En este libro de fulguraciones escrito y reescrito a lo largo de una vida, Luis Harss cuenta su infancia burguesa iniciada entre Chile y Bolivia, y continuada entre los Estados Unidos y el Río de la Plata, donde transcurre mayoritariamente. Uno de sus temas es la soledad del chico escritor escondido en un mundo que lo desconoce o desaprueba de él. Un descubrimiento lo es sonámbulo y recuerda sus sonambulismos, que son una manera de andar por la vida. De adolescente lleva un diario personal donde registra sus experiencias. Algunas parecen sueños pero son realidades en su vida de sonámbulo que es a su vez la vida de escritor.
Luis Harss nació en 1936 en Valparaíso, Chile, y pasó la infancia y la adolescencia en la Argentina. Ha sido profesor de letras en los Estados Unidos y ha vivido también en Guatemala, París y Londres. Ha publicado en inglés dos novelas: The Blind (1963) y The Little Men 1964). Actualmente reside en los Estados Unidos.
Cómo me gustan las casualidades literarias. Esas manifestaciones del destino que, sin que haya voluntad mediante alguna, te hacen llegar a un libro que te maravilla y que, de no haber sido por una carambola cósmica, jamás habrías leído.
Sin duda alguna, mi casualidad literaria de esta Feria del Libro de Madrid ha sido “Solamente una vez”, de Luis Harss. Un hallazgo inesperado, escondido en la pequeña —pero vibrante— caseta del Principado de Andorra, donde llegué, como tantos, arrastrado por el tirón de Trotalibros. Pues bien, a su lado se encontraba una pequeña editorial, de nombre Medusa, que presentaba tres títulos en castellano, y el de Luis Harss era uno de ellos.
Harss es un escritor misterioso. De enorme importancia, casi se podría decir que con él se delimitó y definió lo que luego se conocerá como el “Boom latinoamericano” en los sesenta del siglo pasado, gracias a su labor como crítico literario y a su libro “Los nuestros”. Es más: el propio término de “boom” parece ser una creación suya, en un artículo periodístico de 1966. Pero, además de su labor crítica y cronística, Harss era y es un enorme escritor, con un talento más que destacable y que, por motivos diversos, es prácticamente desconocido para el público general. Uno de esos motivos, por ejemplo, la costumbre de autopublicarse sin demasiado ímpetu o ambición, en vez de acudir a las editoriales tradicionales.
La editorial Medusa ha conseguido, no sin excentricidades de por medio, publicar su libro autobiográfico “Solamente una vez”, que es la lectura que reseño aquí hoy.
El resumen de la historia en cuestión es sencillo: una breve narración de la infancia y juventud del propio Harss, más o menos desde su nacimiento hasta la universidad, narrada en primera persona y con un personalísimo punto de vista. Nada extraordinario si no fuera porque la vida de Harss fue extraordinaria, al igual que extraordinario es el talento y la técnica con la que se escribieron estas páginas.
Nacido en Chile en una familia acomodada de raíces europeas, el empleo diplomático de su padre, primero, y la huida de su madre para vivir con el que será su padrastro, un comercial danés empleado por una naviera, harán del niño Harss un trotamundos, que saltará entre diferentes países (Chile, Bolivia, Estados Unidos, Paraguay, Argentina…) y se verá abocado a manejarse entre los choques culturales que provocaron tanto esos traslados como su muy diversa y caótica familia. En medio de ese caos cultural, lingüístico y emocional, Harss irá creciendo, demostrando ser un chico de enorme sensibilidad y capacidad de observación.
Una colección de personajes inolvidables; un protagonista extraordinario que trascribe su propia realidad con talento literario desmedido; una biografía desbordante y novelesca; y, sobre todo, un grandísimo libro, escrito de maravilla. Tiene estilo, tiene ritmo, emociona, divierte y acompaña.
Aunque pueda parecer que está escrito con sencillez, bajo esa capa de facilidad se esconde un texto muy trabajado y donde se acumulan referencias y acervo literario, pudiendo olerse nombres tan ilustres como Cortázar o Rulfo, y le he encontrado paralelismos claros con obras inmortales como “La piel”, de Curzio Malaparte, o “Los mutilados”, de Hermann Ungar. Hay una forma especial de percibir la realidad en esos autores, de asistir a lo doloroso con un tono tragicómico, que me ha resonado mucho en Harss.
Un libro enorme de uno de los últimos supervivientes de una generación literaria irrepetible. Espero sinceramente que esta sea la primera piedra de un mejor conocimiento en nuestro país de un autor que merece mucho más de lo que ha recibido, e incluso de lo que él mismo ha sido capaz de darse.