la capacidad de imaginar, de reconocer nuestro origen. Morir es nuestro origen. Si no reconocemos nuestras sombras por nosotros mismos tampoco podemos reconocerlas en una obra».
En los años ochenta Angélica Liddell Zoo, seudónimo de Catalina Angélica González Cano (Figueras, 1966), inicia su trayectoria artística como autora dramática. Tras cursar estudios de Sicología y Arte Dramático, forma en 1993 la compañía Atra Bilis en el entorno de la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid. Con ella llevará a la escena sus propios textos, iniciándose así en la dirección, la escenografía y la interpretación. Su proyección hacia la creación escénica ha seguido desarrollándose desde entonces, adquiriendo, en paralelo a su producción dramática, mayor complejidad y calidad creativa. Al mismo tiempo que ha transitado por otros géneros literarios, como la narrativa y la poesía, se ha deslizado hacia el mundo del performance y la instalación, dimensiones con las que su obra teatral está estrechamente ligada. Sus diferentes desarrollos artísticos deben entenderse como expresión a distintos niveles de un mismo mundo poético y una original personalidad creadora. Tanto su escritura dramática como su poética escénica llevan un sello peculiar que las hace fácilmente distinguibles. Sin detrimento de su diversidad, puede afirmarse una vez más el tópico de que un creador es autor de una sola obra, que se constituye como variaciones sobre una serie de temas convertidos casi en obsesiones, lo que confiere a toda su producción una sorprendente unidad y coherencia estéticas.
Un libro para almas atormentadas en el que Liddell, como Dios, manifiesta a la humanidad sus monstruos. Tan crudo como comer vísceras crudas de animales (cosa que no he probado). Un azote a la cultura elitista, a la religión católica e incluso a la moral cristiana.
Durante su lectura me resonaban ecos de Merini y Pavese, de los que Liddell se considera deudora y a los que invoca en reiteradas ocasiones a lo largo del texto. Angélica se me presenta como esa amiga a la que confesarías tus pensamientos más oscuros y retorcidos, solo que no hace falta porque ella los transcribe con palabras sin necesidad de abrir la boca. Otras veces da testimonio de actos de barbarie o discursos propios de enajenados mentales, psicópatas, pederastas o asesinos no aptos para los lectores más sensibles.
Un ladrillo con el que poder construir una capilla para consolarnos del duelo, hacernos servir de él como arma arrojadiza o bien usarlo como pisapapeles de nuestras penas interiores. Si no cura el dolor por lo menos lo anestesia.
Tot no l'he llegit perquè la Liddell ja s'ha fet una caricatura d'ella mateixa i hi ha trossos que són tant suporífers que et quedes enganxat al fang de vòmit i sang i semen i merda constant. Que pesada però que estupenda.
Lo primero que piensas al adquirir Kuxmmannsanta es... 'vale, este libro debe de ser narrativa'. Pasas las páginas, no entiendes si trata sobre la muerte de su padre o de su madre, sobre un amante o es una crítica social y Kuxmmannsanta solo es una ficción dramatizada de la sociedad actual. Vuelves a abrirlo, vuelves a darle vueltas a lo mismo. Te das cuenta de que has perdido el tiempo intentando buscarle un sentido convencional a este libro. Kuxmmansantta es la definición exacta de arte. A veces te encuentras pequeños relatos, luego salta a otra cosa, en algunos momentos parece una quimera, luego te devuelve a un universo de emocionalidad que te derrumba. En este libro Angélica Liddell hace contigo lo que quiere. Y lo peor es que lo vas a disfrutar. Mi consejo al leerla es enfrascarse en cada página, aunque la siguiente pueda tratar de otra cosa totalmente aleatoria. La forma que tiene Liddell de vivir la literatura me parece increíble.
Un libro sin piedad. Creo que a día de hoy no hay nadie haciendo algo semejante con nuestro idioma. ¿podremos escribir después de Angélica? NO SE LE PUEDE PEDIR MÁS A ALGUIEN QUE ESCRIBE.